|
Para captar la atención
de votantes los dos
principales partidos
políticos en España
estuvieron dispuestos a
cualquier cosa. Cada
organización intentó
difundir sus programas
electorales por todas
las vías posibles y en
la era de los “social
media”, las redes
sociales recibieron una
especial atención;
aunque las estrategias
empleadas allí por los
equipos de comunicación,
en muchas ocasiones, se
parecieron más a los
programas de
fidelización de clientes
en centros comerciales
que a una verdadera
promoción del debate
ciudadano.
Los resultados de las
elecciones del #20N
fueron demoledores para
el Partido socialista
obrero español (PSOE),
que presentó a Alfredo
Pérez Rubalcaba como su
candidato. En su tercer
intento, finalmente
Mariano Rajoy obtuvo un
aplastante triunfo, con
mayoría absoluta en el
Congreso y, después de
ocho años, el Partido
Popular (PP) regresará a
la Moncloa. Una economía
estancada, combinada con
niveles de desempleo
superiores al 22% y
movimientos poco
esperanzadores en las
políticas sociales
contribuyeron al
descrédito del PSOE y al
ascenso de los
conservadores del PP.
En un contexto tan
complejo, el uso de las
nuevas tecnologías para
propagar las ideas
defendidas por los
partidos fue considerado
como un factor decisivo
por los equipos de
comunicación. Ambas
organizaciones trataron
de captar a un mayor
número de seguidores en
las redes sociales; pero
las acciones puestas en
práctica recibieron
fuertes críticas de los
estudiosos de la
comunicación política y,
especialmente, por parte
de los internautas.
LOS REGALOS DE RUBALCABA
Sus estrategas lo
llamaron “Programa por
puntos” y aunque se
mantuvo online
durante toda la campaña
en el sitio web de
Rubalcaba (www.rubalcaba.es)
en realidad los
resultados no fueron los
esperados. Mediante esta
“iniciativa”, la campaña
del PSOE otorgó “puntos”
a cada usuario
registrado en la página
que “decidió” compartir
los contenidos del
candidato en sus
perfiles de redes
sociales. Por socializar
un video destacado, la
persona recibía cuatro
puntos; mientras que por
una foto, un audio o una
noticia, la cifra bajaba
hasta dos. Aquellos que
llegaron hasta las 250
unidades recibieron un
“bálsamo labial”, rojo,
con la consigna
“Rubalcaba sí”.
Este era el regalo más
barato; pero los que más
compartieron recibieron
otras cosas, por
ejemplo, un pulóver, un
cuaderno y los “más
compartidores”
alcanzaron la cima del
catálogo del PSOE: una
taza térmica, valorada
en 1700 puntos, por lo
que para tomar café en
ese recipiente el
usuario del sitio
oficial de Rubalcaba
tuvo que socializar, en
sus perfiles de redes
sociales, un mínimo de
425 videos.
La “iniciativa” del PSOE
de inmediato fue
comparada con una
empleada anteriormente
por el PP y que fue un
trending topic en
Twitter, bajo el
hashtag
—etiqueta
en la que se agrupan los
contenidos en esa red— #Prostituit.
LOS CLONES DEL PP
Durante la Convención
del PP, efectuada en
Málaga, entre el 6 y el
8 de octubre, el equipo
de comunicación les
pidió a los internautas
que simpatizaban con
Rajoy (www.rajoy.es)
que “cedieran” de forma
voluntaria sus perfiles
en Facebook y Twitter.
El objetivo era
compartir, a través de
ellos, cerca de diez
mensajes diarios sobre
las actividades de la
Convención y el programa
del PP.
De esta manera, los que
aceptaron la aplicación
pasaron a ser “clones”
del PP. Las personas
podían seguir
interactuando con sus
amigos o seguidores en
las redes; sin embargo,
cada cierto tiempo
aparecía un mensaje
automático, con
propaganda del PP que se
distribuía entre esos
amigos.
La noticia se expandió
con rapidez entre la
comunidad tuitera y los
más ingeniosos crearon
el #Prostituit. Bajo
este hashtag, los
del PP recibieron burlas
de todo tipo; aunque
según ellos su
iniciativa fue exitosa,
porque funcionó “como el
marketing viral”,
es decir, mientras más
se hablara de ella,
aunque fuera para
criticarla, crecía el
número de personas que
se enteraban del plan y
aumentaba la posibilidad
de que nuevos seguidores
aceptaran la aplicación
y cedieran sus perfiles.
“Esas son estrategias de
marketing de
comunicación viral
bastante habituales. No
las usan solo los
partidos políticos,
también las empresas
privadas”, añadieron los
del PP. Realmente tenían
razón porque ellos
—también los del PSOE—
condujeron una parte de
la campaña electoral
como una gran
competencia de
propaganda política, con
muchos discursos,
presentaciones públicas
y poca claridad en los
planes para sacar a
España de la crisis
económica.
Los creadores del
“Programa de puntos” del
PSOE y de la cesión de
los perfiles del PP
equivocaron su camino,
porque promovieron la
difusión mediante el
corte y pega de los
mensaje, en los muros y
perfiles, por encima del
diálogo con los
internautas. Convertir a
los ciudadanos en vallas
publicitarias es
desaprovechar todas las
ventajas que ofrecen las
redes sociales. No por
gusto los más bromistas
en Twitter y Facebook
llamaron a estas
acciones “prostitución
política en la red”. |