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No cabe duda:
internacionalmente ha
habido gran interés por
el hip hop facturado por
artistas cubanos. No es
solo el caso de Orishas
el que llama la atención
de los sellos
discográficos, de
diversos medios de
prensa y, en general, de
los seguidores del mundo
del rap. Prueba de ello
son producciones como el
recopilatorio The
cuban hip hop all star
(Volumen 1),
publicado por la firma
holandesa Papaya
Records, el CD ¡Qué
bolá!, de Don
Dinero, editado por el
sello Cuba Connection
Records, y el Guajiro
del asfalto, debut
fonográfico de Nilo
Castillo y que viera la
luz a través de Chewaka,
una subsidiaria de
Virgin Records.
Para quienes fueron
testigos o participantes
del llamado Renacimiento
Cubano del Arte,
asociado al boom
de la plástica que
tuvo lugar en nuestro
país durante la segunda
mitad de los 80, el
nombre de Nilo Castillo
no ha de resultar ajeno.
Él fue uno de los
protagonistas de aquella
movida y por mucho
tiempo se le vinculó al
universo de la pintura.
Pero como que lo único
eterno es el cambio,
entre finales de 1995 o
quizá a inicios de 1996,
un día alguien se
apareció en mi casa con
un casete de Nilo
titulado La hora cero
y que había sido
grabado en Ecuador.
Lamentablemente, aquel
material nunca fue
editado de forma oficial
y con ello se perdió un
trabajo que ya apuntaba
al proceso de
hibridación por el que
se decantara
posteriormente cierta
zona del hip hop
nacional. Radicado luego
en Alemania, hacia 1998
acomete lo que vendría a
ser una segunda maqueta,
denominada Coconuts,
pero que tampoco sería
aceptada por ningún
sello discográfico. En
ese período, a la par
que continúa su quehacer
como pintor, comienza a
laborar como DJ, lo cual
le proporciona la
experiencia de conocer
de primera mano los
sonidos que más mueven
al público europeo.
La suerte empieza a
tocar a la puerta de
Nilo MC, como por
entonces fue renombrado,
en 1999, fecha a partir
de la cual inicia su
participación en
diferentes discos como
el recopilatorio
Radical Mestizo Vol. 2,
editado por el sello
Revelde y en el que se
incluye su tema
“Business L.A.”, o el
titulado “Peret, Rey de
Rumba”, hecho por la
Virgen durante el 2000
en homenaje al afamado
intérprete español. Es
así que en 2002 sale su
ópera prima, que en ese
propio año fuese
nominado en la categoría
de mejor álbum de hip
hop en los Latin Grammy
Awards. Producido por el
español Juanjo
Valmorisco, el fonograma
es heredero de la rica
tradición sonora de
nuestro país, pero dicho
legado se concibe de un
modo renovador y por
ende, se apela a la
deconstrucción de
antiguos patrones, por
medio de constantes
apropiaciones y (re)creaciones
que dan como resultante
un producto en absoluta
sintonía con los códigos
ideoestéticos de la
Música Cubana
Alternativa.
Por dicho camino,
encontramos que el son
se mezcla con la
electrónica, el ragga
jamaicano (“Morena de
amor”), el ska
(“Odisea”), el drum'n
bass o el
breakbeat... Cortes
como "Kuba kaña" y
"Viene tu amenaza"
representan muestras del
interés de Castillo por
la cultura de la música
electrónica, tan popular
en Alemania, sitio donde
este artista mantiene su
base de operaciones. Las
recurrencias a elementos
de la sonoridad
contemporánea como el
techno o el house,
no impiden que lo cubano
sea lo prevaleciente,
evidenciado en el
frecuente uso de
samplers de
autores y géneros
tradicionales de nuestra
música popular, en la
utilización de una base
rítmica en la que
señorea la síncopa y en
una manera de cantar muy
soneada, en la que
resulta decisiva la
intervención de los
coros, que están a cargo
de Kelvis Ochoa, Boris
Larramendi y Vanito
Caballero. Buen ejemplo
de tal estilo de trabajo
se halla en las piezas
“Abuelo dice”, “El
puente” (un tributo a
Compay Segundo) y la
antes aludida “Kuba kaña”.
De algún modo, la
actitud transgresora que
entre nosotros signó la
proyección cultural de
la generación de
artistas e intelectuales
de los 80 se trasluce en
los textos de un álbum
como Guajiro del
asfalto, a medio
andar entre el choteo
del habla cotidiana del
cubano de a pie y cierta
intención de carácter
sociológico, claro que
sin la verticalidad de
antaño, pues aquí se
hacen no pocas
concesiones al mercado,
como se puede comprobar
en cortes como “Que se
prenda el carro”
(grabado en colaboración
con Orishas) y “A-divina
María”, que tienen una
estructura morfológica
demasiado previsible y
en la cual
—para
mi gusto—
se abusa de la
reiteración, en aras de
conectar con una mayor
audiencia. En el plano
de las deficiencias,
también podría señalar
lo relacionado con la
calidad de la grabación,
compensado en algo
gracias a la
remasterización
efectuada en New York
por Tony Dawsey. Pese a
lo anterior, Guajiro del
asfalto ubica a Nilo
Castillo en la avanzada
de esa nueva hornada de
artistas que sin ningún
tipo de prejuicios,
tanto dentro como fuera
de la Isla, lleva
adelante la Música
Cubana Alternativa. |