La Habana. Año X.
15 al 21 de OCTUBRE
de 2011

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Meditación para un cumpleaños
Fernando Rojas • La Habana

El próximo 18 de octubre la Asociación Hermanos Saíz (AHS) cumplirá 25 años.

La conmemoración, para estar a tono con la naturaleza y los orígenes de esa organización, debería prescindir de cualquier ceremonial de tipo formal, eludir largos discursos y series de diplomas y reconocimientos. Los jóvenes cubanos, por demás, cada vez rechazan más claramente ese tipo de acto conmemorativo,  todavía abundante entre nosotros. El acto político público es algo que, por demás, necesita renovar sus códigos con frecuencia, como manera esencial de garantizar su eficacia.

El desenfado y la espontaneidad, el espíritu libertario, la vocación por lo novedoso y lo experimental son consustanciales a esta organización de creadores, porque lo son a cualquier juventud. En lo que a la Asociación Hermanos Saíz se refiere, no son poses, sino actitudes orgánicas sin las que sería imposible la vida de sus proyectos e iniciativas.

Quizá uno de los aportes más significativos de la AHS al escenario de la cultura cubana en este cuarto de siglo, haya sido la lograda conjunción de su naturaleza iconoclasta y beligerante con la seriedad y el rigor de la labor creadora y con el estímulo al debate cultural.

Los Estatutos de la Asociación Hermanos Saíz proclaman la fidelidad a la Revolución. Esta idea no es solo una declaración formal del Congreso de la organización: se ha discutido durante años, con la inmensa mayoría de los afiliados. Ningún directivo de la Asociación ha eludido la discusión de este principio, cada vez que se ha presentado. La consecuencia de un debate de este tipo no puede ser otra que el fortalecimiento del principio mismo.

A pesar de ello, la Asociación Hermanos Saíz no escapa al deterioro que han sufrido nuestros espacios de participación, aun cuando algunos tipos de estos espacios puedan haberse incrementado y diversificado. La ausencia de proyectos concretos en torno a los cuales esos espacios cobran vida no parece ser la causa. Por el contrario, uno de los signos de la vitalidad de la organización es la abundancia y diversidad de iniciativas en el campo del arte y la literatura.

Las posibles causas de determinado desinterés hacia el activismo social y político, en particular hacia el último, hay que buscarlas en las motivaciones, actitudes y conductas de los jóvenes, condicionadas, sobre todo y aunque huelgue esta perogrullada, por las circunstancias de su tiempo, de esta época.

A los jóvenes no les dice nada cualquier idea que parezca un lugar común. Están hastiados de la retórica, de la mojigatería y de la burocracia. La coincidencia entre la propaganda y la información deteriora inevitablemente la calidad y el impacto de esta última. No soportan la mínima explicación sobre la imposibilidad técnica o administrativa de acometer un proyecto, ni llamados moralizantes sobre asuntos del sexo y la convivencia que ven de manera muy diferente a sus mayores. Cultivan por todas las vías posibles, con fruición no siempre justificada y aún con denuedo el apego a las más contemporáneas tecnologías de la información. En ese dominio, como se sabe, no siempre son las posiciones más éticas y constructivas las que predominan. La alternativa a esta desventaja hay que construirla desde esas mismas tecnologías.

Lo más lamentable de estas carencias es que tienen expresión aun cuando se trata de ideas o de actos ética y profesionalmente correctos. El ejemplo emblemático es el del bloqueo estadounidense, existente, recrudecido, imperturbable: pero para algunos jóvenes, el uso indiscriminado de la palabra resulta chocante y a veces desmovilizador.

Tampoco son atractivas para significativos sectores de jóvenes muchas propuestas de nuestras instituciones, aunque a sus mayores parezcan necesarias. Los jóvenes suponen o razonan que esas propuestas, con harta frecuencia, están permeadas de la misma retórica y el mismo accionar burocrático rechazados. Lógicamente, los jóvenes buscan asociarse en otro tipo de agrupamientos o proyectos de vida y trabajo.

Los adversarios de la Revolución asocian estas tendencias con el fracaso del proceso. En una lectura de la realidad cubana que es ella misma propagandística, única y hegemónica en los grandes medios de comunicación, se repite hasta el cansancio un discurso que articula las carencias económicas con la apatía y se extrae de ello, con evidente intención manipuladora, la conclusión de que los jóvenes se vuelven contra la Revolución. Para hacer creíble el argumento, se aportan como pruebas las acciones de la contrarrevolución interna, minúscula pero muy ruidosa y bien provista. Seguir esta lógica y encontrarla a diario en cualquier medio de prensa aporta una visión coherente sobre la agresión contra Cuba, por demás ampliamente documentada, sin que seamos siempre capaces de mostrar esos abundantes documentos de manera creíble y efectiva.

