La Habana. Año X.
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De corazón titiritero, un Pinocho de verdad
Yaismel Alba Garib • La Habana
Fotos: R. A. Hdez

El Pinocho que rondaba juguetón en la galería El Retablo desde hacía varios años, redibujando bocetos del maestro Zenén Calero para las puestas en escena de Rubén Darío Salazar, comenzaba a inventarse entre bastidores de salas numerosas, entre letras de autores como Federico García Lorca y Dora Alonso, para al final nacer como títere en Teatro de Las Estaciones, familia que vive soñando y creando un arte de figuras en la ciudad de Matanzas.

Con el empeño de aprehender de una vez, ya no la figura del antológico niño de madera sino su historia, el director del grupo acudió nuevamente al dramaturgo Norge Espinosa para que adaptara al teatro el cuento original de Carlo Collodi. Y quien si no. Porque desde el primer encuentro profesional entre ambos mediante La Virgencita de Bronce, Norge se ha convertido en el autor por plantilla de Teatro de Las Estaciones, y principalmente, un miembro más de la familia. Después de varios meses, el pedido fue saldado una mañana de domingo. El dramaturgo, siempre poeta, había venido a realizar personalmente la lectura de Pinocho/Corazón madera, un cuento musical para actores y figuras animadas. La obra al fin. Su versión.

Desde el primer momento, Rubén supo qué proponer. No quería solamente belleza en la composición, lograda a partir de una estructura dramática sin riesgos que complementara con elementos escénicos de sensual calidad artística, sino además ahondar en lo que anteriormente había detallado en obras como La Virgencita de Bronce, donde la intertextualidad y la parodia funcionaron como recursos determinantes para tratar temas como el amor y la familia, mediante la comunión dramática entre referentes textuales como Cecilia Valdés o la loma del ángel, de Cirilo Villaverde, y Parece Blanca, de Abelardo Estorino. Ahora, estos recursos marcharían preponderando otros tópicos como la influencia de la paternidad en los niños y las niñas, la determinación individual, el riesgo que significa vivir, la ambición, el amor por el teatro, la añoranza por épocas anteriores, la definición por un mañana personal. Comenzar a cuestionar la sociedad, proponer sus destellos artísticos, fue el deseo de Rubén. Abrir una puerta a la crítica social, a la parodia como herramienta de análisis de una realidad ya necesitada de un niño con corazón de madera capaz de inmiscuirse en la sociedad cubana de este tiempo. Pinocho de la tierra que huele a reggaetón en el 2011.

Con relación al concepto escénico, después de un proceso investigativo en el cual pudo consultar más de una docena de puestas internacionales e incluso documentarse sobre la versión de Pinocho que realizaran Los Hermanos Camejo en 1965 con música de Marta Valdés, el director no quiso otro muñeco sobre las tablas capaz de quitar predominio a su protagonista y demás títeres que estuvieran en el original. Otras obras consultadas presentaban figuras para todos los personajes, haciendo que Pinocho fuera uno más. Por ello, la idea de rodear al muñeco de actores, y trabajar a partir de esa relación. Los actores completarían los demás personajes, intercambiándose continuamente roles, porque en esencia representarían ayudantes escénicos.

Antes de Pinocho/Corazón madera, el arte del grupo se daba mediante el resultado estético consistente en la conjunción de directivas y escenografías poéticas, y desde lo que pudiera llamarse un drama poético encaminado a un público heterogéneo, a quien se le propone una historia bella por su métrica y sonoridad, a la vez que atractiva conceptualmente. Pero con esta obra Teatro de Las Estaciones alcanza la conciencia de su mayoría de edad, lo que significa arrojarse al vacío sabiendo de las circunstancias que deja atrás y presagiando las que siguen, tantas como la vida. No solo arriesgarse a la independencia, que desde sus inicios tenía, sino tomar riendas más cortas de ella para continuar defendiéndola. Esta conciencia es la de la crítica social como fundamento. Ya es hora, según Rubén, de que el arte de Las Estaciones fustigue a quien tenga que fustigar, moleste a quien tenga que inquietar, y por encima de todo, embellezca lo que necesite ser embellecido. Por ello, Pinocho, un niño con corazón de madera, porque con ese nació. Con él, desabrocha la realidad de los niños, que es la de sus padres. Decir que con esta obra el grupo matancero ha echado a volar por otros rumbos, es arriesgadamente cierto. Y con Teatro de las Estaciones ojalá vuele toda Cuba. 

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
14 Festival de Teatro
de la Habana


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Pinocho, corazón
madera

 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.