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¿Cómo se llega a Pinar
del Río, la tierra de
las orquídeas y el gran
salto de agua, de las
cuevas y los mogotes de
piedra caliza, de las
sierras verdes y el
mejor tabaco de Cuba?
¿Cómo se llega a su
ciudad desteñida, a la
maraña de bicicletas y
coches de caballos, a la
historia de Cirilo
Villaverde y la música
de Miguelito Cuní y
Enrique Jorrín? En la
provincia no hay
aeropuertos, debe
tomarse el tren o la
carretera en un viaje de
162 kilómetros con rumbo
Oeste desde La Habana.
Sin embargo, existe otra
vía de acceso, la vía
del arte, un camino
expedito y poco riesgoso
si el viajero tiene la
mente y la mirada bien
despiertas.
La estación principal se
ha hecho colocar
provisionalmente en el
centro de la capital de
la Isla, en el Pabellón
Cuba de las calles N y
23. Las señales en la
entrada indican la
posibilidad de que el
visitante comience a
andar por caminos muy
distintos, esbozados,
amasados, pulidos y
coloreados por jóvenes
de la provincia. Resulta
que Pinar del Río, en el
Pabellón, es una galería
grande en la que no hay
pasillos ni paredes,
sino Senderos.
Así se ha hecho llamar
la exposición que,
organizada por los
Consejos Nacional y
Provincial de las Artes
Plásticas, la Asociación
Hermanos Saíz y el
Centro de Desarrollo de
las Artes Visuales,
agrupa a varias decenas
de creadores nacidos en
Pinar del Río, en lo que
constituye una de las
recopilaciones más
representativas del
quehacer de los artistas
de esa provincia en los
últimos cinco años. El
catálogo apunta que “la
propuesta
se configura a partir de
los senderos que se
atisban en la zona de la
creación, con una
preponderancia de la
pintura, ya sea por
motivos de tradición o
por las propias
posibilidades que brinda
el espacio pictórico
para discursar acerca de
disímiles temas”.
La selección, sin embargo,
no dibuja ventanas
directas al entorno
físico de la provincia,
ni se muestra
eminentemente verde como
pudiera pensarse de un
territorio que ha dado
prominentes paisajistas.
Existe, por el
contrario, una marcada
apelación al propio
universo de la plástica
y el resto de las artes;
una indagación sobre la
posición del hombre ante
su realidad y sus
potencialidades para
transformarla; una
preocupación por los
problemas sociales más
actuales e inmediatos de
la sociedad como la
emigración y el trabajo;
una meditación sobre las
relaciones de poder y de
género; una amplia
reflexión sobre la
naturaleza humana, la
historia y el tiempo.
“El arte pinareño sigue
estando muy
familiarizado con su
ambiente, en lo que
evidentemente es una
cuestión que refleja el
espíritu del lugar
—explica la especialista
Yania Collazo, una de
las principales
responsables de la
exposición—. Sin
embargo, aunque tenemos
muy buenos exponentes
del paisaje, nuestro
arte no se limita a este
género. Lo que ha hecho
el paisaje pinareño es
traducirse o
enriquecerse desde otras
perspectivas. Ya no
tenemos solamente esa
pintura idílica de
nuestros primeros
maestros, sino una
evolución hacia el
paisaje urbano, que
también ha cobrado mucho
interés en lo
bidimensional, en la
tridimensionalidad
propia del ambiente y en
el video.
“Ese paisaje que
supuestamente está
captando todo el tiempo
la imagen de nuestro
entorno —continúa
Collazo—, se ha vuelto
mucho más filosófico y
tiene al ser humano
presente, incluso cuando
no aparece de manera
explícita. La atractiva
naturaleza pinareña,
aunque sigue siendo
principal, cada vez se
humaniza más, se vuelve
más medio que fin y la
noción del género
paisaje se extiende.”
Senderos,
consecuentemente, y sin
pretender
desestigmatizar por la
fuerza el arte de la
provincia, no ha
excluido el género
paisaje de esta
recopilación. La pieza
“Todavía amanece
gratis”, de Yaciel
Martínez, construye
quizá uno de los puntos
de vista más
interesantes en este
camino. El pintor logra
sublimar los primeros
instantes matinales
utilizando, en lo
fundamental, los colores
oscuros y el enredo de
árboles y ramas
cruzadas, en contraste
con el trabajo de la luz
y los reflejos del río.
En otro extremo aparecen
quienes se han dedicado
recrear, desde la misma
bidimensionalidad,
universos oníricos donde
los animales del campo y
la figura del guajiro
aportan una importante
fibra simbólica e
ironizan desde el cuadro
con situaciones
concretas de la vida
real. Son los casos del
óleo de José Luis
Lorenzo y el tríptico de
colagrafías de Alexis
Gabriel García Roque, en
los cuales aparecen
también otras alusiones
a la cotidianidad de la
provincia, como las
ruedas de bicicleta y
los objetos de culto
religioso.
