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El delirio teatral,
habanero y utópico de
Alberto Pedro Torriente
regresa a EE.UU., por
primera vez a cargo de
Raúl Martín y su Teatro
de la Luna: como
hicieran La Má Teodora y
la Compañía del Teatro
Hispano, el colectivo
llevará hasta la otra
orilla este
cuestionamiento de los
límites de lo posible y
lo imposible, el aquí y
el allá, la identidad
cultural, la locura y la
lucidez; los sones, las
guarachas, la victrola,
los zapatos dorados, el
vencebatallas; a Palito,
Tito Puente, Lilón,
Mulense, Willie Colón,
Malanga, Tite Curet,
Chano Pozo; a Lajas y al
Madison Square Garden;
al Varilla, a las
tribulaciones de La
Reina (¡Ella sí es ella!
Sobretodo, sombrilla
roja y espejuelos
oscuros. “Si en el amor
quieres/probar fortuna”)
y El bárbaro (¡Él sí es
él! Saco larguísimo,
sombrero alón y bastón.
“Yiriyiribón, yiribón”).
Todos, protagonistas
ambiguos de esta fábula
delirante de vueltas y
redenciones.
La propuesta de Raúl
Martín constituye la
segunda asunción en Cuba
del Delirio habanero
de Alberto Pedro, 12
años después de su
escritura en 1994. Como
de costumbre, el autor
concibió el texto
interpretando él mismo
sus personajes e
íntimamente vinculado a
la práctica escénica de
Teatro Mío. Pero a nadie
extraña que haya sido
precisamente Teatro de
la Luna quien devolviera
a nuestra escena esta
obra cardinal del autor
de Manteca:
pareciera escrito para
este director que
exprime hasta las
últimas posibilidades la
música, el baile y las
ilusiones.
“Alberto Pedro murió muy
joven, pero todas sus
obras son tremendas
―explica―. Las puestas
más vistas son
Manteca, Weekend
en bahía y
Delirio….; pero él
escribió piezas tan
buenas como
Desamparados y El
banquete infinito,
que ahora se estrenó en
Miami.”
Justamente El
banquete… conectó al
dramaturgo y poeta
cubano con el entonces
muy joven director
teatral: “Alberto me
regaló esa obra de 1999,
la rescribió para el
grupo y le agregó
algunos detalles. Tuve
en mis manos el texto
para su estreno mundial;
pero no pudo ser, pues
no disponía del espacio
necesario para ensayar
una obra de esas
dimensiones. Me fui
demorando y el tiempo
pasó. Sin embargo,
quería hacer algo suyo
de todas formas y me
encantó la potencialidad
musical de Delirio
habanero. El
banquete infinito me
sigue dando vueltas en
la cabeza”.
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La posibilidad de montar
una pieza donde la
música ha sido
concebida,
prácticamente, como un
cuarto personaje, atrajo
la atención de Raúl
Martín hasta Delirio….
“Quería hacer un
concierto de actores.
Tenía muchas ideas y se
fueron convirtiendo en
una tragicomedia
musical; pero con
algunas
transformaciones,
especialmente en la
interpretación a
cappella que
proponía Alberto.
Se trataba de dos iconos
de la música popular
cubana que, además de
encantarme, me ofrecían
la posibilidad de
expresarme a través de
ellos. Fue un proceso
largo,
extraordinariamente
rico”.
Cinco años después de su
regreso a la intimidad
de la sala Adolfo
Llauradó y a la
espectacularidad del
Mella, Teatro de la Luna
llevará la obra más
conocida de Alberto
Pedro por varias
ciudades
norteamericanas, entre
el 3 y el 31 de octubre.
En el cine Pionero que
ha intentado recuperar
para los ensayos y que
pretende abrir al
público pronto ―un
delirio tan habanero y
pasional como el de la
propia obra―, Raúl
Martín explicó a La
Jiribilla que “la
gira ha sido organizada
especialmente por la
Wake Forest University,
en Carolina del Norte.
Una profesora se
interesó por el grupo y
coordinó con varias
instituciones un
recorrido bastante
interesante que incluye
encuentros con
estudiantes, talleres y
demostraciones de
trabajo, además de las
propias funciones.
