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Los primeros escritores
cubanos que conocí
fueron Fina García
Marruz y Cintio Vitier.
Fue junio de 1996. Han
pasado ya 15 años desde
entonces. Ya somos
viejos amigos, Fina…
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A los dos los
descubrí/encontré en mi
país, en esas antologías
que publicó Letras
Cubanas a finales de los
años 80. Jamás se me
ocurrió que me
transformaría de lector
en amigo. Nunca. Y eso
sucedió como pasan las
cosas fundamentales de
la vida; sin planearlo,
sin pensarlo, porque sí.
Un buen día nos
convertimos en
conversadores. ¿Cuánto
hemos hablado, Fina?
¿Cuánto hablamos con
Cintio? No sé. Lo único
que sí sé es que cuando
llego a tu casa el sol
todavía está en el
cielo, y cuando me
marcho, la oscuridad es
mi compañía. Este libro,
estas cancioncillas, son
un motivo de gozo para
Ediciones San Librario.
Hacías falta, hacían
falta, entre nosotros.
Con ellas llegamos a la
mayoría de edad.
Dieciocho autores
cubanos publicados en
ocho años. La emoción
que sentí en marzo
pasado cuando me abriste
el file de tus
inéditos y me dijiste:
“escoge”, es para mí el
premio más grande que he
recibido en mi vida. Es
mi premio Nobel, mi
Cervantes, mi Casa de
las Américas. Contar con
tu confianza, con tu fe,
es mi tesoro. Un tesoro
que no tuve que buscar
mucho. No tuve que
esperar a que lloviera y
caminar hasta la base
del arco iris. No. Tuve
que esperar a cumplir 27
años, atravesar el mar,
para poder hallarte.
Este es un libro ligero,
bijirita, como decía
Cintio. Un libro
juguetón y hermoso, que
acompaña, que conversa,
que espera. Un libro
para llevar en el alma,
junto al corazón.
Vinimos a escucharte, a
estar contigo. A
conversar. A decirte:
Fina, te queremos. Te
quiero.
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