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Presentación del número 72 de Unión

Desde el cuaderno, desde la memoria de Eliseo Diego

Dainerys Machado • La Habana

Cuando no existían las agendas electrónicas ni los celulares ni las sofisticadas computadoras que hoy nos son imprescindibles, mi padre anotaba los cumpleaños de sus compañeros de trabajo combinando, con un lápiz, los números de las páginas de un librito delgado y ya sin carátula. Así su amigo Salcedo aparecía en la página 2, y luego en la 20, en un código que se inventó para no olvidar que el 20 de febrero debía reunir a la familia, desandar la ciudad bicicleta arriba y pasar a felicitar.

Jamás supo mi padre la curiosidad que despertaban en mí aquellas combinaciones, entre páginas de breves narraciones, diversas como los códigos de su puño y letra. Un libro con un nombre, tan extenso en su semántica y confuso, como Divertimentos1 comenzó a explicarse ante mí, solo después de muchos años recurriendo a sus páginas. Mas debo confesar que descubrí cabalmente al poeta cuando ya había sido consumado hace mucho el hurto de aquel volumen que me obsesionaba en su contundente brevedad llena de símbolos, impresos y dibujados. Muchos años pasaron antes que fuera capaz de separar a los fantasmas de mi padre de los de la literatura.

Ahora Eliseo Diego vuelve entre recuerdos que se me antojan semejantes a mi confuso y dilatado descubrimiento. Esta vez otras páginas lo traen, y otros hijos y otros amigos. Pero no solo está mi curiosidad intacta sobre su obra, también parece estarlo, por desconocida, cierta zona de la creación del escritor.

El número 72 de la revista de Literatura y Arte UNIÓN, presentado el martes 29 de noviembre en la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, “opta por reconocer al poeta y sus circunstancias”2 y dedica su dossier al autor de los “estremecedores poemas de En la Calzada de Jesús del Monte3. Para ello, nos descubre entre las fotografías de las primeras páginas a los niños Rapi, Lichi y Fefé y sus despreocupadas sonrisas al amparo de Villa Berta, hogar de la familia. Y después, cuando ya aparecen canas en la barba de Eliseo, donde estaban aquellos hijos, otros niños sonríen con la misma ingenuidad.

Dos Recuerdos, de Josefina de Diego García-Marruz, Fefé, inician este encuentro con la familia. En sus páginas están la abuela Berta Fernández-Cuervo y Giberga, y la madre, Bella García-Marruz, como estampas vivas de aquel halo de inefable poesía que los rodeó más allá de las palabras.

Acaso lo más sorprendente que aflora entre las páginas de la publicación es justamente el proyecto de novela de Eliseo Diego y uno de sus fragmentos más extensos titulado Narración de domingo. Ideas esbozadas, otras tachadas, las más inconclusas, conforman los restos —¿o debiera decirse el principio?— de un texto que debió escribirse “en primera persona por Cayetano [C.], el protagonista”4, y que su autor comenzó en junio de 1945, para dejar a medias, perdido el impulso inicial.

Abandono relacionado quizá con las obsesiones del creador que se descubren entre muchas de sus líneas, en el “Principal problema: ¿NOS DA O NO NOS DA MATERIAL PARA UNA NOVELA EL TEMA QUE CONSIDERAMOS?”5, y en su interés reiterado por dejar claro que el segundo capítulo, como continuidad del primero, “se inicia desde la almohada, es decir, desde el cuaderno, es decir, desde la memoria, desde el fin”6.

“El abrumador paso del tiempo, la inevitable muerte, los misterios insalvables de la religión”, como temores al descubierto en este número, están también en su cuento, hasta ahora inédito, “Acerca de una muchacha que supo muy bien lo que quería”. Una narración digna de un apasionado egiptólogo, por el acercamiento detallado del autor a esa cultura milenaria, según expresó el presidente del Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos, Omar González, durante la presentación de este número de UNIÓN. Solo otro tanto a favor de la edición, que el propio González bautizara como “coleccionable” durante su exhaustiva intervención.

