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Cuando la Asociación
Hermanos Saíz cumplió 15
años, escribí a
propósito un texto que
se llamó “Muchacha en
flor”. Dos lustros
después, poco tengo que
agregar a aquel. La AHS
sigue siendo un
espíritu, una manera de
enfrentar la creación
artística y el papel del
arte y la cultura en la
esfera pública.
Habría solo que agregar,
en su primer cuarto de
siglo, que esas
funciones se acrecientan
hoy en medio de un
contexto internacional
muy agresivo y
profundamente
interrelacionado con
Cuba, mientras que, en
el plano interno, las
nuevas transformaciones
en expansión, más los
agujeros y desgastes de
nuestro sistema
institucional, obligan a
repensar las estrategias
de trabajo.
Hoy la AHS debe vivir,
al mismo tiempo, la
angustia y el disfrute
de ser más inclusiva que
nunca, de romper viejos
y recientes
compartimentos estancos,
de ganar para ella a
todos los jóvenes que,
con talento artístico e
inquietudes sociales,
puedan encaminar su
accionar dentro de la
organización.
Conseguirlo implica
amplitud, agilidad,
visión, y también
recursos que, por vías
propias o mediante la
colaboración
interinstitucional,
deben estar dispuestos
con flexibilidad porque
las justas iniciativas o
los explosivos apuros de
un proyecto no pueden
siempre esperar por los
demorados plazos de una
pertinente
planificación.
Comprender esas
necesidades es crucial
en el presente para todo
el sistema de la
cultura.
Como en la antiquísima
pedagogía de los
oficios, no se puede
transmitir un saber ni
impregnar una conciencia
sin brindar y exigir, a
la vez, un espacio para
hacer. Tenido más como
el que brinda, el
artista es la más de las
veces el que recibe. En
ese contacto real se
compromete y crece.
Perseguir ese gozne
vital entre la creación
propia y la utilidad de
su cesión pública, ha
sido y es principio
permanente de la AHS. Y
es la mejor evocación
cotidiana a Luis y
Sergio Saíz Montes de
Oca.
En sus 25 años, como
clásica joven en
plenitud, antecedida por
esas mismas flechas
inscritas en la Brigada
de Instructores de Arte
“Raúl Gómez García”, en
el Movimiento de la
Nueva Trova y en la
brigada homónima, sin la
Asociación Hermanos Saíz
nos faltaría una parte
del espíritu que anima a
la cultura cubana. Motor
y polea, a su edad, no
necesita más cumpleaños.
Renuevo sí, renovarse
también, pero permanecer
eternamente joven.
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