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La Historia
con mayúscula se compone
de pequeñas y grandes
historias, hilvanadas
entre sí, para poder
entender en toda su
complejidad una época
dada. Las historias que
duermen en la memoria de
los que vivieron una
época son parte
inseparable de la
historia mayor, pues la
vida cotidiana de cada
cual es también la vida
cotidiana de una
sociedad y de su tiempo.
El libro que tenemos
ahora en nuestras manos
—cuyo título ya es una
incitación a su lectura—
contiene un ejercicio de
memoria histórica,
indispensable para
colaborar en la
recuperación de la
memoria colectiva de
aquellos años tan duros
y difíciles que
constituyeron la Guerra
Civil Española. Las
entrevistas a las que
fueron sometidos los
testimoniantes de esta
historia son una forma
de recuperación de la
memoria viva. Y los
entrevistados reflejan
que esa etapa de su vida
es aún una herida
abierta que creían
pasada, pero que se ha
removido profundamente
al tener que
rememorarla.
Ya se han publicado
otras historias de
familias, las cuales
también se vieron
expuestas a los mismos
dolores y desarraigos
como resultado de estos
mismos hechos históricos
de la década de los 30
del siglo XX en España.
Pero, aún siendo el
mismo hecho histórico,
cada familia tiene su
propia historia, algunas
veces igual y otras,
diferente. Conocer estas
historias de vida es lo
que facilita acercarnos
a esos años que no
pueden dejarse en el
olvido, no solamente
para hacer justicia a
todos aquellos que los
padecieron, sino también
para que sirvan de
ejemplo en nuestro
presente, y para el
futuro que todos
quisiéramos que fuese
mejor.
La Guerra Civil Española
ocurrida entre el 18 de
julio de 1936 y el 1ro.
de abril de 1939 fue el
antecedente directo de
la Segunda Guerra
Mundial que se desató en
1939 y terminó en 1945.
En esta última, se
unieron las fuerzas
democráticas del mundo
para derrotar al
fascismo internacional.
El propósito de los
militares que desataron
la Guerra Civil en
España era derrotar a la
Segunda República
proclamada el 14 de
abril de 1931. La
República había
constituido la esperanza
de amplios sectores de
la población,
especialmente aquellos
que aspiraban a una
sociedad más justa. La
República aprobó una
constitución
democrática. Separó la
Iglesia Católica del
Estado, permitiendo
todos los cultos
religiosos, le dio el
voto a la mujer y
derechos que aún no
tenía, aprobó el
divorcio y comenzó a
aplicar una Ley de
Reforma Agraria. Era un
gran paso de avance
hacia la democracia en
España
En esos años 30 del
siglo XX, el fascismo a
nivel mundial avanzaba
en varios países de
Europa, y los sectores
mas conservadores de la
sociedad española veían
con simpatía la
ideología fascista. Como
no pudieron acabar con
la República en las
urnas, los militares se
lanzaron a derrotarla
por las armas, para lo
cual contaron con el
apoyo de Alemania e
Italia, los dos ejemplos
más fuertes del fascismo
internacional.
La guerra desatada en
España fue de una
crueldad incalculable.
Como bien dice Raúl
Hernández, el autor de
este libro testimonial,
todas las guerras
afectan a la población
civil en todos los
órdenes de la vida. Y
esa vida cotidiana
destrozada es lo que
tienen de igual casi
todas las memorias que
se han escrito y las que
faltan por escribirse
acerca de los que
sufrieron aquella guerra
de España.
Pero cada familia tuvo
su propia y horrenda
experiencia. La que hoy
nos cuentan en este
libro, La casa en un
morral, acerca de la
familia Posada Medio, es
estremecedora, al mismo
tiempo que edificante.
Si bien es cierto que
aquellos seres que eran
niños en tiempos de la
guerra se vieron
afectados para toda su
vida por las
experiencias sufridas,
no es menos dolorosa la
tragedia de las madres
españolas tratando de
salvar a sus hijos a
costa de sus propias
vidas. La dedicatoria
del autor a las dos
mujeres que vivieron la
odisea del exilio
inicial para defender la
vida de sus pequeños, es
esencialmente justa y
emotiva. Ellas son las
verdaderas protagonistas
de esta historia
recogida en los
recuerdos de estos
hombres y mujeres que
fueron niños en la
guerra.
Esta es la historia de
una familia asturiana
que vivía feliz en su
tierra, trabajando y
creciendo con amor. Los
recuerdos de los
protagonistas de esta
historia reflejan la
vida sana y armoniosa
del colectivo familiar y
nos hacen disfrutar de
sus andanzas y
aprendizajes infantiles.
