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El Festival
Internacional de Teatro
de La Habana abrió sus
puertas una vez más al
teatro de títeres, que
generalmente es abrir el
espacio para el público
infantil como principal
destinatario de los
espectáculos. Escribo
“generalmente”, pensando
en que no siempre el
teatro de títeres está
exclusivamente dedicado
a los niños. La 14
edición del evento
habanero incluyó a los
muñecos desde su
apertura, esta vez
mediante la Compañía de
marionetas Hilos
Mágicos, muy activa en
el performance
inaugural, que bajo el
nombre de
Extravagantia
organizó la actriz y
directora teatral
Antonia Fernández.
El abanico de puestas en
escena para los
pequeños, invitadas a la
principal cita de las
tablas en la Isla,
mostró el panorama
multicolor de esta
manifestación a nivel
nacional. Lo mismo
vinieron grupos de
Guantánamo, Las Tunas,
Sancti Spíritus, Villa
Clara, Cienfuegos y
Matanzas, que de las
nuevas provincias
habaneras. Sin embargo,
la mayoría de colectivos
presentes en la
cartelera del festejo
escénico fueron de la
urbe capitalina. Esto no
quiere decir que en
Pinar del Río, Isla de
la Juventud, Camagüey,
Ciego de Ávila, Holguín
o Granma, haya ausencia
de calidad y cantidad de
títeres y titiriteros;
pero un festival es un
festival y no todo puede
estar presente, vaya en
esta última frase el
criterio subyacente
sobre cualquier
selección, acerca de
ausencias que no
debieron ser y
presencias que tampoco
se justifican. De todo
hay en un certamen cuya
participación de las
compañías depende del
juicio de una persona o
un comité organizador.
Habría que preguntarse
si el número de puestas
invitadas se refieren, a
nivel de curaduría, a la
presentación de un
paisaje representativo
de los retablos cubanos,
o a los montajes más
sobresalientes
artísticamente en el
período que abarca de un
festival a otro, o
simplemente se afinca en
nombres de
personalidades y
agrupaciones destacadas
del género, cuya obra
puede, por dicha
trayectoria, ser
escogida para estar en
una cita, que se precia
esta vez, de convocar un
teatro urgente, cuyo
objetivo es
“…convertirse en una
herramienta para
provocar una reflexión
sobre nuestras
circunstancias…”, según
afirman las palabras de
Bárbara Rivero,
teatróloga y
vicepresidenta del
Consejo Nacional de
Artes Escénicas, y a su
vez directora artística
del Festival.
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La
cucarachita
Cuca,
Guiñol
de
Guantánamo |
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En esa urgencia, que
lleva tanto de angustia
como de compromiso, los
muñecos dijeron presente
desde múltiples
perspectivas teatrales.
Como soy juez y parte en
este comentario, al
tener dos montajes en la
amplísima programación
del evento, no voy a
referirme
apreciativamente, por
supuesto, ni a
Pinocho corazón madera,
versión actual sobre
los destinos del famoso
muñeco de Collodi, visto
a través de la
dramaturgia del poeta y
crítico Norge Espinosa,
ni a Canción para
estar contigo, el
musical que con figuras,
danza, cine, música y
literatura, dirigí a la
reconocida soprano
Bárbara Llanes, junto
con Danza Espiral y mi
Teatro de Las
Estaciones. Haré un
repaso sobre las
diferentes temáticas de
los espectáculos, y
sobre personajes
sempiternos que en una
zona u otra del país
siguen diciendo cosas a
los creadores y al
público. “La Cucarachita
Martina”, por ejemplo,
cuento anónimo popular
de todos los tiempos,
inspiró tanto al Guiñol
de Guantánamo (La
cucarachita Cuca)
como al grupo
Parabajitos (Otra vez
la cucarachita…), de
Sancti Spíritus. Ambos
colectivos, han recibido
en otros festivales y
concursos del país el
aplauso de los
espectadores. El trabajo
de estos muy jóvenes
artistas contiene
frescura dramática y un
futuro promisorio,
destino que deberá
completarse mediante la
conquista de los cientos
de caminos que nos
plantea el teatro
titiritero en el siglo
XXI. También por los
senderos de la
literatura, la inquietud
y la lozanía de edad,
aparecen en la muestra
nacional los muchachos
del Frente Infantil del
Teatro Escambray. El
sinsonte y el rosal,
es su montaje
iniciático, una
representación
titiritera y actoral que
apela a la narración
original de Oscar Wilde,
El ruiseñor y la
rosa, para hablar
desde una versión otra,
de amores, cubanía y
sentimientos
encontrados.
