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Estuve en el Palacio de
las Convenciones cuando
se constituyó la
Asociación Hermanos Saíz. En las páginas de
El Caimán Barbudo,
(¡ay, El Caimán,
siempre El Caimán
en mis momentos
profesionales
inolvidables!) se
publicó el buen
discurso de clausura de
aquella jornada.
Entonces, como he dicho
otras veces, éramos
felices y no lo
sabíamos: una botella
de Paticruzao valía tres
pesos y centavos; un
huevo, veinte centavos;
el socialismo mundial
para la gran mayoría
estaba ahí, al doblar de
la esquina, mis
muchachos y yo (es un
decir, algunos ya tenían
una que otra cana)
hacíamos una revista
alegre, audaz,
irreverente… en la que
tenían que ver
jovencitos que se
iniciaban en el arte de
escribir, como Ernesto
Fundora.
Fueran o no de la
Asociación Hermanos
Saíz, pero
principalmente los de la
Asociación, muchos
jóvenes hacían sus
pininos en las páginas
del Saurio y de
ahí saltaban para otros
haceres. Yamil Santana
es un ejemplo, publicó
su primer poema en la
revista y después devino
buen camarógrafo y por
ahí anda dibujando
imágenes con la cámara a
la par que crece como
papá de tres niños.
Los ejemplos de vínculos
caimaneros son múltiples
y por tal razón es que a
esa organización de
jóvenes la veo tan
cercana a mí. Alexis
Triana, al que aún
siendo estudiante le
dejaba páginas abiertas
del saurio esperando sus
trabajos, en el servicio
social fue a dar a Moa,
por solicitud propia en
el contexto de una
historia que algún día
se contará. Buen
periodismo y excelente
promoción cultural
hicieron que Alexis
enrumbara su vida
profesional dentro de
aquella región. Presidió
la AHS y ¡qué curioso!
el habanero de pura
cepa, a base de voluntad
y unir criterios,
rescató las
Romerías de
Mayo, una tradición
típicamente holguinera,
a las que nunca he ido
pero de las que escucho
historias falsas o
verdaderas de asiduos
asistentes como mi
querido Joaquín
Borges-Triana, el ciego
de mirada más certera
que he conocido en mi
vida.
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Romería de Mayo |
Leo con frecuencia en el
portal de la AHS textos
que hubiera querido
escribir yo, voy a algún
espectáculo en el
Pabellón Cuba y durante
los últimos tiempos me
encanta escuchar a su
presidente Luis Morlotte
que como siempre ha
sido, al representar a
los que se inician,
habla como lo hacen
quienes quieren
conquistar el mundo.
No sé por qué razón, al
no ser por mi condición
de caimanera (aún
irreverente y audaz,
perdonen mi inmodestia,
pero así lo siento), un
día Fernando Rojas me
invitó a un acto de la
Asociación. Él era
entonces su presidente.
Fui y allí me entregaron
un carné de miembro de
honor de la AHS. Quizá
sea el papel cuadrado
identificativo que con
más celo he guardado.
Porque si como dice
Bladimir Zamora ser
caimanero es tener una
actitud ante la vida,
pertenecer a la
Asociación es asumir un
reto permanente por
transformar el mundo,
esa actitud que
generalmente solo tienen
los jóvenes. Estoy
consciente de que no lo
soy, pero si la AHS
decidió tenerme en sus
filas, me concedió una
patente infinita para
seguir poniendo mi
pedacito en ese interés
de los muchachos y
muchachas de todas las
épocas de luchar por un
mundo mejor, y mucho más
hoy cuando la
incertidumbre de una
guerra destructiva se
cierne sobre todos
nosotros, y solo de
nosotros dependerá
conjurarla. |