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Agradezco al amigo
colombiano (y ya casi
también cubano) Álvaro
Castillo Granado, la
persona más amante de
los libros que conozco,
su invitación a
presentar las
Cancioncillas de
Fina García Marruz
editadas por él. Porque
esta invitación me
permite celebrar los 60
años de amistad entre
Fina y yo. Esa amistad
nació, junto con Cintio
naturalmente, en 1951, y
de ello he hablado en
varias ocasiones, por lo
mucho que significó para
mí. En octubre de aquel
año lejano, el cual me
resultaría tan
importante, me dio el
libro suyo Las
miradas perdidas,
1944-1950, que
leí fascinado. Ya
conocía algo de ella,
aparecido en la
antología Diez poetas
cubanos que Cintio
publicó en 1948. Pero
fue a partir de 1951
cuando empecé a devorar
sin tregua su preciosa
papelería, hasta llegar
al cuaderno que hoy se
da a conocer.
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Es riesgoso aventurar
palabras sobre cualquier
costado de la enorme y
delicada poesía de Fina.
Ella ha dejado escrito,
más o menos (cito de
memoria), que no se debe
hablar de una poética a
propósito de un poeta,
sino de tantas poéticas
como sea menester.
Bástenos, para probarlo,
el caso mayor de los
Versos libres, en
cuyo frente Martí dijo
que amaba las
sonoridades difíciles, y
de sus Versos
sencillos, en
relación con los cuales
afirmó que amaba la
sencillez.
¿Podrían acercarse estas
Cancioncillas a
alguna zona de la poesía
de Fina, como
Créditos de Charlot?
¿O ellas son el reverso
ligero, y a menudo
sonriente, de sus
intensos textos? Lo
cierto es que en este
cuaderno, cuyos breves
poemas no están
titulados sino
numerados, como
Versos sencillos o
Trilce,
reaparecen varios temas
del resto de su obra.
De las 62 cancioncillas,
una (la número 29)
consta de dos versos, y
varias de muchos más (la
37 está formada por 23).
Pero la mayoría es de
tres o cuatro versos,
siempre de arte menor.
Se está tentado a
acercarlas a los
artefactos de Parra o
los poemínimos de
Huerta, o en alguna
ocasión, con licencia, a
los haikais. Pero el
conjunto no se deja
clasificar fácilmente,
como también lo hace el
conjunto de la obra de
Fina, siempre tan
personal. A menudo, las
cancioncillas se
refieren a la poesía
misma. Así: “A veces/ no
hay nada que escribir./
Pero la punta/ del
grafito zurea/ como un
ave sedienta.” “En el
pomo de tinta/ azul,
dormido,/ algún poema
tuyo/ se ha detenido./ Y
espera, alegre,/ hora
tras hora/ que te
despiertes.” “Al que
viene con versos/ poco
inspirados/ digámosle,
pacientes:/ “¡Así es,
hermano!” “¡Ven,
cancioncilla,/ pico de
gallo/ del alba fría!”
Otro conjunto hace
entrar la familia, tema
constante en Fina: “…]
Tocaba mamá el piano,/ y
yo dormía.” “¿Llegó la
luz del día/ o fueron
Adrián, Silvia/ y José
María?” “Ahora cuando
vienes,/ Sergio
querido,/ sonríes como
antes,/ cuando eras
niño.” “El domingo/ es
más redonda la mesa,/ no
falta el hijo.”
“¡Mañanita fría/ de
otoño prístino!/ ¡Cómo
me gustaba alborotarle/
los rizos a mi niño!” Se
abordan también, con
humor, los estudios: “De
la y griega/ nos enseñó
la maestra/ aquella, tan
tímida,/ ruborizándose,
que era/ ya una
conjunción copulativa.”
Aparece un tema que creo
infrecuente en Fina: el
de las greguerías que
acuñó Gómez de la Serna,
sobre quien, por otra
parte, ella ha escrito
páginas penetrantes.
Tales greguerías se
encuentran en un alegre
bestiario que hace
pensar en Apollinaire:
“La langosta/ me parece
que tiene/ de más alguna
rosca.” “Tan horrible
la hiena,/ y es
inocente.” “La rana,
dicen, la rana/ para
parir a un príncipe/ es
que se agacha. […]” “La
cucaracha pisa/ el suelo
in tocarlo,/ como una
bailarina.” “El
ciempiés/ debía de
tocar/ el acordeón.” “Lo
peor/ es que a la
cigarra/ le guste
cantar/ sin ser
ruiseñor.” “Si la
hormiga pudiera/ mirarse
en un espejo,/
ascendería a girasol.”
“El gato/ que lame el
plato,/ lo deja parecido
/ a la luna.” Pero no
puedo seguir citando
versos felices. Los
lectores lo harán por su
cuenta, con
satisfacción.
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En una conferencia que
ofrecí en 1957 sobre la
poesía hispanoamericana
entonces actual, dije de
Fina: “Ejemplo admirable
[…], una de las mayores
poetisas en la rica
historia poética del
país” Más de medio siglo
después, debo añadir que
ella es hoy la principal
voz poética viva de
Cuba, y una de las
mayores en las lenguas
que conozco. Voz poética
principal, trátese de un
hombre o de una mujer.
Los premios que con
justicia ha recibido así
lo atestiguan, y lo
ratificarán los premios
por venir. Y sobre todo,
la gratitud e incluso el
deslumbramiento con que
se la lee. Lo prueban
estas leves
Cancioncillas a las
que los invito a entrar.
Palabras leídas en la
presentación del
cuaderno de poemas
Cancioncillas de
Fina García Marruz, el 7
de octubre de 2011 en el
Centro de Estudios
Martianos, La Habana. |