Presentaremos la obra en
Carolina, Chapel Hill,
Velmont, New York y
Miami, con funciones que
cierran el 20 y el 21 de
octubre”.
Teatro de la Luna no se
presenta en EE.UU. desde
el año 2001. La
rigurosidad de su
director ―junto con la
confianza que deposita
en sus actores, una de
las claves del
seguimiento que la
crítica y los
espectadores cubanos les
profesan―, le hace
pensar desde ahora en
las posibles reacciones
del público. “Creo que
la puesta que conocen es
la de Sarraín. Yo la vi
en video y me pareció
muy buena. De modo que
la gente conoce la
historia. Al norte
encontraremos un público
virgen, aunque en Nueva
York hay una tradición
teatral fuerte de habla
hispana y puede que
hayan visto la puesta de
La Má Teodora. En Miami
hallaremos un público
más seguidor del teatro,
ellos conocen el texto
de Alberto Pedro y sigue
siendo un tema
atractivo, pero creo que
acudirán sobre todo a
ver cómo lo hemos
asumido nosotros. De
todos modos, quizá le
aportaremos el
rencuentro con actores y
actrices cubanos que
hace mucho tiempo no ven
en su escena. Para esta
ocasión, logramos reunir
a los actores que la
estrenaron conmigo:
Mario Guerra (El
Bárbaro), Amarilis Núñez
(Varilla) y Laura de la
Uz (La Reina). Hay mucha
gente con ganas de
rencontrarse con el
teatro cubano”.
Raúl Martín retoca
Delirio habanero en
un salón que bien
pudiera dejarse así,
intacto, para acoger la
fábula en próximas
puestas. Si hubiera ron
en el ensayo, nos
sentiríamos en el bar
del Varilla: la música,
el portero y las almas
delirantes están
garantizadas por cada
uno de los actores,
técnicos, músicos y
amantes del teatro que
el desolado cine de San
Lázaro atrae por estos
días. El director espera
un par de horas y la
tarde se le llena de
Yordanka, Liván, Olivia,
Yaité y Freddy a repasar
la parábola de El
dragón de oro.
Apenas regresen los más
experimentados de la
gira, los jóvenes de
Teatro de la Luna se
apropiarán del escenario
del Mella, en los
últimos días del
Festival de Teatro de La
Habana. La obra se
estrenó en marzo de 2010
y nunca imaginaron lo
exitosa que sería la
pieza alemana en Cuba.
“Estoy enamorada de ella
y la defiendo mucho
―asegura el director―.
Hacerla en el Mella es
un reto porque caben
allí más de mil personas
cada noche y sabemos que
el Festival llena los
teatros. Cuando pusimos
Delirio… en ese
escenario, estábamos
tranquilos, porque los
actores eran muy
conocidos y su
experiencia garantizaba
el aluvión de público;
pero ahora, los actores
de El dragón… son
muy jóvenes, aunque
talentosísimos. Nos
preocupa porque serán
tres noches seguidas,
pero ya lo probamos en
Europa con grandes salas
y verdaderamente fue una
fiesta. La interacción
con el gran público es
una especie de feria de
emociones, diferente de
la intimidad y la
complicidad de una sala
pequeña. La obra gana
mucho, desde el punto de
vista escénico”.
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El entrenamiento
favorece a unos y a
otros: en noviembre les
espera Virgilio. Como de
la deuda con Alberto
Pedro, Raúl Martín se ha
enamorado de Los
siervos, Electra
Garrigó y Las
bodas. “En el año
de su centenario, creí
que sería un crimen si
me quedara con los
brazos cruzados. No sé
si podré montar las
tres, pero es un sueño
que trataré de cumplir.
Tengo actores
experimentados,
fundadores del grupo, y
jóvenes muy talentosos.
Creo que la combinación
de ambas generaciones en
esas obras puede ser
aplastante, en el mejor
sentido. Me permitirá
mantener el repertorio
con obras que tienen
mucho que decir todavía
al espectador de hoy. El
Año Virgilio va a ser
por lo grande, como él”.
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