Los jóvenes cubanos, al mismo tiempo, conviven con el imaginario que creó la Revolución, se alimentan de él, a pesar de desaciertos y distorsiones y, sobre todo, gracias a sus padres. Disfrutan los beneficios de los servicios sociales que son un logro de la Revolución, aun con las carencias y sin la conciencia de su costo. Los consideran un derecho natural. Reaccionarían contra cualquier limitación de esos beneficios, aunque no la asocian necesariamente como una consecuencia del cambio que se quiere imponer a Cuba desde Miami, Washington y Europa.

Una sana tendencia, ya apreciable, es el interés de muchos jóvenes en incorporarse al trabajo físico y productivo, a partir de la expansión del trabajo por cuenta propia. También es lógico y revolucionario que otros jóvenes se inquieten, opinen y discutan sobre los peligros que entraña la presencia de elementos de capitalismo, como consecuencia de la introducción del mercado.

El Gobierno Revolucionario ha enfrentado con valentía y profesionalismo una situación compleja, consecuencia del entorno internacional y de sus propios errores. Consciente de que el peligro de restauración capitalista está entre nosotros, con independencia de la agresión externa que no ha cesado, pero que por momentos adopta la táctica de la espera estimula la crítica y el debate. Estos no excluyen, sino más bien presuponen, que el perfeccionamiento del sistema implicará nuevas escaladas de participación ciudadana en las políticas económicas y en las prácticas a ellas asociadas, en la actividad política y en el debate de ideas. Es absurdo, sin embargo, debilitar el papel de la institucionalidad revolucionaria frente al agresor y sus cómplices y agentes, en gran parte abundantemente financiados con el dinero de los contribuyentes norteamericanos.

Los designios de la restauración según la visión de la ultraderecha han sido trazados con suficiente claridad y forman parte de la política del gobierno de los EE.UU. Están contenidos en documentos oficiales de ese gobierno forman parte de la legislación norteamericana y en la plataforma pública de los congresistas cubano-americanos y de las organizaciones contrarrevolucionarias de la extrema derecha de Miami. Establecen la provocación de desórdenes públicos y de un clima de ingobernabilidad. No importa cuán significativos puedan ser en términos de número: los medios de comunicación que se nutren estrictamente de la visión de los minúsculos grupos antigubernamentales dentro de Cuba se encargan ya de amplificar el más mínimo incidente. Lo que sigue ya ha sido visto recientemente en Libia.

Ni la concepción del estado revolucionario de Cuba, ni las perspectivas democratizadoras y socializadoras de la gestión tendrán como modelo al fracasado socialismo de la URSS y Europa del Este. Otras experiencias son estudiadas y consideradas. Pero Cuba seguirá su propio camino, el que garantice la soberanía, la independencia y el socialismo; el que se originó y se asienta en  la Revolución o las revoluciones que creó la nación y formó la conciencia política.

¿Cómo explicar esto a los jóvenes? Ellos mismos se lo explican o tratan de explicarse asuntos que les atañen tanto como al conjunto de la sociedad.

Una de las claves es la comprensión de la existencia del enemigo, rasgo distintivo del proceso de formación de la nación cubana.

Los orígenes de las intenciones norteñas de apoderarse de Cuba se remontan a la fundación  de los EE.UU., pero eso no dice nada a los jóvenes cubanos. Más aún: tan remota como la visión de los padres fundadores les puede resultar la descripción del inicio de las agresiones contra la Revolución desde la guerra de liberación y especialmente a partir del 1ro. de Enero de 1959.

No se trata de dejar de enseñar la historia, que no siempre se enseña bien, por cierto. Se trata de que solo con la historia no se convence. Y si esta es retórica, menos aún. Los jóvenes deben ser convencidos con su presente, con su experiencia vital.

La solidaridad y el culto al bien común son valores caros a los seres humanos. Cultivarlos sin retórica es un camino eficaz para acercar a los jóvenes al proyecto que se intenta continuar construyendo.

Pero el valor de lo colectivo no se hace entender sin la participación. Ante el deterioro de los escenarios de esta última y las carencias evidentes, que deberían convocarnos a todos a trabajar, aparecen y aparecerán, inevitablemente, diversas propuestas de acciones, proyectos e iniciativas, las más de las veces grupales. La tendencia natural de los jóvenes a agruparse según sus intereses lo explica sencillamente, sin dar más vueltas. Y muchas de estas iniciativas son completamente sanas, como es nuestra juventud, a pesar de los alabarderos del fracaso de la Revolución.

En esta perspectiva, la Asociación Hermanos Saíz tiene todavía mucho por hacer. El universo de la creación artística y literaria ha sido siempre y lo será cada vez más, fecundo en las más diversas iniciativas. Por su parte, la Asociación ha atesorado una rica experiencia en la interrelación de los proyectos individuales y colectivos de los jóvenes escritores y artistas con las instituciones culturales del país.

En los momentos actuales, esa experiencia deberá ser tenida muy en cuenta y desarrollada para lograr una mayor participación de los creadores en la necesaria transformación institucional y en el mantenimiento de una creciente y cada vez más atractiva y diversa oferta cultural.

Será también, de seguro, una contribución al impulso a la participación ciudadana, en las actuales circunstancias.

 
 
 
 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.