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Probablemente la
animadversión de Rupert
Murdoch hacia el diario
The Guardian esté
justificada. Una
investigación del diario
británico reveló las
sucias estrategias
llevadas a cabo por
News of the World y
condujo a la quiebra a
este medio, que formaba
parte del consorcio News
Corp. Para completar la
ecuación, ante la
apuesta de Murdoch por
el pago de los
contenidos en sus
medios, The Guardian
acaba de anunciar un
proyecto inédito: abrir
su sala de redacción
online y mostrarles a
los usuarios en qué y
cómo están trabajando
los periodistas.
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Para todos queda claro
que los medios de
comunicación cuidan, con
mucho celo, su agenda
temática. En los
consejos de redacción se
suele debatir qué se
publicará al siguiente
día, el enfoque que
recibirán los artículos,
la imprescindible
contraposición de
fuentes informativas,
así como la ubicación
que tendrá el trabajo en
el diario, el espacio
radial o televisivo.
Revelar lo que se
discute dentro de la
redacción puede ser
considerado una falta de
ética profesional. Al
analizar estas “reglas
de las rutinas
productivas”, parece
todavía más interesante
la idea de The
Guardian.
¿Qué propone este
diario, tan propenso a
aceptar innovaciones
vinculadas con la web
2.0? A partir de una
aplicación en Facebook,
los internautas tendrán
acceso a una
actualización en tiempo
real de los temas que le
interesan a The
Guardian. Los
editores seleccionan
varios artículos de
diversas secciones
—nacional,
internacional, negocios—
que todavía están en
fase de elaboración y
les piden a los usuarios
que aporten sus
criterios. De esta
manera el medio busca
una mayor interacción e
incorporar nuevas
fuentes de información
que podrían ponerse en
contacto con los
periodistas, a través de
sus cuentas en Twitter.
En la aplicación también
pueden leerse los
criterios de los
editores sobre el
desarrollo del artículo,
junto con tweets
enviados por los
usuarios. En la medida
en que el periodista
adelanta su trabajo, los
internautas tendrán
acceso a las
actualizaciones y
volverían a opinar,
hasta que el proceso
haya concluido y el
contenido esté listo
para publicar.
The Guardian
aseguró en su nota de
presentación que esto se
había realizado antes
por un diario sueco;
pero, en realidad,
ningún gran medio se
había atrevido a abrir
su redacción. Los
riesgos para el diario
con esta estrategia son
muy visibles; también
las ganancias.
Adelantar los temas y
colocarlos online
podría verse como un
“regalo” a la
competencia; pero The
Guardian aclaró que
ellos no son tan
ingenuos y se reservarán
el derecho de mantener,
dentro de la redacción,
los artículos más
complejos y exclusivos.
El llamado “palo
periodístico” de seguro
nunca aparecerá en la
aplicación de Facebook;
aunque esto no le resta
importancia a la
iniciativa. Además, las
informaciones ofrecidas
por los internautas que
se vayan a utilizar en
el artículo serán
cuidadosamente revisadas
para no cometer errores
que minen la
credibilidad del medio.
Con su nueva estrategia,
el diario busca
precisamente eso:
aumentar su credibilidad
y, por supuesto, atraer
a nuevos usuarios al
sitio online. Los
medios en Gran Bretaña
han visto, con mucha
preocupación, cómo
disminuyen los índices
de confianza de los
internautas, sobre todo
después de que The
Guardian revelara
que los diarios de
Rupert Murdoch
—especialmente
News of the World—
pagaron casi dos
millones de dólares para
arreglar demandas por
presunto espionaje a
mensajes telefónicos,
así como ingreso ilegal
a archivos fiscales, de
seguridad social y
estados de cuenta de
políticos, actores y
deportistas, según
declaró el periodista
Nick Davies, quien
condujo la
investigación.
Al abrir su redacción,
The Guardian
intenta presentarse como
un medio transparente,
que muestra su interior
—aunque
ya sabemos que esa
apertura no será tanta
como la publicitan—
y que está dispuesto a
recibir diversas fuentes
que ampliarían sus
contenidos. En el plano
económico, un
crecimiento en el número
de visitantes al sitio
significaría mayores
ingresos por publicidad.
El novedoso proyecto en
The Guardian está
en una fase de prueba.
Resulta difícil predecir
si tendrá éxito y los
editores plantearon que,
si ellos comprobaban que
ofrecían demasiada
ventaja a los medios de
la competencia o que su
propuesta caía en “oídos
sordos”, estaban
dispuestos a suspender
la aplicación y cerrar
nuevamente la puerta de
la redacción online.
Un posible fracaso sería
una excelente noticia
para todos aquellos que,
en lugar de trabajar por
una mayor transparencia
mediática, prefieren
mantener un férreo
control sobre cómo
funcionan internamente
los medios de
comunicación. |