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Pinocho, corazón
de madera,
Teatro de Las Estaciones |
En esta misma cuerda de
aprovechar la gracia y
el encanto de personajes
clásicos literarios,
para revisitarlos de
manera originalísima, se
encuentra Pico sucio,
del grupo Retablos,
de Cienfuegos. Desde la
sencillez y la eficacia,
salen triunfantes los
títeres y los niños,
destinatarios del
ingenio y el talento de
un siempre entregado
Christian Medina. No las
he visto aún, pero las
puestas en escena
Mowgly, el mordido por
los lobos, de Teatro
La Proa; El gato de
Lilo, del novísimo
Teatro de Títeres El
Arca, y El príncipe
que jugaba a las casitas,
del Teatro de La Villa,
auguran por sus asuntos
un tratamiento sugerente
del mundo infantil, a
partir de las historias
de Rudyard Kipling,
Charles Perrault y la
escritora cubana Magaly
Sánchez. En todas, es el
infante el centro de
atención de la propuesta
teatral, a partir de
diferentes técnicas de
animación, el uso
importantísimo de la
sonoridad y sobre todo
de sus problemas
esenciales en relación
con las circunstancias
sociales. Cierra dentro
de la muestra del 14
Festival habanero, el
acercamiento a los
orígenes narrativos de
los espectáculos la obra
Historias con
sombrillas, de
Teatro Pálpito, al decir
de la crítica y el
público, una divertida
versión escénica de
Maikel Chávez, a partir
del cuento Las
viejitas de las
sombrillas, del
escritor Manuel Cofiño.
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Mowgly, el
mordido por los
lobos,
Teatro La Proa |
Personajes célebres de
la historia nacional y
universal, también
dijeron presente en la
muestra de teatro para
niños de Cuba. Es el
caso de Cuando el Che
era Ernestico, del
Teatro de Títeres
Nueva Línea,
donde dos
titiriteras guerrilleras
tienen la importante
misión de mostrar los
primeros años de Ernesto
Che Guevara-niño,
durante su estancia en
la provincia de
Misiones, en Argentina.
Otro tema sensible y
necesario, vigente en la
muestra festivalera, fue
el de la ecología y el
medio ambiente, asumidos
por el matancero Teatro
Papalote, a través de
Nubes azules, texto
perteneciente a la
antología de teatro
escolar escrita por el
maestro René Fernández
Santana, y Buscando
la lluvia, del
Teatro Integración,
cuyos afanes artísticos
son promocionar el
cuidado de la
naturaleza, las reservas
de agua, el hábitat de
los animales, la
polución y otros temas
que atentan contra la
vida saludable de los
hombres. Los cuenteros,
grupo de teatro de
títeres asentado en San
Antonio de los Baños,
vino a la cita otoñal
con Arroz con maíz,
un muy simpático
texto del matancero
Jesús del Castillo, que
ellos, con su gracejo y
excelente animación
llevan y traen a su
antojo, exponiendo lo
que dice la pieza
escrita y lo que no
dice.
Aunque no pertenecen de
manera directa a los
retablos, los mimos, los
payasos y el teatro
callejero, completan el
espectro cromático de la
muestra de la escena
nacional en el apartado
infantil-juvenil.
Significo aquí las
propuestas de Teatro del
cuerpo fusión y su
montaje Aprendiendo a
aprender, que
defiende los brillos de
la pantomima en la Isla,
y La palangana vieja,
del Mirón Cubano, de
Matanzas. Teatro de
calle junto a teatro de
objetos, danza teatro
junto a la intervención
de los paisajes urbanos.
El tunero Teatro Tuyo,
trajo una vez más a
Ernesto Parra y su
personaje Papote, con el
espectáculo La
estación, una clase
de cuanto debe y puede
lograr un actor apoyado
en la técnica del
clown. El Teatro El
Taller presentó Tres
columpios y un deseo,
historia dramática
que narra las andanzas
de un payaso de carnaval
en busca de matracas
para su comparsa, hasta
llegar a un almacén de
teatro donde…, bueno, un
escrito no puede
contarlo todo en pocas
líneas, tan solo cerrar
el lazo variopinto de lo
que en materia de arte
para la infancia propuso
un festival que quiso
apostar por lo urgente,
por lo inaplazable, por
lo inminente. Todas esas
palabras imperiosas, son
el incentivo ahora mismo
de los nuevos centros de
UNIMA (Unión
Internacional de la
Marioneta) y ASSITEJ
(Asociación de Teatro
para la Infancia y la
Juventud) en Cuba,
deseosos de trabajar por
un teatro mejor. Las
acciones ya han
comenzado. Ojalá, dentro
de dos años, cuenten con
ellas para armar una
muestra teatral para
niños y jóvenes, que
defina desde su
conformación conceptual
y artística, el retrato
para el mundo de qué
teatristas somos, qué
hacemos y hacia dónde
vamos con nuestra
creación.
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