La Habana. Año X.
15 al 21 de OCTUBRE
de 2011

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Sergio García Zamora
(Ranchuelo, Villa Clara, 1986)

Pájaro
 

El pájaro levanta la cabeza queriendo sorprender la vida, húmedo aún por el agua de los nacimientos. Era un monje en la blanca celda, un escuálido novicio; pero esta mañana Dios escuchó sus oraciones y lo trajo al milagro. No teman pues ante el frágil cuerpo ni los hinchados ojos que la luz no tarda en definir. Amen al cautivo libre de su penitencia por el suave tiempo que le es dado.

Con él vive la promesa de las alas.

 



Gato

 

Cómo pudo la bella forma sinuosa

tenerse en la penumbra de los cuartos,

descender del egipcio pedestal

hasta la humilde silla.

Miren respirar su altivez y su elegancia

sobre los frescos mimbres,

vuelto ahora el cotidiano misterio que espera

en el rincón insospechado.

Solo tú, Noche, devuelves majestad

a los ojos del vencido.

Quién imanta sus piernas cuando cae

–relámpago común, ágil escapista.

Quién lo hizo dócil a la mano en soledad.

Acaso Dios ensayaba al tigre.

Dónde pues, el gesto memorable

de los que adoran en la sombra de los siglos,

en las tardes atravesadas por el ibis;

sitio perdido ya en otro gesto de equívoca ternura

cuando leves lo espantan del sillón

y gato o caricia, la grácil forma se escurre

entre el calor y las cortinas

como una piedra sin sombra.

 


Cuervo

He visto esta mañana al cuervo.

En el ramaje de sus astas era la luz un pájaro.

Acaso fue un instante o una vida

los apacibles ojos fijaron una eternidad.

Esta mañana, madre, he cazado al ciervo.

Si buscas en mis ojos hallarás un bosque

y al fondo está él, mirando.

 


 

Grulla

 

Su estatismo conmueve a la soledad del que apunta, oculto entre las altas hierbas del pantano. Quien vio la grulla impasible como un signo en la áspera mañana de la infancia no podrá correr sin la orfandad de su pierna. Para ti hermano ha puesto Dios a la inmóvil bailarina. Él ha querido que aprendas esta lección grave: mira a la grulla, en todo cercada por el sueño de las aguas que anhelan subir y asfixiarla. No teme: ella es la eternidad, el reino instaurado.

Aun cuando dispares su espíritu será el mismo.

 


Cerdos

Mi padre, experto matarife,

daba hincadas a los cerdos

buscando el camino más corto hacia la muerte,

el corazón como una adivinanza;

hasta que las mujeres recogían la sangre última

y un ligero temblor sobre la carne

del animal –cuerpo solo–

porque el alma ya

habíase fugado con

con el grito.

 

Tomado de Calle B. Revista cultural de Cumanayagua.

 


Sergio García Zamora: Poeta. Ranchuelo, Villa Clara, 1986. Graduado de la carrera de Filología en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. Ha sido galardonado en los concursos Ramón Roa Gari en Décima (Cifuentes) y Zenón Rodríguez, 2007 (Cumanayagua). En 2009 obtuvo los Premios Antonio Hernández Pérez (Caibarién), Poesía de Primavera en los Juegos Florales de Ciego de Ávila, Mangle Rojo (Isla de la Juventud), Mención en el Concurso Hermanos Loynaz (Pinar del Río) y el Premio Calendario en Poesía, de la Asociación Hermanos Saíz. Poemas suyos han sido publicados en revistas de Puerto Rico y Guatemala, así como en publicaciones nacionales.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.