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Una de las cosas que más
afortunadas, en mi
criterio, ha sucedido en
años recientes en
relación con la
producción jazzística
hecha por cubanos dentro
y fuera del país, es la
diversificación de los
estilos abordados.
Cierto que el jazz
latino o afrocubano,
como otros prefieren
decir, continúa siendo
la línea predominante,
pero junto a dicha
variante encontramos
otras que antaño eran
mucho menos practicadas
por nuestros músicos.
Una tal es el caso del
jazz fussion
o jazz eléctrico,
que ciertamente ha
contado con escasos
cultores entre los
cubanos.
Es en dicha zona del
quehacer jazzístico que
se inscribe un álbum
como Cubilete,
acreditado al
saxofonista César López
y que viese la luz a
través del sello
Unicornio en el ya
lejano año 2000. Pese al
tiempo transcurrido
desde entonces, cada vez
que vuelvo a escuchar
este CD, lo siento como
un fonograma muy fresco
y con plena vigencia.
Penosamente, en su
momento de aparición, el
disco no fue comprendido
entre nosotros, pienso
que en buena medida
debido a la falta de
costumbre de este tipo
de material en nuestro
ambiente musical y que
llevó a que algunos lo
considerasen un trabajo
con una sonoridad
demasiado cercana a la
de propuestas
estadounidenses de dicho
corte.
Para mí, por el
contrario, fue una
alegría comprobar que
por fin músicos cubanos
se decidían a adentrarse
por una de las áreas que
más impacto ha causado
en el mundo del jazz,
desde que Miles Davis
iniciase la aludida
vertiente allá por fines
de la década de los 60
del pasado siglo. A lo
antes expuesto se une
que Cubilete
resulta un disco
pletórico en brillantes
ejecuciones, con piezas
y arreglos en su mayoría
a cargo del teclista
José Ramón Mestre.
Otros instrumentistas
involucrados en esta
aventura encabezada por
el camagüeyano César
López son el bajista
Arián Suárez y el
baterista Fernando
Favier, a quienes
también se unen el ya
desaparecido
percusionista Miguel
Ángel “Angá” Díaz y el
trompetista Mario Félix
“El Indio” Hernández.
Como invitados
participan el
guitarrista Norberto
Rodríguez, los
trompetistas Basilio
Márquez y Alexander
Abreu, el saxofonista
Alfred Thompson y los
pianistas Miguel Núñez y
Andrés Alén.
Entre mis piezas
favoritas en el álbum,
mencionaría “La esquina
de Weckl”, tributo al
genial baterista Dave
Weckl y con especial
destaque para el trabajo
de Fernando Favier desde
la batería; “Las tres
cabezas de Fernando”,
con sobresaliente
intervención de Norberto
Rodríguez en el solo de
la guitarra eléctrica;
la que le da nombre a la
grabación, o sea,
“Cubilete”, por lo
compacto que suena toda
la banda; y
“Equilibrio”, que nos
deja escuchar una de
esas notables
ejecuciones de César
López desde el saxofón y
en la que logra hacer
una interpretación
caliente e intimista a
la vez.
Disco que de manera
lamentable pasó sin
penas ni glorias en Cuba
al ser publicado, sin
embargo, para mí,
Cubilete resulta un
álbum fundamental para
comprender los nuevos
derroteros que va
asumiendo el jazz
realizado por cubanos. |