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Entrevista con Luis Miret

Subasta Habana, en defensa de nuestro patrimonio

Yinett Polanco • La Habana

Fotos: R. A. Hdez

En el mundo de las artes plásticas cubanas, uno de los acontecimientos más esperados la próxima semana es la Subasta Habana, que tendrá lugar el 2 y 3 de noviembre venidero. Las 110 obras de 44 artistas cubanos de la década de 1920 a la actualidad que participarán en la puja, provienen de colecciones privadas y están valoradas en 1, 2 millones de dólares. Entre las piezas resaltan “Guitarrista” un óleo de Mario Carreño, de 1945; “Meditación en la cascada del río azul”, de 1996, de Tomás Sánchez; “Brujo”, de 1945, de Portocarrero; “S/T”, de 1963, de Raúl Martínez, y “Gran huevo”, de 2011, de Fabelo.

Desde su surgimiento en 2002, Subasta Habana ha logrado posicionar y valorizar el arte cubano en el mercado internacional. Para su director, Luis Miret, esta es “una opción para el coleccionista privado radicado o no en Cuba, porque las colecciones institucionales compran piezas respaldadas por la nueva ley de coleccionismo institucional, emitido por el Consejo Nacional de Artes Plásticas, que promueve en Cuba la adquisición, la salvaguarda, cuidado, preservación y promoción de esas obras.

“Subasta Habana es un instrumento para que el coleccionista privado o el artista puedan vender sus obras al mejor precio, pagando los impuestos por ingresos personales establecidos en el país, con una bonificación de un 20% como estimulación del Estado. Primero se hace un contrato como norma de depósito si la obra tiene que pasar por la Comisión de Patrimonio para establecer su autenticidad, procedencia, viabilidad o no de venta de esa obra, por si tiene que ser adquirida por el museo. Después que se apruebe que se comercialice, se firma un contrato de consignación. Las normas establecidas de porcentaje tanto para el vendedor, como para el comprador están en el sitio web www.subastahabana.com, también se encuentran en los catálogos que edita la casa subastadora, en español e inglés. Todas las relaciones contractuales son públicas y se encuentran disponibles en la web y en los catálogos.

“Nuestra experiencia nos dice que cuando se nos acerca un nuevo coleccionista debemos ser transparentes y describirle qué ha sido Subasta Habana desde un inicio y en última instancia ponerlo al habla con algún coleccionista que ya haya vendido para que constate que nuestro trabajo es serio, profesional y lo que decimos es real.

Se ha catalogado a esta edición como la Subasta de las joyas, por la cantidad de obras importantes que se han inscrito.

Empleé ese término partiendo de criterios de expertos cubanos que están relacionados con Subasta Habana desde sus inicios, los cuales me llamaron la atención por la manera que se expresaban. El término de joya no se refiere al valor de las obras, sino a la calidad y rareza de algunas de ellas. Por ejemplo, tenemos artistas como Jaime Valls, que este año es portada, de quien nunca habíamos podido presentar ninguna obra, solo en el décimo aniversario presentamos por primera vez una obra suya. Tenemos obras muy tempranas de Amelia Peláez, de 1924, igualmente de Servando Cabrera, de 1945, de Romañach hay una que, aunque es un lienzo, se considera un boceto del fresco del actual Museo de la Revolución. Una caricatura de Alicia Alonso, de Juan David, de 1949, que es de las obras a las cuales se le va ejercer el derecho de prelación —o sea, quedará aquí y pasará al museo espero que al de la Danza, que es donde debe estar.

Catalogábamos esta Subasta como joya, mirada desde el punto de vista de rareza. Podemos hablar de la preciosa pieza de Tomás Sánchez, que no es primera vez que está en subasta, pero nunca con una obra de esa calidad; habría que incluir también una obra de Mario Carreño, la de mayor valor del evento, que viene de una colección francesa, anteriormente habíamos tenido otras de Mario Carreño pero nunca lienzos y coincide que en estos últimos tres años los precios de sus cuadros se han disparado, hubo uno que se vendió en 2,2 millones en subasta en New York y eso, por supuesto, cambió todo el valor de su obra.

