La Habana. Año X.
15 al 21 de OCTUBRE
de 2011

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Fiesta de la cultura

Dulcila Cañizares • La Habana

Fotos: Alain Gutiérrez


Como parte de la jornada por la cultura cubana, el Instituto Cubano del Libro y el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, presentaron el 12 de octubre, en la Calle de Madera de la Plaza de Armas, el libro La fiesta del tocororo, de René Batista Moreno, del sello editorial del Centro.

Y no podía haber sido mejor la selección, pues ese volumen, el último de Batista Moreno, quien falleció en mayo del pasado año, está pleno de cubanía y de ese humor campesino que también nos distingue como nación.

A los lectores de La Jiribilla les proponemos las palabras de presentación pronunciadas por Dulcila Cañizares, escritora, investigadora y fiel amiga de René, y por el hijo del autor, Alejandro Batista López.

 

Gracias al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau tenemos el honor de presentar un libro inusitado y sorprendente: el primer bestiario cubano, de René Batista Moreno.

Sabemos de jigües, güijes y madres de agua, pero confieso que jamás había escuchado mencionar al cabraco, al surugú, al cucubá, al makariaco ni al júa, por solo nombrar algunos de los 125 seres surgidos de la imaginería rural, cuyo inicio tuvo lugar —conservados gracias a nuestra oralidad popular— en la época de los conquistadores.

Hace ocho años, este investigador manifestó, respecto al folclor campesino, que “para nadie es un secreto que en la actualidad goza de gran difusión el folclor afrocubano; parece que tiene mucha demanda, o mejores perspectivas económicas. Pero eso no quiere decir que el “otro folclor” haya muerto, pues lo que ocurre es que se ha movido del campo a la ciudad, en lógica reorientación, dada la insoslayable realidad de que ahora más de un 80% de la población cubana vive en áreas urbanas. Entonces el folclor campesino hay que buscarlo en la ciudad.”

Y tuvo mucha razón, pues el éxodo hacia las ciudades ha sido notable.

En este libro, además, encontramos la riqueza sobresaliente del testimonio de la más valiosa muestra de topónimos aborígenes —por ejemplo, Taguayabón, Manajanabo, Jibacoa, Jinaguayabo, Caonao, Barajagua—, solo encontrados en obras especializadas, y me aventuro a creer que el escritor no se percató de este legado, por lo que es triste que haya olvidado señalar la ubicación geográfica de muchos de sus informantes, de los que solo nos menciona los nombres de las fincas en las que vivían, pues, con seguridad, la evidencia de topónimos aborígenes hubiera sido aún mayor. La fiesta del tocororo no solo será un festejo para nuestra ave nacional, sino para los que tengan la oportunidad de disfrutar de su lectura.

René Batista Moreno nació en una finca cercana a Camajuaní y desde pequeño ayudó en las labores agrícolas, pero las noches tenían un significado especial que marcó para siempre el futuro de este campesino impar: después de las comidas, la familia se reunía a la luz del habitual quinqué alrededor del abuelo, que recostaba su taburete contra un horcón y empezaba la sesión de remembranzas de chistes, mitos, dicharachos, leyendas, décimas, costumbres, adivinanzas, tradiciones, refranes y cuentos de asesinatos y aparecidos. El niño René escuchaba aquellas historias fantasmales aterrorizado, pero fascinado. Nunca las olvidó.

Cuando tenía 12 años, sus padres se mudaron para Camajuaní, y René empezó a estudiar en una escuelita del pueblo, pero la carencia monetaria familiar lo obligó, muy pronto, a buscar algunas monedas para que sus padres y hermanos no carecieran de lo más necesario para subsistir, y fue ayudante de un carnicero y de un carpintero, y luego, cuando era un jovencito, fue gastronómico hasta el momento de su jubilación.

En los años 60, René empezó a colaborar con el periódico santaclareño Vanguardia y en 1967 fundó la revista Hogaño. Al jubilarse se dedicó por entero a la literatura, aunque, mientras trabajaba como cajero en la gastronomía, en los momentos en los que no tenía que maniobrar con monedas de ida y vuelta, leía, leía, leía…

Alguna vez se ha mencionado que Batista Moreno es un continuador de Samuel Feijóo, pero se puede afirmar que eso es incierto, ya que desde muy joven, sin conocer a Samuel, René, antes y después de casar con María López —su María de siempre—, doblaba una libreta escolar y la colocaba en el bolsillo posterior del pantalón, ponía un par de lápices en el bolsillo de la camisa y echaba a andar por trillos y vereditas, sabanas y lomas, atravesaba montes y le caían inesperados aguaceros tropicales, pero nada lo detenía en su búsqueda de las joyas que anhelaba, todavía sin saber a ciencia cierta para qué las aterraba. Lo supo muchos años después.

Samuel Feijóo descubrió a René en Camajuaní en la década de los 70 y manifestó que había encontrado un tesoro, y ese tesoro era este extraordinario investigador, que tanto lo sorprendió, y se hicieron amigos y anduvieron juntos por los vericuetos de la antigua provincia de Las Villas, que Batista Moreno conocía como a las palmas de sus manos.

René Batista fue un hombre modesto, dicharachero, amigo excepcional, investigador incansable, presuntuoso de ser guajiro hasta la médula y también gran fabulador, con una capacidad para inventar que disfrutamos sus amigos, y hasta era muy posible que en algunos momentos no pudiéramos saber si lo que nos decía eran verdades o mentiras, para hacernos reír, aunque también, por supuesto, decía frases lapidarias, como cuando comentó que “...mientras haya pueblo, y en el pueblo, imaginación, habrá cultura popular”.

Sabemos que muchos jóvenes están continuando la labor investigativa del folclor campesino por caseríos, intrincados lugares, y también en nuestras zonas urbanas, y son legítimos seguidores del casi increíble René.

Este camajuanense obtuvo los premios Julián del Casal, en 1971; Ser Fiel, en 2005, y la Distinción por la Cultura Nacional, en 2006.

Batista Moreno legó para nuestra cultura 33 libros publicados de incalculable valor folclórico, como Ese palo tiene jutía, Los bueyes del tiempo ocre, Fieras broncas entre chivos y sapos, Limendoux. Leyenda y realidad y Éditos e inéditos, entre muchos otros, además de Cuentos de guajiros para pasar la noche, fuente inspiradora de La fiesta del tocororo. Además, le publicaron siete antologías.

Hoy, René, te rendimos otro homenaje, al ofrecerles a los lectores tu libro que fue Premio Memoria 2009, pero es un agasajo muy especial, porque en esta hora muchos de tus amigos estamos presentes y tengo a mi lado a tu único hijo, diligente y solícito albacea de tus creaciones publicadas e inéditas, obras que permanecerán vigentes, pues forman parte del patrimonio cultural cubano.

Muchas gracias.
 

Palabras de presentación de La fiesta del tocororo, de René Batista Moreno, en la Plaza de Armas, como parte de las Jornadas por la Cultura Cubana.

 
 
 
 
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.