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segunda edición cubana de Piel negra, máscaras blancas,
de Frantz Fanon
Un libro de indiscutible actualidad
Rafael Rodríguez Beltrán • La Habana

Espero morir antes que se abandone la práctica de editar libros que se elaboran con materias próximas a la naturaleza. Es algo que deberán perdonarme los ecologistas a ultranza. Por eso siempre disfruto desde el público y a veces, como en esta ocasión, desde la mesa, la presentación de un nuevo volumen de filiación tradicionalmente guttenberguiana que, al hojearlo, exhala aromas de bosque con las que se entremezclan insólitas alquimias de tintas y pegamentos. Cuando es un nuevo texto, a ese placer, decididamente sensual, se sumará el misterio de lo que nos depara su lectura. Entonces, si el libro es, además, uno de esos que ya viven en el vasto mar del saber compartido, y sobre todo si lo poseemos ya en alguna edición anterior, tal vez no nos asalte de inmediato el deseo de poseer el fresco volumen pero, inevitablemente, veremos si esta nueva edición contiene otras informaciones con que la nuestra no cuenta: prólogo, notas, correcciones a impresiones anteriores, si el papel es de mejor calidad, si el diseño editorial es estéticamente más atractivo y en fin acabamos por adquirirlo para que después de leído, releído o estudiado engrose las metástasis bibliográficas que ya se nos han producido en el comedor, el balcón, la cocina, para no hablar del amontonamiento de nuestra biblioteca, si la poseemos, de las colinas y hasta de las montañas con que cohabitamos en nuestro dormitorio y hasta de pequeños receptáculos y rincones de menor prestigio de que casi siempre disponen nuestros domicilios. 

Es el caso del texto que hoy presentamos. Se trata de uno de esos libros que no pierden su indiscutible actualidad. Al respecto, estudiosos mejor preparados que el que les habla han puesto, ponen y pondrán de manifiesto durante el transcurso de esta semana las excelencias de este primer opúsculo de Frantz Fanon que, parafraseando a Corneille, es un autor para quien les coups d’essai equivalen a des coups de maître, dado que, desde su primera publicación se convirtió de uno de esos textos de los que una época no puede prescindir y que ya desde esos instantes iniciales el lector menos avezado pudo constatar que sus páginas venían para quedarse, no ya sepultadas en librerías y bibliotecas o en las abundosas bibliografías de múltiples ensayos consagrados a los encuentros y desencuentros entre grupos raciales, sino para formar parte de nuestro diálogo cotidiano.

La primera edición cubana tuvo lugar en 1968, diez años después de que viera la luz en Francia. Los jóvenes lectores de entonces, que nos iniciábamos en las lecturas más comprometidas provenientes de África o del Caribe francófono, las obras de Senghor, Césaire y Glissant entre otros, y con la experiencia de una discreta producción literaria de inspiración afrocubana producida en nuestro propio país desde la primera mitad del siglo pasado, recibimos el impacto de este violento volumen que nos estaba dirigido a todos por igual. Fue muy provechosa entonces su lectura y creo que también supimos aquilatar su valor en medio de las circunstancias de aquel momento.

Unos 20 años después de la primera edición francesa y diez después de la cubana, estando en un país africano cooperando con el Ministerio de Educación y Cultura, un día tuve que hacer una gestión en la biblioteca de la universidad de la capital para trasladar una gran cantidad de libros. Cuando abrí la puerta del vehículo que me transportaba, observé una pequeña víbora de intenso y reluciente color negro, que transitaba entre el contén y el asfalto; le pregunté al chofer, oriundo del país, si era peligroso salir del auto en ese momento y me respondió que podía hacerlo sin cuidado. Una vez en la acera, a unos 30 centímetros del animalito, le pedí al chofer que me acompañara, pues debía ayudarme a cargar los muchos libros que necesitaba. Tranquilamente me respondió: “yo no puedo salir pues la serpiente sigue ahí”. “Pero —le respondí al mismo tiempo que me alejaba prudentemente del no menos cauto ofidio— me aseguraste que no habría peligro”. Y el chofer me afirmó con toda convicción: “Es que la serpiente solo muerde a los negros”. 

Contra esa mentalidad colonizada del africano reacciona Fanon, pero también contra la mentalidad de aquellos que no evidenciamos físicamente nuestros vínculos de índole muy diversa con África y, en ese sentido, este, su primer texto, se recomienda por sí solo. Además, la Editorial Caminos ha sabido hacer una hermosa edición enriquecida con el interesante prólogo de Roberto Zurbano. En él, tanto el lector más joven, como el de más experiencia encontrarán informaciones muy pertinentes sobre la vida y la obra de este autor, así como acerca de su actualidad, puesto que se nos habla de Un manifiesto de la esperanza revolucionaria también para el siglo XX, opinión que, por supuesto, comparto en el sentido, no ya de su asimilación pasiva, sino de su interpretación creadora en las circunstancias actuales, idea esta implícita en el prólogo. Es cierto que hoy las condiciones en que se produce esta reedición son diferentes, por lo que el lector de estos días, a más de medio siglo de la aparición del libro, podrá realizar una lectura enriquecida por el contexto social en que vivimos, en el que acaso podamos contar con algún que otro avance en el conflicto medular que plantea, pero en el que también queda mucho por hacer tanto en nuestro ámbito caribeño como en una dimensión espacial mucho más amplia que implicaría a toda la humanidad.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
“Actualidad de Frantz Fanon: hacia
un humanismo renovado”  

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.