Los grabados de García
Roque, como los óleos de
Yaser Curbelo (“El gran
ingenioso” y “Triste
sendero para un gato que
sueña”), por solo citar
dos ejemplos, aprovechan
la carga de sentidos que
para los habitantes de
la provincia tienen
fenómenos meteorológicos
de gran impacto como los
ciclones. Si bien el
ciclón aparece
representado en forma de
torbellino, y no siempre
adquiere las
connotaciones negativas
que se deducen de su
paso, los creadores
pinareños no pueden
obviar el fatalismo de
vivir en la porción de
la Isla que más afectada
se ha visto por estos
eventos naturales.
Por otro lado, artistas
como
Elvis Céllez optan por
códigos visuales y
dimensiones de mayor
impacto, para, según sus
propias palabras “abordar
temas sociales desde una
postura contestataria,
con referencias al
contexto de la
provincia, pero
intentando que la obra
sea universal”.
Valiéndose en lo
fundamental de las
herramientas del
expresionismo, Céllez se
inscribe en la vertiente
conceptual del arte que
se extiende en Pinar del
Río. Su obra “Free
Willy” tiene un
interesante empaque
cómico que juega con un
trasfondo eminentemente
crítico, al poner a
dialogar a la famosa
película sobre la
ballena orca, con la
controversial
reproducción de los
peces claria en Cuba.
El diseñador industrial
Enrique Rosell, autor de
la obra que funge como
identidad de la
exposición, explica que
su elección por los
grandes formatos y la
tridimensionalidad es
una consecuencia
derivada de su propio
oficio: “el diseño debe
ser comunicativo por
encima de todo y esa
característica me lleva
a concebir mis piezas
como un arte que se deje
contemplar, pero que al
mismo tiempo obligue a
pensar según los
referentes de cada
persona. El diseño tiene
cánones expresivos
diferentes a los de las
artes plásticas. En mis
obras están presentes la
síntesis y el concepto,
imprescindibles a la
hora de generar un
producto. Sin embargo,
el arte es muy ubicuo, a
diferencia del diseño,
que es muy puntual. Las
interpretaciones de mis
piezas pueden ser
disímiles, como ocurre
con parte de las artes
plásticas
contemporáneas, donde se
generan nuevas maneras
de expresar conceptos a
través de imágenes que
no tienen que ser bellas
necesariamente. Mis
obras, por lo general,
son de un solo color,
porque lo que más me
interesa es destacar un
modo de pensar”.
“Isla”,
conformada por tres
piezas de madera, es
parte de un trabajo que
Rosell emprendió en
2008, intentando
resignificar a las mesas
de comer como objetos
que representan la
familia, el individuo,
“como cosa que se
humaniza y responde al
contexto en que viven
quienes interactúen con
ellas”. Su otra obra,
“Cruce de caminos”,
concebida para ser
emplazada en la ciudad
de Pinar del Río,
pretende provocar una
reflexión detenida sobre
la dinámica entre
pasado, presente y
futuro.
En el terreno de la
abstracción, deben
mencionarse entre los
más destacados el
díptico de Danilo Joo y
el gran mural “Érase una
vez”, de
Arquímides Lores (Nelo).
Este último,
perteneciente a la serie
Rompecabezas,
busca retar al
espectador a que
construya una visión
propia de la historia
político-social de la
nación, proponiéndole
las claves en emblemas,
retratos y palabras
extraídas de la prensa y
el discurso oficial.
Entre la saturación del
espacio y los círculos
que caen hacia el centro
como espirales, el que
observa llega a sentir
el vértigo de la duda,
más que la tranquilidad
de la certeza.
Otras piezas muestran la
diversidad y el alcance
de Senderos (los
trabajos en vidrio y
telas y la utilización
del video, por ejemplo)
y escapan,
evidentemente, de esta
reseña. No obstante, se
hace necesario anotar
que, aun cuando los
propósitos curatoriales
—claramente expresados
en el catálogo— no
buscaban resumir el
quehacer actual de las
artes plásticas de Pinar
del Río en su totalidad,
han quedado fuera
apellidos que bien
pudieron haber
enriquecido la
recopilación
como los Camejo y los
Capote, por solo hacer
referencia a algunos de
los más destacados.
En ese sentido, Collazo
explica que “en esta
panorámica aparecen
representados muchos de
los creadores que van
marcando la vanguardia
de las artes plásticas
en el territorio, no los
ganadores de premios o
que han participado en
exposiciones en la
capital o en el
extranjero, sino los
que, incluso al margen
de los grandes eventos,
tienen una obra
significativa”.
Añade la especialista
que los organizadores se
acercaron a los artistas
de manera independiente,
pero también a los
diferentes proyectos e
instituciones que
inciden en el panorama
de las artes plásticas
en Pinar del Río.
“Incluimos en la
exposición piezas
pertenecientes a museos,
algunas de colecciones
privadas, y obras de
artistas pinareños que
ya no permanecen todo el
tiempo radicados en la
provincia”.
Senderos,
en efecto, ofrece pistas
para andar sobre la
creciente producción
visual de un territorio
en el que los artistas
demandan cada vez más de
nuevos espacios de
diálogo y mayores
posibilidades de acceso
a la información y las
nuevas tecnologías. La
exposición, no cabe
duda, debe ser una
estación a tener en
cuenta por quienes se
interesen en conocer la
actualidad de la
provincia más occidental
de Cuba. |