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Harold Pinter ha vuelto
a Cuba. Insisten en que
creamos que nunca pisó
esta tierra, pero no lo
hemos soñado: aquí
estuvo anoche, en el
teatro del Museo de
Bellas Artes en La
Habana. Nos habló en
inglés y le entendimos
perfectamente: ¿no dijo
que el idioma en el arte
es, apenas, una
ambiciosa transacción?
Ambiciosa es esta
puesta, pero transamos:
otra vez, este “hombre
de ninguna tierra” y de
todas, nos regaló su
“lenguaje de montaña”,
su “última predicción”
sobre el arroz imperial
del mundo moderno que
cada día nos sirven en
plato hondo, para que no
derramemos ni un grano.
A cambio, los cubanos
ovacionamos a los seis
actores colosales que
envió para que vayamos
familiarizándonos con
los textos, para que nos
conozcamos mejor los
“pinterianos” del mundo.
Comienzo con Andy de la
Tour. Narra ahora su
experiencia como actor
en Celebration y
No Man´s Land.
Mucha historia y poco
tiempo: esperamos por
Harold para iniciar la
última función de esta,
su (otra) noche en Cuba.
¿Por qué concebir Una
noche con Harold Pinter
justamente a partir de
estas obras, entre
tantas que el autor
escribió?
Presentar en Cuba la
obra de Harold Pinter es
un placer; pero también
es un reto. La selección
fue difícil porque
teníamos material para
estar horas y horas con
él. Nos interesaba, ante
todo, ofrecer ejemplos
de sus obras clásicas,
como No Man´s Land;
pero también, incorporar
su prosa y sus poemas.
La decisión de terminar
la puesta con su
discurso de aceptación
del Nobel de Literatura
en el año 2005 ofrece,
como cierre de todo, una
posibilidad de mostrar
al hombre increíble que
fue Harold Pinter, su
manera de pensar. Creo
que toda la obra es una
idea bastante clara de
ese sistema de
pensamiento.
La obra no fue
subtitulada, ¿cómo ha
sido la comunicación con
el público?
Increíble. Hemos tenido
solo dos puestas; pero
han sido a sala llena y
todos, al terminar, nos
esperan fuera para
agradecernos, para
decirnos que la
disfrutaron mucho. La
obra de Harold no es
precisamente muy
conocida en Cuba, de
modo que las puestas en
La Habana han logrado la
mayor de mis
intenciones: hemos visto
cómo, a partir de los
textos, el público es
capaz de descubrir por
sí mismo a Pinter. Al
poeta, al dramaturgo, al
intelectual militante…
al que prefieran
llevarse consigo. Harold
Pinter fue un escritor
inglés, pero es una
figura universal. Su
idioma es universal y
esta puesta lo ha
demostrado.
¿Qué tiene aún para
decirnos Harold Pinter,
tres años después de su
muerte?
Es una pregunta muy
grande. Creo que la
respuesta más acertada
está en el discurso que
cierra la obra: sus
palabras de aceptación
del Nobel. Ahí él deja
claras, mejor de lo que
yo podría, cada una de
las cosas en las que
creyó. Es un texto
político, pero muy
humano. Nos da algunas
pistas sobre la
importancia de ser
honestos con nuestros
principios y de no
rendirse nunca. Muchas
de las denuncias que
planteó siguen intactas,
pero ahí están y a
alguien le pesarán algún
día.
¿Cuánto le conoció?
Muy bien. Fuimos amigos
y trabajamos juntos en
cinco o seis ocasiones.
En los 80, estuvimos muy
involucrados en el
movimiento de
solidaridad con los
sandinistas en
Nicaragua. Lo extraño.
Los inconformes
extrañamos a Harold
Pinter.
El teatro inconforme en
su país, el de Harold,
¿qué posibilidades tiene
en la Europa de los
recortes?
En los últimos dos años,
los grupos financiados
por el gobierno han
estado a salvo; pero
otros más pequeños,
independientes, han
sufrido grandes recortes
o se han visto en la
necesidad de cerrar. Si
eso se junta con las
limitaciones en el
sector de la educación,
que afectan
principalmente a los
programas de artes,
tenemos como resultado
una masacre cultural. Es
la lucha más grande que
tendremos los teatristas
ingleses de aquí a unos
años.
No soy un experto en la
situación del teatro
británico en estos
tiempos, pero creo que
existe una contradicción
entre la creatividad
artística y la economía
dispuesta a financiarla.
En el teatro público,
financiado por el
gobierno, la creatividad
nunca ha estado mejor.
Claro, no me refiero al
teatro comercial,
asentado principalmente
en el West End: me
parece demasiado
aburrido y muchas veces,
limitado a meras
adaptaciones de
películas de Hollywood.
La situación del gran
público dentro del
teatro nacional goza de
excelente salud, pero la
crisis de 2008 se
convirtió en una excusa
para que el gobierno
conservador lanzara un
ataque ideológico hacia
elementos de la sociedad
con los que nunca ha
estado de acuerdo. El
teatro creativo, por
supuesto, está entre
ellos.
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