La Habana. Año X.
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Fresa y chocolate

Senel Paz (Fomento, 1950)

18   COPPELIA.                                   
EXT. DIA.

David vuelve a la realidad. Mira al que ha hablado y queda de una pieza. Frente a él está Diego con una copa de helado de fresa en la mano. Su facha de homosexual resulta evidente y escandalosa a los ojos de David.

DAVID: (Para sí) ¡Dios mío! 

Diego sonríe a David, deposita el helado sobre la mesa y comienza a acomodar sus numerosos bultos, que terminarán por copar las dos sillas vacías y parte de la mesa. Entre sus cosas, un ramo de girasoles y una cámara fotográfica. David mira hacia los lados. Ve una mesa libre a cierta distancia, pero antes de que intente levantarse para mudarse, Germán la ocupa. En el transcurso de la secuencia habrá uno o dos intercuts de Germán, que disfruta siguiendo la escena. 

Diego termina de instalarse. David observa que su copa de helado de chocolate está intacta. Diego lo mira muy amistoso y almibarado y le dice refiriéndose a su helado pero en tono ambiguo.

DIEGO: No pude resistir la tentación... Me encanta la fresa. 

David mira a Diego con la peor cara que tiene, coloca su periódico a mitad de la mesa como para demarcar dos zonas, y comienza a tomar del helado a toda prisa.

DIEGO: ¡Niño! Te va a dar la punzada del guajiro, se te va a congelar el paladar. 

Automáticamente, David toma el helado más despacio. Le viene un acceso de tos.

DIEGO: ¿No te lo dije? Toma. (Le ofrece su vaso de agua). 

David bebe del suyo. Vuelve al helado con más calma.  

DIEGO: ¿Se te pasó? 

Saca unas llamativas servilletas de papel. Le pone una a David. Este la tira al suelo de un manotazo. Diego finge no ver la acción y le pone otra.

DIEGO: ¡Qué ventolera!  

David ignora la servilleta. Diego le echa otra buena mirada y luego, con muchos melindres, recoge un poquitín de helado en la puntica de la cuchara y se lo lleva a la puntica de la lengua. Lo degusta con exageración.

DIEGO: Ex-qui-si-to. (A David.) Es lo único bueno que hacen en este país. (Por lo bajo.) Ahorita los exportan para Rusia; y para nosotros, agua con azúcar.  

David, tenso, sigue concentrado en su helado. Diego pega un gritito. Ha encontrado una fresa casi intacta. David le echa una rápida mirada.

DIEGO: ¡Huy! (Toma la fresa con la punta de los dedos. Mira a David con intención.) Hoy es mi día de suerte: encuentro maravillas.  

David, cada vez más a punto de perder las casillas, se domina. Diego coloca la fresa en el borde del plato.

DIEGO: (A la fresa.) Ahí te quedas, para lo ultimito. Pero no seremos egoístas, si alguien quiere le daremos. (Hacia David.) ¿Alguien quiere? (Al no obtener respuesta.) Él es mudo. (Busca en sus bolsos.) Bueno, volemos en alas de la imaginación, ya que en otra cosa no se puede. Estamos en el bulevard de Montmartre, a côte de Notre Dame, derrière Les Champs Elysées. Où est Le Cahier du Cinéma? (Saca una revista.) ¡Voilà! 

Aparta el helado y coloca sobre la mesa, lo más cercano posible a David, un paquete de libros que saca de una de sus bolsas. Se acomoda en la silla y finge entregarse por entero a la revista.

DIEGO: ¡Modas para el verano! 

David inspecciona a Diego con irritación: su pose, su estampa, su vestuario, sus maneras. Luego echa una mirada a los libros. Se interesa. Son ediciones extranjeras de calidad. Vuelve a mirar a Diego, quien parece absorto en la revista, y se esfuerza por leer los títulos de los libros. Un cambio de página de Diego y regresa al helado. Enseguida retorna a los libros. Detalle de una portada con las letras contrarias a David: Conversación en la catedral, Mario Vargas LLosa. David se entusiasma con el título. Al levantar la vista, Diego lo está observando.

