La Habana. Año X.
5 al 11 de NOVIEMBRE

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El mundo en el teatro, el teatro en el mundo
Frank Padrón • La Habana
Foto: Abel Carmenate

La 14 edición del Festival Internacional de Teatro que tiene lugar en La Habana por estos días, exhibe, entre las presentaciones foráneas, algunas características singulares: primeramente, una tendencia al unipersonal o al espectáculo de pequeño formato, con dos o a lo sumo tres actores (acaso por la facilidad de viajes y la reducción de gastos) y en otro orden, la insistencia en dramas íntimos y existenciales, más que en grandes temas colectivos.

Y si hubiera que rastrear una tercera peculiaridad, sobresale también la presencia del musical.

En tal sentido, llamó la atención la actuación del grupo Xel Arte, del País Vasco, con su espectáculo El chupito de poesía, dramaturgia de Intxigu Bengoa y el trabajo de las actrices Rocío Mostaza y Gabriela Sánchez con el trovador Orlis Pineda. La recreación de poemas cubanos desde una perspectiva escénica, casi siempre mediante mímica y gestualidad —a veces solicitados por los propios espectadores, en una suerte de “poesía a la carta”— figura entre lo mejor de este “traguito” lírico, donde también sobresale el simpático trabajo con las marionetas, y la feliz combinación de música y textos.

No corre la misma suerte, sin embargo, la pedante insistencia de las actrices en el “ritual del trago”, sobre todo en un prólogo absolutamente superfluo y cargante, que por suerte, mejora extraordinariamente en el corpus de la representación.

También con la música de componente esencial pudo apreciarse Rosilyne, la hija del Carnaval, por Ruby-Theatre (Francia), donde la actriz Mirabell Wassef, acompañada de un par de músicos, interpreta famosas piezas francesas y cubanas, fundamentalmente, que alterna con textos de la más diversa procedencia (de Antonin Artaud y Guillermo Cabrera Infante  a Kiki de Montparnasse y Marilyn Monroe). Justamente en ese eclecticismo de temas y tonos —que no logran integración ni coherencia— radica uno de los problemas de la obra, pero el más grave no es ese: Wassef detenta, sin lugar a duda, gracia, sabe moverse en escena y no carece de elementos requeridos para el trabajo de una comediante musical, pero tiene un gran talón de Aquiles: no puede afirmarse lo mismo de sus condiciones vocales, mucho menos de la afinación, y ya puede imaginarse cuánto es de imprescindible ello en una puesta de café-concert como pretende ser  Rosilyne…  

El Grupo de Teatro Carretero (Argentina) trajo su obra De vuelta  bajo la dirección de Fabián Carrasco, donde un par de personas que aguardan la llegada de un tren (hombre maduro, mujer joven) entran en comunicación ante la perspectiva de tomar el mismo destino; en el desarrollo del diálogo surge la posibilidad de una fabulosa tournée por el mundo entero.

Desde una alcanzada mixtura de humorismo y seriedad, el texto fluye invitando a la reflexión en torno al viaje como perspectiva vital, la relatividad de las distancias y del tiempo, y el intercambio de sueños, frustraciones y deseos, que los actores Amalia Martín y Elian Abatemarco encaminan mediante trabajos notables.

Las coproducciones son también abundantes en esta edición del festival: Streptease, pieza de la cubana Agnieska Hernández Díaz, fue la obra ganadora en el reciente festival celebrado en Santiago de Cuba “La escritura de la diferencia”, y llega por Calibán Teatro, de esa ciudad cubana, y Le Metec Alegre (Italia).   

De nuevo un hombre y una mujer, pero ahora en un edificio protagonizan (des)encuentros de todo tipo: soledades y alienaciones que se enfrentan y reciclan, imaginaciones que pueden (o no) tornarse realidad, cotidianidades y angustias que pesan mas no impiden (o mejor, estimulan) la capacidad de soñar, erotismo potencial que estalla en cualquier momento y se manifiesta en ambigüedades y sugerencias, se entrecruzan y alternan en diálogos donde la poesía latente se expresa no en abstracciones, sino en bien encauzadas cadenas de acción dramática que Agnieska manejó con imaginación y conocimiento de causa(s).

La puesta de Alina Narciso potencia la capacidad sugestiva del libreto: los cruces entre realidad y fantasía(s) propician soluciones escénicas de gran imaginación (empleando el animado, la variedad cromática y de iluminación, el claroscuro cómplice dentro de una escenografía abundosa desde su funcionalidad y sencillez), el acompañamiento guitarrístico actúa tal correlato eficaz, y las actuaciones de Zonia Morales y José Pascual (Pini) asumen los complejos roles con indudables convicción y variedad de matices.

El Festival Internacional de Teatro transcurre con gran entusiasmo por parte de un público diverso y heterogéneo, con predominio juvenil; es una lástima que la mayoría de las propuestas interesantes coincidan en horarios, que no se hayan aprovechado al máximo las (nunca suficientes) salas muchas de ellas tienen una sola función en las tardes dejando las noches vacías, que se carezca de información (grupos, sinopsis de las obras, etc.) hasta llegar a los teatros, y que no siempre coincidan las características de los espectáculos con las posibilidades de los espacios asignados.

De cualquier manera, se agradece y aplaude esta oportunidad de actualizarnos con algunas de las tendencias escénicas del patio y —sobre todo— …el traspatio. ¡Que no baje el telón!
 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
14 Festival de Teatro
de la Habana

 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.