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La villa de Puerto
Príncipe se inicia en la
prensa
La actual Camagüey,
fundada en el verano de
1515 con el nombre de
Santa María del Puerto
del Príncipe, cuna de
poetas —Doña Gertrudis
Gómez de Avellaneda,
Nicolás Guillén, Emilio
Ballagas, Severo Sarduy,
entre otros nombres— vio
brotar su primer papel
en 1812, en uno de los
breves momentos de
libertad de imprenta que
decretaba la metrópoli.
Lo fundó y editó Mariano
Seguí, introductor de la
imprenta en la villa.
Llevaba un nombre
poético, no faltaba más:
Espejo de Puerto
Príncipe, como se
lee en el número cinco,
correspondiente al 10 de
junio de 1813. Algunos
afirman que este papel
ya salía en 1810 en
forma manuscrita,
fundado por Antonio
Guerra y Gordo. Acusado
de “libelo injurioso”,
fue denunciado en varias
oportunidades por el
teniente gobernador de
la provincia como
“denigrativo de su
persona [...] por
atribuirle ideas de
Revolución y
deslealtad”. Esta
publicación desapareció
el 24 de octubre de
1816.
De otro Espejo se
tienen noticias en 1814:
Espejo diario,
cuyo primer número
apareció el 1ro. de
junio, también editado e
impreso por Seguí, con
el añadido de una viñeta
que reproducía un
espejo. Allí aparecieron
noticias que “no eran
muy propias del
periódico [...] como las
que contenían por objeto
[sic] conocer por signos
si el embarazo de las
hembras contenía seres
del sexo femenino o
masculino”.
En 1819 apareció la
Gaceta de Puerto
Príncipe, órgano
oficial del gobierno
militar. Fue fundada por
el habanero Antonio
Guerrero. En sus
columnas se dio a
conocer como escritor el
camagüeyano Gaspar
Betancourt Cisneros, más
conocido por su
seudónimo El Lugareño,
asiduo colaborador,
quien entre 1837 y 1842
no dejó un solo día de
firmar, con el
mencionado seudónimo,
artículos que trataban
sobre temas de interés
común, además de que
abogaba por reformas
morales. Dedicó especial
atención al ferrocarril
de Nuevitas y abogó por
el fomento de la
población blanca.
Respecto a estos
artículos expresó
Domingo del Monte en un
artículo titulado
“Movimiento intelectual
en Puerto Príncipe”,
publicado en 1838 en las
páginas de El Plantel:
“También la prensa
periódica ha recibido en
Puerto Príncipe, de poco
tiempo a esta parte, una
mejora notable. Los
artículos que se
publican en la Gaceta,
con el nombre del
Lugareño, pueden
presentarse como modelos
en su clase; tan ligero
y cortesano es su
estilo, y tan oportunas
y naturales son las
gracias de su lenguaje.
Ese excelente patricio,
que según noticias,
pertenece por su caudal
y su cuna a lo primero
de Puerto Príncipe, se
ha propuesto reformar
las costumbres de su
adorado Camagüey, y al
paso que da duro sobre
todas ridiculeces,
errores vulgares y
preocupaciones que
presenta y debe
presentar una sociedad
como aquella, se le
trasluce cierta ternura
y cariño por el mismo
pueblo a quien critica,
que bien se le conoce
que lo hace como un
padre, que aun
amonestando es amoroso.
En el año 1821 pasó a
denominarse Gaceta
Constitucional de Puerto
Príncipe y al
abolirse la Constitución
en 1823 se convirtió,
prácticamente, en el
único periódico que
quedó a salvo en la
ciudad. Fue diario desde
1845 y los domingos
repartía, en pliegos
sueltos, La Semana
Literaria,
sustituida poco después
por un Boletín de
Ciencias, Arte y
Literatura, que
mensualmente regalaba a
sus abonados.
En mayo de 1821 circuló
por breve tiempo, y sin
que se tengan noticias
de él, El Lince
Principeño, y en
julio El Instructor
General, poco
después titulado El
Instructor de
Puerto Príncipe. En
tanto El Patriota
Principeño comenzó a
ver la luz el 4 de abril
de 1822. Se subtituló
“Diario político,
científico y literario”
y tenía como lema
“Reynado [sic] de la
razón”. En el frontis,
como había libertad de
imprenta, se dieron el
lujo de tomar de la
Biblia una frase de
Isaías (Capítulo 14,
versículo 5) que debió
levantar muchas
sospechas a las
autoridades españolas:
“Dios el cetro rompió de
los tiranos
Que en su furor asolan a
los pueblos.”
Salía los jueves y
domingos de cada semana
y su impresor fue José
Minuese, dueño de la
Imprenta Patriótica,
encargado también de
imprimir las actas del
Ayuntamiento. Por
cierto, en uno de los
números de El
Patriota... le
reclamó a esta
institución oficial los
adeudos que con él
habían contraído por la
sistemática impresión de
esos documentos.
El año 1823 se inauguró
en Puerto Príncipe con
la aparición, el 8 de
enero, de El Zurriago
Principeño,
periódico que “se
reparte los miércoles y
viernes de cada semana y
tiene suscripción
abierta por ocho
reales”. Se imprimió en
la imprenta del antes
mencionado Minuese. En
el número cuatro,
correspondiente al mes y
al año antes citado,
figura una simpática
“ADVERTENCIA: Sres.
