La Habana. Año X.
15 al 21 de OCTUBRE
de 2011

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Fernando Collazo: un verdadero artista
Josefina Ortega • La Habana

No es muy conocido que un joven cantante cubano asombró a don Alejo Carpentier durante su estancia en París allá por los años 30 del siglo pasado. Él mismo lo cuenta en la habanera revista Carteles: “Para mí, Fernando Collazo ha constituido una verdadera revelación. Hacía tiempo que yo lamentaba la ausencia de un intérprete inteligente de nuestros últimos cantos y sones. Particularmente de aquellos compuestos sobre poemas de Nicolás Guillén”.
 

El hecho de referencia tuvo lugar una noche de 1934, en La Cabaña Cubana, mientras sonaban claves y maracas bajo su techo, cuando Carpentier —quien armonizaba a su talento literario, una especial sensibilidad para la música— se encontró de repente ante “un mozo inteligente y bien plantado”, que interpretaba nuestra música a orillas del Sena, como debía interpretarse.

Al decir de Carpentier:

 “Su voz potente y bien timbrada no se perdía en alardes de virtuosismo estéril. Sabía ponerse al servicio de la más auténtica tradición criolla. Conocía todos sus secretos rítmicos, sus inflexiones, sus libertades. Con ella, las menores intenciones del texto cobraban extraordinario relieve. Cuando decía: ‘¿Po qué te pone tan brabo, /cuando te disen negro bembón, / si tiene la boca santa, / negro bembón?’, volvía a crear el poema, comunicándole una vitalidad increíble…”

Pero, ¿quién es Fernando Collazo, aquel cantante tan admirado por el gran musicólogo que fue el autor de El siglo de las luces, y, sin embargo, hoy apenas se le recuerda pese a que fue en sus días un verdadero ídolo?

De su historia hablaré enseguida.

Maracas y bongó

Nacido en San Antonio de los Baños, en La Habana, el 21 de agosto de 1902, Fernando Collazo falleció en La Habana, el 16 de octubre de 1939. Su corta pero fecunda vida artística comenzó —según afirma Radamés Giro— en un dúo que formó con Enrique García. Después trabajó con el sexteto Lira de Redención, dirigido por Antonio Montalvo. Al desintegrarse este, Collazo fundó el Septeto Cuba, que fue la segunda agrupación de este tipo que adicionó el piano. (La primera había sido el septeto Gloria de Cuba, a cuyo frente estuvo Feliciano García.)

Con su grupo, el ya popular cantante alternaba con los sextetos Habanero y Nacional, de Ignacio Piñeiro, en exitosas presentaciones en La Habana y en otras ciudades de la Isla. Por cierto, Collazo trabajó en la filmación del primer corto musical sonoro cubano, titulado Maracas y bongó, —dirigido por Max Tosquella—, donde interpretó, entre otras piezas, la criolla “Vanidad”, de Armando Valdés Torres.

Se debe destacar que Collazo alcanzó gran notoriedad con la Orquesta Gris, una de las más aplaudidas en su tiempo, con la que vocalizaba las partes de los danzones compuestos por Valdés Torres sobre los más gustados tangos del inmortal Carlos Gardel.

Cierta historia de “majá enrosca’o”

Collazo fue el primero en interpretar en La Habana con la propia Orquesta Gris, el primer danzonete: Rompiendo la rutina, de Aniceto Díaz, el que había sido estrenado en 1929, en Matanzas. Con ello logró su consagración definitiva como cantante y fue llamado por las orquestas de Antonio María Romeu y Belisario López.

Fundó y dirigió la orquesta Maravilla del siglo. Visitó a España, Francia, México y EE.UU., países donde siempre fue muy reconocido. Compuso boleros y sones.

Integró el selecto grupo de músicos cubanos que logró imponer nuestros ritmos en el Viejo Continente. En ese sentido, dijo Carpentier:

“Para dar una idea del poder comunicativo de sus interpretaciones, os diré que, cierta noche, vi a Fernando Collazo arrancando aclamaciones de entusiasmo a un público francés contándole cierta historia de “majá enrosca’o”, de la que nada podía entender quien no fuera cubano. Pero era tal la expresión que el cantante sabía poner en su relato, que se hacía innecesario comprender el sentido de las palabras. Fernando Collazo es un verdadero artista. Y no dudo que su triunfo en París, sea ya, desde ahora, un hecho seguro.”

¿Suicidio o suicidado?

Sobre su inesperada muerte, ocurrida cuando se encontraba en la cima de la popularidad y que acaparó las primeras páginas de los diarios, hay varias versiones.

Se dijo en su momento que fue un suicidio causado por un desengaño amoroso, pero tal asunto causó sorpresa y desazón entre sus íntimos. Años después circuló el rumor que lo habían “suicidado” por orden de un alto oficial del ejército cuya esposa le era infiel con el admirado cantante, que tuvo siempre fama de mujeriego.

Por mi parte, prefiero recordarlo, con estas palabras del gran novelista cubano:

“A la hora en que la claridad del alba se pinta sobre los techos (de París), el estado mayor de nuestra música suele verse reunido en La Cabaña Cubana. El estrado de la orquesta se transforma entonces en un maravilloso tinglado de valores criollos. (…) Collazo vuelve a implantar los prestigios y misterios de la música tropical…”

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.