DIEGO: Mejor los guardo, ¿verdad? Con tu permiso.  

David se hace el desentendido y vuelve a su helado. Diego guarda los libros en una bolsa.

DIEGO: Ha sido una imprudencia imperdonable de mi parte. ¿Sabes lo que pasa? Que nuestros policías son cultos, y si cruza alguno y nos agarra con este material mañana estamos cortando caña. Los dos: yo por sacarlos y tú por permitírmelo.

David lo fulmina con una mirada.  

DIEGO: De verdad, de verdad. ¿Con las cosas que dice este señor del comunismo? Mira, si quieres te lo presto... y en casa tengo a Severo Sarduy y a Goytisolo completo. A Juan, por supuesto, no a los otros.  

David lo mira con mala cara.

DIEGO: ¿Vargas Llosa es quien te interesa? Este está dedicado de su puño y letra, pero tengo otro ejemplar en casa. ¿Vamos a buscarlo? Es a dos pasos de aquí.

DAVID: Yo no voy a casa de... gente que no conozco.

DIEGO: Aprovecha, niño, no seas tontito. ¿Dónde vas a conseguir estos libros?  

David se pasa el carné rojo de Militante Comunista de un bolsillo de la camisa a otro. Diego capta la acción y mira hacia los lados como para asegurarse de que nadie lo oye.

DIEGO: (Confidencial.) Capté. Solo puedes leer los libros que te autoriza la Juventud. Los forras, viejo, ten imaginación.

DAVID: No tengo que forrar nada, yo leo lo que me da la gana. Y no tengo ganas de hablar. ¿Está bien?

DIEGO: ¡Qué mal humor! ¿Estuviste de guardia anoche? ¡Esas guardias!  

Miguel llega a la cola para comprar tiques para el helado. En la mesa, Diego vuelve a la carga.

DIEGO: Yo a ti te conozco.  

David lo mira. 

DIEGO: Sí. Te he visto muchísimas veces saliendo de la Universidad.

DAVID: No soy yo.

DIEGO: Sí, niño, cómo no vas a ser tú.

DAVID: (Molesto.) ¡No soy yo!

DIEGO: Ah, perdona...
Tor-val-do... 

La palabra Torvaldo desconcierta por completo a David. Mira perplejo a Diego.

DIEGO: (Humilde.) Solo quería enseñarte unos libros... y unas fotos de cuando actuaste en Casa de muñecas en aquel Festival.

DAVID: ¿Tú tienes fotos de la obra?

DIEGO: Muchísimas. ¡Quedaste maravilloso! Fíjate que a todos los amigos a los que se las enseño quedan locos contigo y te quieren conocer.

DAVID: Tú no puedes tener fotos mías, y enseñarlas mucho menos. ¿De dónde las sacaste?

DIEGO: Soy fotógrafo.

DAVID: Me las tienes que dar.

DIEGO: Por supuesto. Vamos a buscarlas, están en casa.

DAVID: ¿Dónde tú vives?

DIEGO: Cerquita de aquí. (Enseguida añade
...) Con mis padres y unas tías que no salen nunca.

DAVID: Vamos a buscarlas ahora mismo. Me las tienes que dar con los negativos.

DIEGO: Claro, claro. 

David se incorpora.

DAVID: Vamos.

DIEGO: Déjame terminar el helado.

DAVID: No, vamos ahora. Tú vas delante y yo detrás, y en la calle no me hables ni me mires. (Sale.) 

Diego recoge precipitadamente sus cosas y se va volando tras David. Germán, asombradísimo de la rapidez de la conquista, viene hasta la mesa, toma la fresa que finalmente quedó en el borde del plato y se la come. Sale.
 

Escena 18 de Fresa y Chocolate, guion de Senel Paz a partir de su relato "El lobo, el bosque y el hombre nuevo".


Senel Paz: Escritor y periodista cubano. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana en 1973. Fue coguionista de la película cubana Fresa y chocolate inspirada en su cuento “El lobo, el bosque y el hombre nuevo” y ganador del Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional.  

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218—0869. La Habana, Cuba. 2011.