La Habana. Año X.
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Norberto Codina
(Caracas, 1951)

Como escribiera el clásico…

La historia
no es más que la entonación diversa
de algunas metáforas.
¿O es la rebeldía contra el déspota
que administra la absolución?
La rebeldía contra
los que tienen el lujo y la soberbia de las respuestas.
Tomamos partido por el bando de los tísicos,
los surrealistas, Belcebú,
la quebradura del tiempo.
La división natural entre el que responde
y el que interroga
ese deslinde que se interpone
como animal mutante
entre el espacio del discovery y la tierra brumosa
reptando hasta lo desconocido
como el junquillo en la hoguera.
Incómodo, insurrecto, tonto, maniático de Rimbaud
y Pessoa
por el sagrado desorden del espíritu.
En esa paráfrasis que se descompone
donde lo prohibido es lo divino.
La palabra
diamante en la lengua
se convierte en universo, Biblia, Corán, Caja
de Pandora, intervención poética
resquicios y puentes, laberintos,
socorrido desarraigo del silencio y la diáspora.
Y la historia es, como la poesía,
ante todo incertidumbre.


De vísperas, + hambruna, soliloquio

Soy como un antiguo escriba insepulto
mísero sujeto para la curiosidad de los científicos
sin herencia ni sueño donde el azar se cruza
con el cadáver de su rey.
Y no le reconocen aquella última estancia
con el rencor, el celo, la lujuria
las únicas propiedades que no pudieron quitarle
en la resplandeciente naturaleza del río.
Iluminados quedaron los dibujos
de muchachas-sílabas, de amigos-colegios
de lecturas dispersas en el fuego
y dudas en la superficie de tu cuerpo.
Imagen de la torre, del templo, de las ruinas
donde el rey y el obispo se confunden
sobre mapas mutilados
ala y bronce del cartógrafo
la nave costumbre que perdió en su vientre.
Y siglos después
fue la bitácora de toda una familia
desafiando con sus fracasos y alumbramientos
al Gran Arquitecto, a los ciclones del Caribe
vértigo sobre sí mismo
al hacha del destino y a los vientos que todo
lo estremecen.
Ni escriba ni rey.
Solo se salva el cadáver del mulo
que reposa sin remordimientos.


El Evangelio,
según…


Rebélate, rebélate contra la muerte de la luz.

D. Thomas.



El hombre, como un animal cansado
da dos vueltas y se echa en sí mismo
se deja caer desde su yo y su memoria
desde la médula y el primer aroma de la infancia
desde el crucifijo y la pila bautismal
a los nueve años en la iglesia del Carmen.
Y aún antes, desde el primer semen
la primera lágrima, la primera sangre
de la madre posesiva y el padre mercader.
Desde el primer rincón en el fondo de la caverna
a la luz de unas brasas agónicas
entre la niebla de los fluidos
mientras la furia y el aliento del gran tigre acechan.
El hombre resucita y se desploma
en su eterno dolor de perder y recobrarse.
¿Dónde la manada, el recuerdo
molecular del cazador con el crujido de la presa
el palio, el sol hermoso y el sexo irrepetible?
Si fue dios, y cayó de sí mismo.
Si se cansó de ser héroe y traicionó
su casa
mató al niño y no pudo
contener el pulso del carnicero.
Fue escupido y perdonado
por su rebeldía y su servidumbre
y no puede ser hoy más
que la atávica sombra de la derrota
que se alarga desde el pasado
sobre los médanos del Coro
expedicionario de sus miedos
acumulados como las piedras
de una fortaleza troyana
llámese
san Severino, san Juan de Ulúa
o san Juan de Arce.
Un resplandor más allá de la selva
más allá del iris del “gran dientes de sable”
un punto luminoso
perdido en los senos de la hembra
o en el capullo cortado que le perturba.
Da dos vueltas, lentas y duras
cae sobre su costado
se aplasta en el silencio de la tormenta
en el árbol de su cadalso
reza por algo imposible, siempre ha sido así
tiembla, se estremece, materia en cámara lenta
arranca la última brasa
el carboncillo agónico que todos le niegan.
Y vuelve a desandar con la cruz
con el manifiesto a los obreros silenciosos
con los dogmas, y las leyes, y los principios
que lo hicieron, santísima trinidad
huérfano–adúltero–profano–pobre diablo
espiral elevada de sus derrotas
rostro común, mano triste
la arruga, el callo, la joroba
la hosca y flaca palidez del que alumbrará
a su padre, a su hijo, a su otro yo, al emigrante.


Norberto Codina: (Caracas, Venezuela, 1951). Poeta y editor. Director de La Gaceta de Cuba, publicación de Arte y Literatura de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado los siguientes cuadernos de poesía: A este tiempo llamarán antiguo (Premio David, editado en 1975), Un poema de amor según datos demográficos (Plaquette, 1976), Árbol de la vida (1985), Los ruidos humanos (Mención Premio de la Ciudad de La Habana, 1986), Lugares comunes (Finalista del Premio de la Crítica, 1987), y Poesía V (1988); autor de la antología Los ríos de la mañana (Poesía cubana de los 80, 1995), Material de lectura de Raúl Hernández Novás (UNAM, México, 1996) y coautor de la antología Poesía Joven Cubana (1979) y las monografías Provincia de La Habana (1979 y 1986).

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.