Suscriptores al
Zurriago: el
individuo encargado de
él ha cesado desde hoy
de serlo. Otra pluma
mejor cortada seguirá
romanceándolo conforme
le ha verificado en los
discursos que anteceden
y entre tanto queda de
ustedes su afectísimo
servidor. Ex redactor”.
Los colaboradores de
El Zurriago...,
palabra castiza cuyos
sinónimos podrían ser
látigo, fuste, azote,
prefirieron escudarse en
campechanos seudónimos:
Vela, Pabilo
con sebo, El
Pentapoli, El
lancero de los llanos,
La Pala, Un
antitirano. Y ello
fue absolutamente
necesario, pues allí se
pueden leer artículos
que, aunque de cierto
tono burlesco, tenían un
subido sabor
antimonárquico. Una
muestra:
“Sabemos que pertenece a
la sociedad realista
absoluta de la
Esmeralda, es decir a
esa gavilla de
hipócritas, egoístas,
que quieren vivir a
costa de la infeliz
patria, y continúan cada
vez con más descaro sus
inicuos planes escudados
con el santo nombre de
Constitución, y
dirigiéndose a
destruirla por el
sendero que les traza
nuestra patria. Alerta
pues ciudadanos: alerta:
no olvidéis que el
blanco a que asesta sus
tiros esa horda de
orgullosos sin patria,
ese aborto inmundo y
asqueroso de la flor y
nata de los seres viles,
es la benemérita Puerto
Príncipe, y sus hijos
más predilectos. Pero
miserables. El día que
os manifestéis
francamente: el día que
oséis salir de esas
ignominiosas cavernas,
será la aurora de dicha
para los Principeños, y
aprenderéis a costa
vuestra que el pueblo es
el soberano!!!”
Al ser abolida la
Constitución Española en
1823, El Zurriago
Principeño, como la
mayoría de los
periódicos surgidos en
Cuba al calor de la
efímera libertad de
imprenta, fue suprimido.
Al parecer hubo hasta un
papel que circuló con el
nombre de El
Zurriaguito,
desaparecido también en
1823, pero el dato no ha
podido ser confirmado.
Varias autoridades
civiles de Puerto
Príncipe interpusieron
demandas judiciales
contra este papel, pues
vieron afectados sus
intereses morales por
las arremetidas que
contra ellos daba el
periódico, que fue
acusado de cometer
“eccesos” [sic]. Hubo
enérgicas protestas de
la gobernación
provincial, pero no se
clausuró. La
restauración monárquica
se encargó de hacerlo.
Entre las valiosas
curiosidades que atesora
el Archivo Nacional de
Cuba figura el número
35, correspondiente al
15 de julio de 1823, de
uno titulado El Amigo
de la Paz,
subtitulado “Periódico
de Puerto Príncipe”,
sobre el cual no hay
ninguna noticia, excepto
las que arroja el propio
periódico. En él puede
leerse que se publicaba
los martes, jueves y
sábados, “con materias
de oficio”,
disposiciones
gubernamentales, actas
del ayuntamiento,
etcétera.
Más avanzado el siglo
xix, entre 1866 y
1868,
la todavía
llamada Puerto Príncipe
tuvo un periódico
literario, semanal,
fundado por Emilio
Peyrellade: El Céfiro,
que estuvo dirigido por
dos mujeres, escritoras
ambas, Domitila García y
Sofía Estévez. En 1859,
residiendo en
Manzanillo, la primera
se había iniciado en el
periodismo como ayudante
de su padre, y después
de crear El Céfiro,
fundó, en La Habana,
Eco de Cuba
(1869), El Correo de
Damas (1875) y La
Crónica Habanera
(1875). Por su parte,
Sofía Estévez era una
discreta poetisa, años
después incluida por
José Martí en su
antología Los poetas
de la guerra (1893).
Fue además periódico de
modas y costumbres y
fungió como portavoz de
la Sociedad Popular de
Puerto Príncipe. Aunque
de esta publicación se
conservan pocos números,
publicó varios trabajos
de interés para la mujer
y narraciones firmadas
por seudónimos:
Elvira, Rufina,
La guayabera y
La yumurina, entre
otros. En sus
páginas Sofía Estévez
publicó, en entregas
sucesivas, sus novelas
“Alberto el trovador” y
“Doce años después”.
Sobre El Céfiro
dijo años después
Domitila García en su
Álbum poético
fotográfico de
escritoras y poetisas
cubanas (1878):
“Por su índole, por ser
el primer periódico
redactado por dos
jóvenes que apenas
traspasaban el umbral de
la vida, con carácter
representativo social,
la empresa tuvo una
acogida entusiasta en
toda la Isla; pero a los
dos años de esparcir
El Céfiro su soplo
dulce y perfumado... ¡El
huracán de la guerra
abatió sus alas...!”.
Libertad de prensa
siempre efímera, guerra
—en este caso la del
68—, fueron causas de la
decadencia momentánea de
la prensa camagüeyana.
El Fanal, fundado
en 1844, órgano oficial
del cabildo de Puerto
Príncipe y defensor de
los intereses españoles,
fue de los pocos que
sobrevivió. Una vez
finalizada la contienda,
volvieron a la carga los
camagüeyanos con nuevos
periódicos. La tierra de
poetas no podía quedarse
sin voz. |