El excelente libro de
once cuentos La
sombra del paisaje,
que ediciones UNIÓN pone
en nuestras manos con
fecha 2009, escrito por
la poeta y narradora
holguinera Lourdes
González Herrero (1952),
sobresale no solo por su
calidad incuestionable,
sino por la
peculiarísima manera en
que se aparean los
cuentos y sus temas.
Sin que sea una obviedad
que no deje lugar para
el asombro, en la gran
mayoría de los casos se
vislumbra que más allá
de los títulos y del
orden en que la autora
los ha colocado, sus
cuentos viajan en dúos.
Como si las historias
fueran a asistir a un
baile tradicional, se
toman de las manos y de
dos en dos, van saliendo
a escena. El espinoso y
siempre controversial
debate de las relaciones
entre lectores,
libreros, escritores,
escritoras y profesoras
de literatura es
escogido por Lourdes en
la pareja integrada por
“Contextos para entender
la desesperación” y “La
catedrática, los
ingenuos y la vida
vecinal”. En ambos
cuentos, aparecen las
divergencias inevitables
que en cuanto a gustos
estéticos, filias,
fobias y prejuicios
padecemos todos y todas,
ya sea como
destinatarios de la
literatura o como
hacedores de ella.
Ubicadas en una terrenal
dimensión, las
principales motivaciones
de los dos grupos de
arte (emisarios y
receptores), se
despliegan abiertamente,
y bailan sin decoro. La
muerte, inspiradora de
eterna fascinación, sale
a la pista con “Antonia
y la fiera” y en “Tan
trivial como la vida”.
Un animal repulsivo y
una misteriosa estrella
que va de un árbol al
cielo son las aparentes
causas de los decesos
que la escritora nos
cuenta, en la parte más
lenta y cadenciosa del
baile. Luego, las notas
musicales se elevan de
manera que la danza se
torna enérgica y grácil
cuando llega la pareja
encargada de los viajes:
“Experiencia trasladada”
y “Un día en Dinamarca”.
El humor, que Lourdes
maneja siempre con
maestría en su
literatura, adquiere
aquí matices que lo
hacen perceptible como
irónico. La ironía, que
según Reynaldo González
es signo de
inteligencia, hace las
veces de maestra de
ceremonia y dicta los
pasos de esta pareja de
cuentos. Del primero de
ellos, hablaré más
adelante, cuando me
acerque al asunto de la
mujer y al tratamiento
que la autora le
reserva. Los vínculos
familiares cierran la
danza, con el dúo que
forman los cuentos “La
madre y la paz” y
“Rituales del evacuado”.
Se agradece la franqueza
que aflora en estas dos
narraciones, donde sin
esa edulcorada imagen
que estamos hartas de
escuchar, son reflejadas
abierta y valientemente
las complicadas
relaciones que existen
de toda la vida entre
las madres y sus hijas.
Una vez más, Lourdes se
regocija en ellas
creando situaciones
humorísticas aunque
estén bañadas de la
ironía que ya señalamos.
En ese sentido, la
escritora es una de
nuestras más tenaces
exponentes. No se
caracterizan ni este
libro ni sus obras
anteriores por ser
elocuentemente
feministas, en su
concepción más estrecha.
Sin embargo, quiérase o
no, el tema de la mujer
está presente. La
subvaloración de que
hemos sido y en cierta
medida todavía somos
víctimas, es tratada
hábilmente en una pareja
danzaria que se forma de
pronto, ofreciendo el
bis, el encore
que el público asistente
al baile reclama.
Una mujer que ha
visitado Europa necesita
contarlo, pero en cada
hombre a quien se acerca
con dicho propósito
encuentra no solo
resistencia, sino una
indiferente oreja. Su
padre, su amante, su
amigo y su médico se
esfuerzan en hacerle ver
que su viaje, su festín,
su maravillosa
experiencia carecen de
valor porque ellos
tienen mucho más interés
en contar otros puntos
de vista, otros viajes,
otras obsesiones. Fue la
mujer quien llegó hasta
más allá del horizonte,
pero a ninguno le
importa. La
contrapartida de
“Experiencia
trasladada”, que ya
había bailado, es el
magnífico cuento “Los
sueños de Aida Rojas”,
que viene de pronto para
dar por terminada la
fiesta de este baile sin
sombras. La señorita que
en apariencia no sueña,
suscita obsesiva
curiosidad en un hombre,
que utiliza a otro para
sus averiguaciones.
Paralizado en la trampa
de saber la causa del no
soñar de Aida Rojas, el
hombre la desprecia.
Ella sale oronda de
cuanto obstáculo le
ponen estos dos
perseguidores de su no
soñadera, porque solo
ella sabe lo que hace,
lo que deja de hacer.
En el proscenio de las
tablas donde bailan
estos 11 cuentos, hay
una luz que los orienta:
la cotidianidad. Sin
temer retoricismos,
Lourdes maniobra los
hilos de sus historias
con habilidad de
marionetista para
describir sucesos
curiosos, comunes,
paradojales de la vida
cotidiana, y el
resultado es este
abanico de cuentos que
entretiene. Este libro
no pretende
solemnidades, no es
ambicioso, y en eso
radica su gran
atractivo. Parafraseando
a Eliseo Diego en su
brillante definición de
qué es un cuento, este
volumen de relatos logra
el primordial objetivo
de dejarnos en donde
estábamos sin otra
aspiración que la de
darnos una vuelta en
redondo, sacándonos de
nosotros por un
instante.
Si ya Lourdes González
había dado muestra de su
habilidad de narradora
en la memorable novela
Las edades
transparentes, con
La sombra del paisaje
ratifica que sus cuentos
saben bailar a cualquier
compás. En cualquier
escenario, sus parejas
narrativas obtienen
glorificación. Desde
nuestra luneta,
acompañamos los aplausos
de quienes
acertadamente, le
otorgaron el premio que
ostenta este libro. |