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Pretextos para contar Historias con sombrillas
Maikel Chávez • La Habana
Fotos: Alexis

Después de una extensa temporada de cuatro meses en cartelera en el teatro Bertolt Brecht y una gira por las provincias orientales en los principales teatros de las provincias de Granma, Holguín, Santiago de Cuba, Guantánamo, Las Tunas y Camagüey, Teatro Pálpito llega a la 14 edición del Festival Internacional de Teatro de La Habana con su espectáculo Historias con sombrillas, el cual se presentó al público en la sede del Guiñol Nacional de Cuba los días 1ro. y 2 de noviembre. El Festival fue un buen momento para comprobar muchos de los presupuestos seguidos por esta agrupación desde sus inicios, donde las obras se convierten en un pretexto para transitar un camino de exploraciones y cambios en busca siempre de un público diverso y una manera de representar que los distinga en el panorama teatral cubano. 

Historias con sombrillas se estrenó en el mes de julio de 2011 en el café teatro Bertolt Brecht. La escritura de esta obra fue resultado del vínculo de trabajo que ha sostenido siempre Ariel Bouza con un dramaturgo determinado. Recordemos momentos significativos dentro de la historia del grupo con este ejercicio de intercambio en espectáculos como El pez enamorado, de la autoría de Frank Daniel Santos Suazo, o Sácame del apuro e Historia de una muñeca abandonada, de Norge Espinosa Mendoza. Con Ariel he tenido la suerte de ver en escena una gran parte de mis textos como Con ropa de domingo, Puerto de coral, Aventura en Pueblo Chiflado, Un mar para Tatillo, Pesadilla campesina, entre otras. Esta vez la experiencia no fue distinta y significó un momento importante para dialogar directamente con los actores y estructurar la obra a partir de los presupuestos que quería Ariel Bouza con este espectáculo.

Lo primero que me pidió el director fue establecer un texto que sirviera de apoyo para trabajar con un grupo de actores jóvenes que se integraban a Teatro Pálpito y donde pudiéramos acercarlos a la poética de trabajo del grupo. Por eso es que la estructura dramática es heredera de una fórmula efectiva de construcción textual en Pálpito donde unos personajes llegan a un sitio específico y ese es el pretexto para contar una historia. Tal como pasa en El pez enamorado donde dos guajiros naturales llegan a un patio y cuentan la historia de un pez que se enamora de una flor y un buen día decide tragarse el mar, o lo veremos también en Sácame del apuro corporizado en la mulata Teresa y el negrito Estanislao que a las orillas del río Almendares cuentan las peripecias de Loppi al encontrarse un camarón encantado y en Historia de una muñeca abandonada las vedettes Lolita y Paquita cuentan a modo de retrospectiva en un teatro un pasaje de su niñez. En Historias con sombrillas veremos a siete hermanos que van camino del mercado, pero por arte del azar o de la poesía y valiéndose de todas las licencias que a estos medios les concierne, llegan a un teatro y es el punto de partida a la controversia para que unos quieran contar y otros no un cuento africano que habla de la vejez y de la importancia del respeto y la tolerancia.


La inspiración tiene caminos diversos, la encontramos en varios instantes de la vida misma. Rápidamente avizoramos entre director y dramaturgo que a muchos de los actores que representarían la obra los unía una adoración por sus abuelos, y coincidentemente en esa época se suscitaron polémicas sobre la experiencia que tienen los mismos y lo necesario que es escucharlos en muchas ocasiones. A partir de aquí es que comenzamos a trabajar la historia siguiendo una tradición en Teatro Pálpito que es interconectar la vida de los actores con la historia que se cuenta. Luego aparecieron las viñetas de Manuel Cofiño Las siete viejitas de las sombrillas, donde siete hermanas caracterizadas cada una con un color del arco iris vivían juntas y se dedicaban a labores específicas; al final desaparecen volando sin saberse a qué sitio irán (metáfora de Cofiño para hablarles a los niños sobre la muerte). Así es como se estructura inmediatamente una fábula para el teatro donde Eduviges de los bordados confecciona trajes extravagantes y alocados con los colores del arco iris, un color para cada hermano, y Fortunato de los niños, devoto a contar historias, decide trocar el camino y llevarlos al teatro para allí hacer la historia de Tiarko y su tribu africana donde el jefe decide matar a todos los que lleguen a viejos.

Muchos han sido los que han declarado que las obras de Teatro Pálpito no son para niños, y tienen razón. Son obras elaboradas para un público diverso, siendo fieles a una tradición representacional que bebe de los orígenes y lleva a pensar el teatro desde el interés por la búsqueda del público y hoy extiende su mirada a la hora de dialogar con niños y adultos sobre problemas concretos. El interés es que aquello que no entienda el hijo sea preguntado a su padre en ese fenómeno único de comunicación que es el acto teatral. Historias con sombrillas sirve como estímulo para dialogar entre grandes y chicos sobre temas tan importantes en nuestros tiempos como son la tolerancia y el respeto. Teatro Pálpito se ha propuesto con este espectáculo tratar el tema de la muerte sin prejuicios, presentándolo tal cual es nombrado, y de esta manera concientizar a los niños y a los adultos sobre la importancia del respeto para la convivencia, algo fundamental que nos debería sustentar en estos tiempos.
 

El teatro una vez más vuelve a mostrarnos que una obra crece a medida que pasan las representaciones. Estas nuevas funciones mostraron una concreción de algunos aspectos que en el estreno no estaban claros y que a medida que se fue representando la obra, pudimos ir puliendo las herramientas tanto en el trabajo con los actores, como en el texto y la puesta en escena, por lo que debo confesar que Historias con sombrillas ha servido también como taller e intercambio de experiencias. Significativos aportes tuvimos en el mismo, como la dirección de actores a cargo de Corina Mestre, la banda sonora compuesta especialmente para el espectáculo por David Hernández y todo un colectivo que nos acompañó en la aventura. Pero, sin lugar a duda, uno de los recuerdos más gratos que atesoraremos por largo tiempo ha sido ver cómo todos construimos los muñecos, los vestuarios, los carteles, arreglamos las sombrillas, dimos cuerpo al espectáculo como si fuese nuestro. Ese sentido de pertenencia y ese proceso de trabajo es una manera importante de ver también el teatro que se hace hoy en Cuba. Gracias a Pálpito por brindarme siempre la confianza y la seguridad en que aún, a pesar del sacrificio, vale la pena hacer teatro.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
14 Festival de Teatro
de la Habana

 

 

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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.