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Gente Nueva publica Genji Monogatari,
la primera novela de la historia
El sueño de Murasaki Shikibu
Justo Planas • La Habana

¿Quién era la autora de Genji Monogatari que allá, desde un lejano Japón y un más lejano siglo X, logró conquistar la imaginación de escritores como Borges y Octavio Paz? Murasaki Shikibu fue, en una sociedad patriarcal bastante estricta, mujer solitaria; su padre murió demasiado pronto en su vida y quedó a cargo de su hermana mayor hasta que logró casarse con un hombre de jerarquía media como ella, quedó viuda pronto y con una hija; pero sus monogatari (que significa algo así como novela en español) la salvaron del desamparo en que podía caer una mujer sin representación masculina. Fue el propio ministro Fujiwara no Michinaga quien la recomendó como dama de compañía de la emperatriz Akiko.

En el período Heian que le tocó vivir, la alta literatura era un oficio masculino. Los hombres utilizaban caracteres chinos, no obstante, Murasaki —parte de una familia de escritores masculinos que ella terminó superando— escribía los kanji con tal perfección desde pequeña que su padre quedaba siempre gratamente sorprendido. Pero en su Genji Monogatari utilizó el silabario kana, un alfabeto menos culto y mejor visto en una mujer de su tiempo. Escribió en prosa por las mismas causas.

Fueron, sin embargo, los pequeños poemas que aparecen en la obra, los waka, la razón que convirtió inicialmente a Genji en una monogatari de culto. Tuvo que esperar varios siglos para que así ocurriera, pero no fue tiempo vano. Quizá los hispanohablantes no podamos reconocer la belleza que esconden estos waka, nos parecerán quizá demasiado vagos, demasiado cortos, otras veces demasiado obvios. Es que la escritura japonesa, incluso en esta versión simplificada, ofrece a la palabra una cuarta dimensión que nuestro alfabeto no posee.

Ella sola es casi un personaje más de Genji Monogatari, sirve —como podremos leer en la novela— para reconocer la clase social de quien escribe, su inteligencia, sus conocimientos, su interés. La caligrafía de un solo carácter vale para todo esto, y es la carta de presentación de un amante ante su amada, forma parte esencial del cortejo, de la atracción física como (quizá en menor grado) el olor o la apariencia o el vestuario.

La edición cubana, de la editorial Gente Nueva, no recoge los 54 capítulos del original, solo cuenta la búsqueda del príncipe Genji de la amante perfecta. A pesar de que la globalización ha ido despejando ciertos estereotipos, todavía el lector occidental promedio no dejará de sorprenderse de la moral cortesana japonesa del siglo X, con un concepto de matrimonio no necesariamente monógamo. También podría escandalizar cierta preferencia por mujeres tan jóvenes que no despegan aún de la niñez (que pervive un tanto en la sociedad nipona de hoy).

El príncipe Genji no es el caballero fiel a una sola de la tradición literaria europea; y a pesar de que busca incansablemente ese único amor, deambula de romance en romance sin encontrar mujer que se ajuste a ese ideal. Pero en esta odisea del corazón nosotros sí encontraremos un universo que ya no gira en torno a la cultura china (que fue el Norte japonés durante siglos), a la moda y las ideas chinas, y comienza a ofrecer los atractivos de una aristocracia con sello propio.

El estilo de Murasaki Shikibu es sencillo y a la vez dueño de una exótica complejidad, no hay oración que pase de largo ante nuestros ojos sin ofrecernos antes el invierno o la primavera de ese lugar remoto; el olor de las plantas y una luz verde o azul cielo logran colarse en las metáforas, en el lenguaje cotidiano, en la filosofía popular.

El trabajo del editor Esteban Llorach es reconocible en el cuidado con que cada pieza que compone un libro desde la carátula hasta los pies de página (necesarios en una obra que puede resultarnos un tanto ajena). Sin embargo, las ilustraciones que acompañan a la obra no engranan con el tono de Genji. En ciertas monogatari las imágenes cobraban una importancia casi similar a la del texto, y en el caso de Genji las pinturas emaki que acompañaron al original (y existen todavía hoy) influyeron en el estilo posterior. Los artistas e-maki estudiaban a fondo cada texto para que sus diseños se acoplaran emocionalmente con ellos, así que es difícil hoy en día leer este clásico de la literatura universal sin representarnos algunas escenas como el emaki que la interpretaba.

Nos quedamos, de todas formas, en deuda con esta editorial por traer a nuestros días un clásico de tierras distantes. El mundo asiático, a pesar de algunas iniciativas recientes, es una asignatura por tomar para los cubanos y los occidentales. ¿Publicará Gente Nueva los siguientes capítulos de Genji Monogatari? Habrá que esperar al próximo año.
 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.