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Conversando con Tassadit Yacine…
¿Humanismo vs. violencia?:
otra vez preguntamos por el África de Fanon
M. G. Lavandero • La Habana
Fotos: Abel Carmenate (Casa de las Américas)

Frantz Fanon se interrogó en su tiempo sobre la violencia y hoy, a más de medio siglo de la beligerancia norafricana que incitara sus reflexiones, también nos preguntamos. Cuando los linchamientos en la plaza pública toman asiento en nuestra cena familiar, el martiniqués regresa como una bofetada; escandaloso, quizá, como su discurso a los “hombres de cultura” en París. En el siglo XXI, las guerras tampoco son el juego infantil de los soldaditos y, como un iceberg, lo que muestran al exterior es apenas una ínfima parte de sus resortes más intestinos, de la psiquis del hombre que empuja, con toda su razón lícita o execrable, el corcho de la liberación.    

Enfrascado en aliviar física y espiritualmente al pueblo argelino, largamente desangrado con cada eslabón francés que se arrancaba del cuerpo, Fanon “fungió como un espejo, proyectando desde dentro la realidad de un contexto de descolonización”. Tassadit Yacine1 es hija de esa tierra y admite que el psiquiatra estuvo “entre los primeros intelectuales en asumir la escritura de la violencia en directo, sin tapujos. Algunos se acercaban de manera más tibia a la guerra de Argelia, algunos periodistas hacían referencia a lo que podía percibirse desde la distancia; pero la mayoría de ellos permanecían ajenos a las pulsaciones del pueblo mismo. Fanon tenía esa posibilidad como médico: al mismo tiempo, atendía a enfermos de violencia espiritual y a enfermos de violencia física”.

Cuando en el Primer Congreso Internacional de Escritores y Artistas Negros (París, 1956) expuso con su voz suave pero precisa, las conexiones entre racismo y cultura, no pocas veces fue interrumpido por aplausos cerrados; pero cuando, casi al terminar, interpeló a “los hombres de cultura” allí reunidos sobre el rol que les correspondía en este tipo de procesos, la intervención de Fanon se convirtió en la única que no generó debate alguno. La polémica dualidad humanismo y violencia en su obra, advertida más tarde por sus estudios, salía a la luz en aquel discurso plagado de alergenos.

A Yacine le ha resultado interesante, dentro de esa perspectiva, entrar a los textos de Fanon por su dupla cultura-violencia: “la cultura permite al colonial imponerse, apoyándose en la inferioridad supuesta de las poblaciones colonizadas. Fanón estaba convencido, por ejemplo, de que el argelino debía recuperar su cultura en dos vertientes, para ser, plenamente: primero, la cultura como arma de interiorización; luego, como reapropiación del individuo en sí mismo. Solo la cultura respetada podía formar al hombre nuevo”.

“Primero, partió de su propia experiencia como negro en una colonia francesa; pero pudo analizar esta noción de cultura a partir de su práctica científica, mientras la filosofía le aportaba otro nivel de comprensión. Este tipo de acercamiento aún es muy escaso. La academia estudia los procesos de guerra tomando distancia, como un ejercicio académico; pero para Fanon, se trataba de una experiencia vital y de un reclamo ético: tenía que encontrar un remedio para la población en guerra. Y se implicó, como pocos hacen”.

En Argelia, Frantz Fanon halló suelo fértil para indagar por los sujetos, por lo que ocurre en la psiquis de un hombre con sensación de encierro, humillado y forzado a asumir su inferioridad respecto a otros. Desde ellos, leyó los signos culturales que salen a flote y se desdibujan en múltiples sentidos, cuando se desata una guerra de liberación. Yacine prefiere explicarlo a partir de su visión sobre la mujer argelina: “como sujetos discriminados, forman parte de esa visión colonial, esclavista incluso, hoy reproducida en otras expresiones. El velo, como signo cultural, era al mismo tiempo tradición y acto de revolución. Durante la guerra, las mujeres se servían de ellos para ocultar las armas y de esa manera participaron del proceso. Las situaciones no son nunca inamovibles, mucho menos cuando hablamos, como Fanon, en clave cultural”.

¿Cómo asumir entonces, en nuestro tiempo, la visión de un hombre que fue capaz de incorporar a su pensamiento y a su praxis dos propuestas, a primera vista, tan contradictorias? Para el siglo XXI, ¿humanismo o violencia? ¿Son necesariamente opciones contrapuestas? ¿A qué humanismo apelamos como sustitución de la violencia? En ese caso, ¿quién propone el modelo? A 50 años de la muerte del autor de Los condenados de la tierra, el norte de África vuelve a ser el escenario donde se cruza la interrogante. Y Fanon sigue proponiendo rutas, desde el pedazo de tierra argelina que le arropa.

 

Nota:

1- Directora de estudios en la Escuela de Estudios de Ciencias Sociales (Francia) e investigadora del Laboratorio de Antropología Social (Francia). En 1985 fundó, junto con Mouloud Mammeri y el apoyo de Pierre Bourdieu, Awal, revista de estudios bereberes de la cual es, actualmente, su directora. Se encuentra al frente de dos seminarios de investigación: uno, sobre la antropología de la dominación en las sociedades bereberes; otro, cosupervisado por Sonia Dayan-Herzbrun, sobre las relaciones de género en el Magreb y Macxhrek. Es autora de varios libros sobre las sociedades bereberes y ha participado en obras colectivas sobre Pierre Bourdieu y la colonización de Argelia.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
“Actualidad de Frantz Fanon: hacia
un humanismo renovado”  

   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.