|
En medio del ajetreo que genera el
14 Festival de
Teatro de La Habana en
el que confluyen
diversas estéticas
que brindan al
espectador cubano —sagaz
y crítico— una amplia
gama de propuestas, se
exhibió (el pasado 1ro.
y 2 de noviembre) una
singular pieza a cargo
de un proyecto
multicultural, llegado
de España, titulado El chupito de poesía.
El Complejo Cultural
Bertolt Brecht fue el
escenario para disfrutar
del espectáculo que con
gran economía de
recursos realiza un
apretadísimo (pero
eficaz) recorrido por
distintas zonas de la
poesía cubana y cuya
idea original y
dirección le
corresponden a Intxizu
Bengoa.
Para Bengoa —quien estudió teatro en
la Escuela de Bilbao y
Sicodrama y Arte Terapia
en Barcelona— este es el
“trabajo más totalizador
y ambicioso” que como
directora ha enfrentado
y, según comentó, El chupito de poesía es
una pieza concreta
dentro de “Xel Arte”,
proyecto mayor que tiene
como objetivo
“escenificar poesía
cubana en España”. Esas
acciones, dijo, se han
podido materializar
gracias al apoyo
brindado por la
Asociación Cultural
Hispanocubana Bartolomé
de las Casas que “nos
facilitó sus espacios
para ensayar y también
colabora en la
promoción”.
Meses atrás y con el objetivo de
ultimar detalles con
vistas a la
participación de El chupito… en el Festival
de La Habana, Intxizu
Bengoa visitó a Cuba y
conversó con quien
suscribe estas líneas:
“para nosotros es muy
importante poder exhibir
nuestro trabajo aquí
porque no podemos
olvidar que se trata de
poesía cubana, pero con
una mirada española y,
por otra parte, lo hemos
hecho con mucho respeto
y amor”.
Afirmó que uno de los propósitos es
que “en España se hable
de esta Isla que es
mucho más de lo que se
cuenta. Lo que mostramos
en escena son aspectos
cotidianos de una verdad
que la gente desconoce.
En España se nos
presenta una realidad
como cierta, pero que no
es verdad; con esto
queremos mostrar que
existe una Isla real,
pero todo trabajado con
humor porque Cuba es una
gran sonrisa, es decir,
quitarle ese peso pesado
y mirarla desde otra
perspectiva.
“Vivimos
en sociedades cada vez
más complejas en las que
es necesario posibilitar
el encuentro entre
culturas”, dice, al
tiempo que recuerda que
el proyecto está
integrado por las
actrices Rocío Mostaza y
Gabriela Sánchez, el
trovador Orlis Pineda,
la escenografía e
imágenes corresponden a
Heidi García, el
vestuario a Nikita
Nipone, el diseño de
luces es de Betho
Carvajal y el gráfico de
Mirelur Ojeda.
Insiste en que el guion les
corresponde a los poetas
cubanos porque incluye
—a manera de collage— “Ayé
me dijeron negro”,
“Negro bembón”,
“Mulata”, “Si tú
supiera”, de Nicolás
Guillén; “Las muñequitas
pobres”, de Fina García
Marruz; “La escalera”,
de Eliseo Diego; “La
etapa”, “La parentela”,
de Lina de Feria; “Desde
el fondo”, de Sergio
Corrieri; “Yo soñaba en
clasificar”, de Dulce
María Loynaz; “Excusas
con S.O.S”, “La
obstinada”, de Georgia
Herrera; “Solo II”, de
Waldo González López;
“Café Berlín”, “La
claridad”, de Sigfredo
Ariel y “Trofeos”, de
Nancy Morejón.
Con esos diez autores se armó una
suerte de collage y a
partir de ahí se cuenta
una historia —o varias—
siempre salpicadas de
humor, porque según Intxizu
en su país
“lamentablemente, no
existe una verdadera
cultura poética y las
personas no leen: el
objetivo es hacerla más
fácil. La palabra poesía
a la gente le da miedo
porque la asocian con
algo denso y hemos
querido con este
proyecto quitarle la
carga a la palabra y de
ahí lo de El chupito de
poesía, es decir, un
sorbito, una pequeña
porción, en dosis que no
empalague y también que
la gente participe”.
Y, creo, ahí está uno de los logros
de la obra, hacer que el
público se involucre y
—además de reír—
interactúe con las
actrices que a lo largo
de todo el espectáculo
se apoyan en la música
que el trovador Orlis
Pineda regala en vivo.
La escenografía, de una
gran economía de
recursos, es como el
plano de un metro que,
imaginariamente, une a
Madrid con La Habana y
cada parada es un poeta.
Es El chupito de poesía un válido
intento para dar a
conocer en España
(¡nación pródiga en
bardos y cuna del gran Lorca!) a algunos de
nuestros poetas y una
manera, también,
de constatar que cuando de
buen arte se trata no se
requiere de grandes
recursos: la poesía
habla por sí sola.
|