Al producirse el
alzamiento militar, la
entonces provincia de
Asturias había
permanecido fiel a la
República, excepto la
ciudad de Oviedo, su
capital. Cuando
Francisco Franco, al
mando de las fuerzas
militares fascistas no
pudo tomar la ciudad de
Madrid, la capital de
España, lanzó una fuerte
ofensiva contra las
regiones del norte,
utilizando además del
ejército, a las tropas
mercenarias de los
moros. Era el
verano-otoño de 1937 y
por eso la familia
Posada Medio tuvo que
abandonar su natal
Villaviciosa para salir,
como muchas otras
familias, hacia otras
tierras. El padre
quedaba luchando por la
República, mientras los
embarcaba a ellos para
Francia. Era la primera
separación.
Y aquí cambia el tono de
los recuerdos de la
infancia. Las vivencias
se repiten en los
hermanos, siendo el
hambre el tema que
ninguno olvida. Ni el
nacimiento del hermano
menor, en medio de la
guerra, pues pudieron
regresar a Cataluña
donde algunas veces
veían al padre.
La salida de España a
través de los Montes
Pirineos ha sido contada
por muchos de aquellos
que se vieron obligados
a abandonar Cataluña con
la entrada de las tropas
franquistas en esa
región. Para esta
familia formada por la
madre, con un niño de
dos meses de nacido en
brazos, la tía, el
abuelo y los otros
cuatro niños, el mayor
de apenas 14 años, tiene
que haber sido aún más
difícil y doloroso de lo
que ellos mismos
cuentan. Campos de
concentración primero,
alojamientos o refugios
que costeaba el Comité
español radicado en
París, con dinero de la
República, insuficiente
para todos. Frío,
hambre, idioma extraño,
sin padre, son algunos
de los amargos recuerdos
de estos niños de la
guerra.
Después, las cartas
escritas en aquellos
difíciles momentos que
se entrecruzan padre,
madre e hijos nos hacen
vivir en presente la
realidad que
enfrentaban. La
dispersión de la familia
a causa de la guerra es
una constante en casi
todos los casos de
refugiados, y lo que más
emociona de este libro
es la lectura de las
impresiones infantiles
que ya han sentido en
sus propias carnes el
dolor de la pérdida y se
manifiestan como casi
adultos sin perder su
inocencia. Teresa, la
madre, busca a uno de
sus hijos, Paco, que por
necesidades imperiosas
de hambre real, estaba
en casa de otros
republicanos y a la hora
de la partida, no pudo
unirse a la comitiva
familiar, lo que
proporcionó un dolor
adicional a la madre.
Pero no quiero contarles
la historia, solo
incitarlos a su lectura.
Luego, el temor a la
repatriación, y el temor
a una nueva guerra que
ya todos esperaban, la
invasión de Francia por
los ejércitos de Hitler.
Las cosas se ponían cada
vez más difíciles. Con
el padre en Cuba
pensaban que podrían ir
recibiendo ayuda para
subsistir hasta su
planeado viaje a la Isla
caribeña, pero como
ellos mismos nos
cuentan, todo fue mucho
más complicado, al
extremo de tener que
regresar a España, tan
temida en aquellos días,
aunque protegidos por
papeles cubanos. Cuba
era para ellos la tierra
prometida, donde les
esperaba el padre y
donde no había guerra ni
represión.
Raúl Hernández ha sabido
combinar los recuerdos
que estos hermanos le
transmitieron y que, con
paciencia y mucho
cuidado, fue reuniendo,
con las cartas que desde
los diferentes lugares
donde estuvieron
refugiados le iban
enviando a su padre,
exiliado en Cuba. Así
nos vamos enterando de
la vida de esta familia
asturiana que pasó por
grandes sufrimientos
antes de poder llegar a
reunirse nuevamente. Sus
impresiones de la
llegada a este país son
parte integral del niño
emigrante y para mí,
especialmente, contienen
poesía dentro de su
sencillez.
Un poeta asturiano,
exiliado en México,
Alfonso Camín, escribió
acerca de las madres
españolas y su valentía,
y también escribió
acerca de los niños en
la guerra. Con este
corto verso suyo quiero
terminar mi presentación
de este libro conmovedor
y edificante a la vez,
pues esta familia supo,
aún en las más difíciles
circunstancias, educar a
sus hijos y preocuparse
por su formación. A los
lectores les recomiendo
no perderse ni una letra
de lo que aquí se ha
escrito.
Emigra el pueblo del
llano.
Va ametrallando mujeres
y niños un aeroplano.
¿Hacia dónde? A tierra
extraña.
¡Quién sabe por qué
caminos
van hoy los niños de
España!
Prólogo de la doctora
Áurea Matilde Fernández
al libro de igual
título, que presentará
el Centro Pablo en la
próxima Feria
Internacional del Libro |