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Adria Santana

En la escena del futuro

La Jiribilla • La Habana

Ha llegado esta mañana la noticia de la muerte de la actriz Adria Santana (Las Tunas, 1948), protagonista fundamental del teatro cubano. Saberlo conmociona, pues se sabe la pérdida de un talento extraordinario, capaz de comunicar la emoción de personajes disímiles y contradictorios en el instante irrepetible de la escena.


Casa vieja

Como ha asentado la teatróloga Vivian Martínez, su desempeño actoral se caracterizó por la enorme vitalidad que imprimía a sus personajes. “Profesional y creativa, en cada momento ha defendido su papel con entrega total, en cuerpo y alma, dispuesta a la aventura del riesgo, siempre ella y siempre otra. Inteligente y talentosa, ha conquistado a fuerza de trabajo y rigor un lugar indiscutible en el teatro cubano”, escribió la investigadora.

Graduada de Actuación en la Escuela Nacional de Arte, comenzó desde entonces una carrera ascendente, fundamentalmente como parte del colectivo de Teatro Estudio y la Compañía Hubert de Blank. En el proscenio, dio vida a la Camila, de Ramón Brene; la Electra, de Virgilio, que Vivian Martínez recuerda “entre columnas truncas con los brazos extendidos hacia lo alto y afuera invocando a los dioses para lograr sus propósitos”; la Lalita, de Contigo pan y cebolla, de Héctor Quintero; y la madre, Lola-novia y Carlota-hermana de la obra Vagos rumores, de Estorino, entre múltiples personajes.

Fue junto a este dramaturgo y director que debutó como profesional en la obra La discreta enamorada, de Lope de Vega, punto de origen de una relación teatral y afectiva que duró toda la vida. A ella acudió Estorino para convertirla en la Greta de Las penas saben nadar, la Camila de Parece blanca, Ella y La otra en Ni un sí ni un no, Delfina en Morir del cuento, Elvira en Que el diablo te acompañe y, hace solo unos años, fue la Medea de Medea sueña corinto, obra que los hizo disfrutar del éxito en Brasil.


Las penas saben nadar

De Estorino, dijo Adria en una de sus últimas entrevistas: “Nosotros hemos llegado a una intimidad total y absoluta de decirnos lo que sea que nos suceda, no solo que nos destruya, sino también que nos glorifique o nos ayude. Y esta intimidad la heredamos del teatro (…) Él es una parte básica en mi vida —para lo bueno y para lo malo— para todo, es mi familia, y la familia de él es la mía. Me costaría trabajo prescindir de él y creo que a él le costaría trabajo prescindir de mí”. Al conocer de su fallecimiento, el teatrista refiere una pérdida enorme. “No sé si podré seguir haciendo teatro sin ella”, confesó a La Jiribilla hace unas horas.

Directores como Héctor Quintero, Vicente Revuelta, Berta Martínez, Armando Suárez del Villar y Carlos Díaz guiaron su trabajo. Fue muchas veces premiada como actriz en festivales nacionales e internacionales: Premio Nacional Omar Valdés de la UNEAC y Premio Mariposa por la obra de la vida, además de  merecer la Medalla Alejo Carpentier y la Orden por la Cultura Nacional.

Fresco en la memoria está su desempeño ejemplar como Onelia, en la película Casa vieja (2010), una adaptación de Léster Hamlet de la obra casi homónima de Abelardo Estorino. También en la gran pantalla participó en los filmes Mina, viento de libertad (Antonio Eceiza, 1976), Polvo rojo (Jesús Díaz, 1981), Jíbaro (Daniel Díaz Torres, 1984), Isla negra (Cecilia Bartolomé, 1995), Tierra índigo (Jean Sagols, 1995), Tropicola (Steve Fagin, 1997), Mañana (Alejandro Moya, 2005), entre otros. Varias veces se le vio en la televisión como parte del elenco de series, telenovelas y telefilmes.


Casa vieja

Hace muy poco tiempo, ya enferma, Adria fue entrevistada por el cantante Amaury Pérez Vidal en la televisión cubana. Se calificó entonces como una persona privilegiada por haberse dedicado siempre a lo que le apasionaba. “Nosotros vivimos de lo que queremos hacer, de lo que necesitamos hacer y de lo que nos gusta hacer. Nosotros, yo y todos los que estamos aquí. Entonces yo soy un ser privilegiado”. Para recordarla, hagámoslo así, sobre el escenario a media luz, con la mirada profunda, entre risas, con llanto, en medio del grito, grabando su presencia en la memoria cultural del futuro.

 
 
 
 
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