La Habana. Año X.
1ro al 7 de OCTUBRE
de 2011

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Nilo Castillo
Guajiro del asfalto
Joaquín Borges-Triana • La Habana

No cabe duda: internacionalmente ha habido gran interés por el hip hop facturado por artistas cubanos. No es solo el caso de Orishas el que llama la atención de los sellos discográficos, de diversos medios de prensa y, en general, de los seguidores del mundo del rap. Prueba de ello son producciones como el recopilatorio The cuban hip hop all star (Volumen 1), publicado por la firma holandesa Papaya Records, el CD ¡Qué bolá!, de Don Dinero, editado por el sello Cuba Connection Records, y el Guajiro del asfalto, debut fonográfico de Nilo Castillo y que viera la luz a través de Chewaka, una subsidiaria de Virgin Records.

Para quienes fueron testigos o participantes del llamado Renacimiento Cubano del Arte, asociado al boom de la plástica que tuvo lugar en nuestro país durante la segunda mitad de los 80, el nombre de Nilo Castillo no ha de resultar ajeno. Él fue uno de los protagonistas de aquella movida y por mucho tiempo se le vinculó al universo de la pintura. Pero como que lo único eterno es el cambio, entre finales de 1995 o quizá a inicios de 1996, un día alguien se apareció en mi casa con un casete de Nilo titulado La hora cero y que había sido grabado en Ecuador. Lamentablemente, aquel material nunca fue editado de forma oficial y con ello se perdió un trabajo que ya apuntaba al proceso de hibridación por el que se decantara posteriormente cierta zona del hip hop nacional. Radicado luego en Alemania, hacia 1998 acomete lo que vendría a ser una segunda maqueta, denominada Coconuts, pero que tampoco sería aceptada por ningún sello discográfico. En ese período, a la par que continúa su quehacer como pintor, comienza a laborar como DJ, lo cual le proporciona la experiencia de conocer de primera mano los sonidos que más mueven al público europeo.

La suerte empieza a tocar a la puerta de Nilo MC, como por entonces fue renombrado, en 1999, fecha a partir de la cual inicia su participación en diferentes discos como el recopilatorio Radical Mestizo Vol. 2,  editado por el sello Revelde y en el que se incluye su tema “Business L.A.”, o el titulado “Peret, Rey de Rumba”, hecho por la Virgen durante el 2000 en homenaje al afamado intérprete español. Es así que en 2002 sale su ópera prima, que en ese propio año fuese nominado en la categoría de mejor álbum de hip hop en los Latin Grammy Awards. Producido por el español Juanjo Valmorisco, el fonograma es heredero de la rica tradición sonora de nuestro país, pero dicho legado se concibe de un modo renovador y por ende, se apela a la deconstrucción de antiguos patrones, por medio de constantes apropiaciones y (re)creaciones que dan como resultante un producto en absoluta sintonía con los códigos ideoestéticos de la Música Cubana Alternativa.

Por dicho camino, encontramos que el son se mezcla con la electrónica, el ragga jamaicano (“Morena de amor”), el ska (“Odisea”), el drum'n bass o el breakbeat... Cortes como "Kuba kaña" y "Viene tu amenaza" representan muestras del interés de Castillo  por la cultura de la música electrónica, tan popular en Alemania, sitio donde este artista mantiene su base de operaciones. Las recurrencias a elementos de la sonoridad contemporánea como el techno o el house, no impiden que lo cubano sea lo prevaleciente, evidenciado en el frecuente uso de samplers de autores y géneros tradicionales de nuestra música popular, en la utilización de una base rítmica en la que señorea la síncopa y en una manera de cantar muy soneada, en la que resulta decisiva la intervención de los coros, que están a cargo de Kelvis Ochoa, Boris Larramendi y Vanito Caballero. Buen ejemplo de tal estilo de trabajo se halla en las piezas “Abuelo dice”, “El puente” (un tributo a Compay Segundo) y la antes aludida “Kuba kaña”.

De algún modo, la actitud transgresora que entre nosotros signó la proyección cultural de la generación de artistas e intelectuales de los 80 se trasluce en los textos de un álbum como Guajiro del asfalto, a medio andar entre el choteo del habla cotidiana del cubano de a pie y cierta intención de carácter sociológico, claro que sin la verticalidad de antaño, pues aquí se hacen no pocas concesiones al mercado, como se puede comprobar en cortes como “Que se prenda el carro” (grabado en colaboración con Orishas) y “A-divina María”, que tienen una estructura morfológica demasiado previsible y en la cual para mi gusto se abusa de la reiteración, en aras de conectar con una mayor audiencia. En el plano de las deficiencias, también podría señalar lo relacionado con la calidad de la grabación, compensado en algo gracias a la remasterización efectuada en New York por Tony Dawsey. Pese a lo anterior, Guajiro del asfalto ubica a Nilo Castillo en la avanzada de esa nueva hornada de artistas que sin ningún tipo de prejuicios, tanto dentro como fuera de la Isla, lleva adelante la Música Cubana Alternativa.

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.