¿Cómo es la correlación de artistas vivos y/o contemporáneos con los de la vanguardia, por ejemplo?

Presentamos obras de los contemporáneos, muy raras en el mercado. Nunca habíamos presentado una obra de Osvaldo Yero, y esta es muy curriculada, ha estado en varias exposiciones de principios de los 90. Tenemos una pieza instalativa de Carlos Garaicoa y una serie de fotografías que rescatamos junto con el artista que estaban en depósitos de exposiciones itinerantes.

La Subasta la entendemos como un elemento de certificación de nuestros artistas, como un elemento que promueve pero sobre todo certifica. Eso quiere decir que aunque la obra no se venda a un precio determinado, queda en un registro público que luego se puede consultar en Cubanprices o en el propio sitio de Subasta Habana. Los artistas más reconocidos de los llamados de antes de la Revolución o artistas ya fallecidos, constituyen una de nuestras principales líneas de trabajo, porque tienen un camino andado en el mercado internacional, aunque del mismo modo nos encargamos de promover artistas que son importantes en la creación cubana pero que nunca tuvieron la oportunidad de ser cotizados dentro del mercado como Servando Cabrera, Raúl Martínez y Julio Girona, que no tenían precio en el mercado previamente a nuestro trabajo.

El arte contemporáneo representa entre un 20 y un 30% de las obras que se subastan. En todos los casos, lo importante para llevar una pieza a una subasta es la propia pieza, debe ser rara, aun cuando sea de actualidad —de este año o de hace poco tiempo—, debe ser una pieza digna de poner en una subasta porque si no se vende en un taller o una galería. Por otra parte, está el tema de la certificación de los precios, muy pocos artistas contemporáneos tienen una estabilidad en precios y sobre todo una sistemática presentación, no en subastas sino en otros espacios que influyen en el mercado como las Bienales, las exposiciones en museos y galerías internacionales. Destaco el caso de Carlos Garaicoa, de Tomás Sánchez, de Fabelo. Vemos artistas nuevos como Glenda León, muy joven pero que está trillando un camino muy interesante, y en otras ocasiones hemos puesto a artistas como Adonis Flores, con una demanda de su obra que permite o estimula que lo presentemos en Subasta Habana.

Es nuestra intención incluir artistas contemporáneos, pero debemos tener cuidado porque son artistas vivos, con una carrera en desarrollo y no queremos que se le haga daño desde una casa de subasta vendiendo obras con bajo precio como está sucediendo en la subasta planificada para el próximo 16 de noviembre en Phillips de Pury, la tercera casa de subastas más importante del mundo, donde están artistas nuestros con precios muy por debajo de los que hemos logrado aquí o incluso de los que logran en galerías. La Subasta se crea entonces como un mecanismo de apoyo y de organización desde Cuba y en defensa de nuestro patrimonio artístico internacionalmente.

Las subastas son un mecanismo común en el mercado del arte internacional. ¿Cree que ello pone en peligro el patrimonio cultural de una nación?

Hay quien nos ha preguntado incluso si no nos duele que estas obras salgan de Cuba. La mayoría de esas personas desconoce quizá que las principales obras de nuestros artistas permanecen en el Museo Nacional de Bellas Artes formando parte del verdadero patrimonio de la nación. Muchas de las obras en subasta provienen de colecciones en el extranjero. Estamos convencidos de que algún día, por distintas vías, una buena parte de lo más valioso de estas piezas regresarán a Cuba, como ha sucedido en otros lugares donde también defienden la conservación del patrimonio.

Como decía Eduardo Galeano, a Cuba se le mira con una lupa. Estamos ante el hecho de un proceso que funciona en el mundo de modo natural, pero al hacerlo nosotros algunos nos ven queriendo encontrar algo negativo, o desconfiando de lo que informamos, pareciera que es algo inherente a una zona de los medios de comunicación que nos mira con esa lupa cuando se trata de Cuba. A veces la lupa no ve nada, pero de todos modos dicen que algo no está bien.

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.