Es cierto. La novedad de las páginas de esta revista trasciende la presencia de Eliseo Diego desde su obra inconclusa, aún cuando con ello bastaba. Completan el convite literario pasajes inéditos de otras tres novelas de igual número de escritores cubanos, tan diferentes entre sí, como sorprendentes en sus particularidades.

“Paisaje vienés”, un fragmento de la novela Detrás del silencio, de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes; “El arribo”, de esa narración de Abelardo Estorino que deberá llamarse El tren; y un pasaje de Se anda buscando a un hombre llamado Máximo. Si lo ve, pídale, por favor, no desaparecer, de Enrique Pineda Barnet, conforman esa tríada impresionante, anunciada en la publicación como “Tres próximas novelas”, pero a las que en sus respectivas notas de presentación, por motivos diversos, se les augura similares destinos que la del proyecto de Eliseo.

Carlos Velazco, jefe de redacción de UNIÓN, había dicho durante su intervención que “uno puede presentar bien o mal una revista, pero esta se debe valorar por el producto final”, y coherentes en el conjunto, e imprescindibles en contenido, transitan así ante el lector Jacinto Muñiz la Vallée, Mario Coyula, Liborio Noval y Miriam Rodríguez Betancourt con visiones muy particulares de Eliseo Diego o alguna de sus obras.

Los trabajos de Natalia Bolívar sobre Camerún y las sociedades secretas; de Albero Abreu a propósito de Ediciones El Puente; de Olga García Yero sobre el escritor Marcelo Pogolotti; el acercamiento del propio Velazco y de Elizabeth Mirabal al intelectual cubano Carlos Victoria; la mirada de Luciano Castillo a la inclinación cinematográfica de Alejo Carpentier; y la Nostalgia Habanera, de Graziella Pogolotti como homenaje a Eliseo Alberto, completan fuera de dossier una mirada plural al acontecer cultural contemporáneo. Que al decir del jefe de redacción, “jerarquizan la producción cultural y literaria de Cuba, y dan cuenta de lo que sucede actualmente”.

Y a pesar de la diversidad contenida en sus páginas, en el número 72 de UNIÓN, Eliseo Diego está por todas partes. Las ilustraciones de su hijo Rapi, íntimas, diversas, estentóreas o a penas esbozadas, acompañan también la poesía de Nelson Herrera Ysla, de Lina de Feria, de Alpidio Alonso-Grau y de Luis Marré. Casi todas las páginas cargan con los trazos del primogénito, reproduciendo a veces el rostro del padre, a veces el suyo propio tan parecido, convirtiendo a la revista también en una especie de álbum de familia, que husmea hacia otras realidades de la cultura cubana, ninguna ajena al poeta.

Un mensaje de Fefé disculpándose por su ausencia, en la voz de la escritora Nancy Morejón, directora de la revista de Literatura y Arte; la presencia de casi todos los creadores que colaboraron con el número y su cuidada edición; son algunos de los divertimentos que podrían resumir la tarde en que llegó esta UNIÓN al mundo.

Desde su primera página, el lector es advertido de las conjunciones que acoge, cuando en la nota editorial se dice que Eliseo “en una ocasión se refirió a que sus mejores poemas no eran suyos, sino de su esposa Bella García-Marruz: así consideraba a sus hijos Constante, Eliseo Alberto y Josefina”7, aquellos niños sonrientes de las primeras páginas.

Y a pesar de tal aviso, el encuentro conmueve. Más cuando permanecen intactos los recuerdos de quienes descubrimos al poeta también desde otras páginas, desde otros álbumes familiares, a los que se suma ahora, sin duda, la revista UNIÓN.

 

Notas:

1- Eliseo Diego: Divertimentos. Colección Cocuyo, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1975.

2- Este es Eliseo Diego, Nota Editorial Unión, Revista de Literatura y Arte, Año L, Número 72 de 2011.

3- Josefina de Diego García-Marruz: Dos Recuerdos. En UNIÓN, Ob. Cit., pp. 4-5.

4- Eliseo Diego: Proyecto de Novela. En UNIÓN, Ob. Cit., pp. 6-17.

5- Ídem.

6- Ídem.

7- Este es Eliseo Diego. Ob. Cit.1

 

 
 
 
 
   
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.