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1ro al 7 de OCTUBRE
de 2011

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DELIRIO HABANERO EN EE.UU.

Una y mil fabulaciones de Raúl Martín

Marianela González • La Habana

El delirio teatral, habanero y utópico de Alberto Pedro Torriente regresa a EE.UU., por primera vez a cargo de Raúl Martín y su Teatro de la Luna: como hicieran La Má Teodora y la Compañía del Teatro Hispano, el colectivo llevará hasta la otra orilla este cuestionamiento de los límites de lo posible y lo imposible, el aquí y el allá, la identidad cultural, la locura y la lucidez; los sones, las guarachas, la victrola, los zapatos dorados, el vencebatallas; a Palito, Tito Puente, Lilón, Mulense, Willie Colón, Malanga, Tite Curet, Chano Pozo; a Lajas y al Madison Square Garden; al Varilla, a las tribulaciones de La Reina (¡Ella sí es ella! Sobretodo, sombrilla roja y espejuelos oscuros. “Si en el amor quieres/probar fortuna”) y El bárbaro (¡Él sí es él! Saco larguísimo, sombrero alón y bastón. “Yiriyiribón, yiribón”). Todos, protagonistas ambiguos de esta fábula delirante de vueltas y redenciones.

La propuesta de Raúl Martín constituye la segunda asunción en Cuba del Delirio habanero de Alberto Pedro, 12 años después de su escritura en 1994. Como de costumbre, el autor concibió el texto interpretando él mismo sus personajes e íntimamente vinculado a la práctica escénica de Teatro Mío. Pero a nadie extraña que haya sido precisamente Teatro de la Luna quien devolviera a nuestra escena esta obra cardinal del autor de Manteca: pareciera escrito para este director que exprime hasta las últimas posibilidades la música, el baile y las ilusiones. 

“Alberto Pedro murió muy joven, pero todas sus obras son tremendas ―explica―. Las puestas más vistas son Manteca, Weekend en bahía y Delirio….; pero él escribió piezas tan buenas como Desamparados y El banquete infinito, que ahora se estrenó en Miami.”

Justamente El banquete… conectó al dramaturgo y poeta cubano con el entonces muy joven director teatral: “Alberto me regaló esa obra de 1999, la rescribió para el grupo y le agregó algunos detalles. Tuve en mis manos el texto para su estreno mundial; pero no pudo ser, pues no disponía del espacio necesario para ensayar una obra de esas dimensiones. Me fui demorando y el tiempo pasó. Sin embargo, quería hacer algo suyo de todas formas y me encantó la potencialidad musical de Delirio habanero. El banquete infinito me sigue dando vueltas en la cabeza”.

La posibilidad de montar una pieza donde la música ha sido concebida, prácticamente, como un cuarto personaje, atrajo la atención de Raúl Martín hasta Delirio…. “Quería hacer un concierto de actores. Tenía muchas ideas y se fueron convirtiendo en una tragicomedia musical; pero con algunas transformaciones, especialmente en la interpretación a cappella que proponía Alberto. Se trataba de dos iconos de la música popular cubana que, además de encantarme, me ofrecían la posibilidad de expresarme a través de ellos. Fue un proceso largo, extraordinariamente rico”.

Cinco años después de su regreso a la intimidad de la sala Adolfo Llauradó y a la espectacularidad del Mella, Teatro de la Luna llevará la obra más conocida de Alberto Pedro por varias ciudades norteamericanas, entre el 3 y el 31 de octubre.  

En el cine Pionero que ha intentado recuperar para los ensayos y que pretende abrir al público pronto ―un delirio tan habanero y pasional como el de la propia obra―, Raúl Martín explicó a La Jiribilla que “la gira ha sido organizada especialmente por la Wake Forest University, en Carolina del Norte. Una profesora se interesó por el grupo y coordinó con varias instituciones un recorrido bastante interesante que incluye encuentros con estudiantes, talleres y demostraciones de trabajo, además de las propias funciones. Presentaremos la obra en Carolina, Chapel Hill, Velmont, New York y Miami, con funciones que cierran el 20 y el 21 de octubre”.

Teatro de la Luna no se presenta en EE.UU. desde el año 2001. La rigurosidad de su director ―junto con la confianza que deposita en sus actores, una de las claves del seguimiento que la crítica y los espectadores cubanos les profesan―, le hace pensar desde ahora en las posibles reacciones del público. “Creo que la puesta que conocen es la de Sarraín. Yo la vi en video y me pareció muy buena. De modo que la gente conoce la historia. Al norte encontraremos un público virgen, aunque en Nueva York hay una tradición teatral fuerte de habla hispana y puede que hayan visto la puesta de La Má Teodora. En Miami hallaremos un público más seguidor del teatro, ellos conocen el texto de Alberto Pedro y sigue siendo un tema atractivo, pero creo que acudirán sobre todo a ver cómo lo hemos asumido nosotros. De todos modos, quizá le aportaremos el rencuentro con actores y actrices cubanos que hace mucho tiempo no ven en su escena. Para esta ocasión, logramos reunir a los actores que la estrenaron conmigo: Mario Guerra (El Bárbaro), Amarilis Núñez (Varilla) y Laura de la Uz (La Reina). Hay mucha gente con ganas de rencontrarse con el teatro cubano”.  

Raúl Martín retoca Delirio habanero en un salón que bien pudiera dejarse así, intacto, para acoger la fábula en próximas puestas. Si hubiera ron en el ensayo, nos sentiríamos en el bar del Varilla: la música, el portero y las almas delirantes están garantizadas por cada uno de los actores, técnicos, músicos y amantes del teatro que el desolado cine de San Lázaro atrae por estos días. El director espera un par de horas y la tarde se le llena de Yordanka, Liván, Olivia, Yaité y Freddy a repasar la parábola de El dragón de oro.

Apenas regresen los más experimentados de la gira, los jóvenes de Teatro de la Luna se apropiarán del escenario del Mella, en los últimos días del Festival de Teatro de La Habana. La obra se estrenó en marzo de 2010 y nunca imaginaron lo exitosa que sería la pieza alemana en Cuba. “Estoy enamorada de ella y la defiendo mucho ―asegura el director―. Hacerla en el Mella es un reto porque caben allí más de mil personas cada noche y sabemos que el Festival llena los teatros. Cuando pusimos Delirio… en ese escenario, estábamos tranquilos, porque los actores eran muy conocidos y su experiencia garantizaba el aluvión de público; pero ahora, los actores de El dragón… son muy jóvenes, aunque talentosísimos. Nos preocupa porque serán tres noches seguidas, pero ya lo probamos en Europa con grandes salas y verdaderamente fue una fiesta. La interacción con el gran público es una especie de feria de emociones, diferente de la intimidad y la complicidad de una sala pequeña. La obra gana mucho, desde el punto de vista escénico”.

El entrenamiento favorece a unos y a otros: en noviembre les espera Virgilio. Como de la deuda con Alberto Pedro, Raúl Martín se ha enamorado de Los siervos, Electra Garrigó y Las bodas.  “En el año de su centenario, creí que sería un crimen si me quedara con los brazos cruzados. No sé si podré montar las tres, pero es un sueño que trataré de cumplir. Tengo actores experimentados, fundadores del grupo, y jóvenes muy talentosos. Creo que la combinación de ambas generaciones en esas obras puede ser aplastante, en el mejor sentido. Me permitirá mantener el repertorio con obras que tienen mucho que decir todavía al espectador de hoy. El Año Virgilio va a ser por lo grande, como él”.  

 
 
 
 
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