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La nueva era no se
avecina, ya está aquí.
Aunque millones de seres
humanos carezcan de luz
eléctrica, agua potable,
no sepan leer ni
escribir, otros millones
viven conectados a las
nuevas tecnologías en un
cibermundo que simula
ser de ciencia ficción
donde conocen gente,
conversan con amigos,
realizan compras, se
enteran de las últimas
noticias y, más
recientemente, se citan,
indignados, para tomar
las calles de Egipto,
España u ocupar Wall
Street.
Quienes así utilizan la
red, toman los medios
alternativos y las redes
sociales como
referencia, portadores
de otras informaciones
que en ocasiones so
silenciadas por los
medios de comunicación
tradicionales.
Precisamente sobre el
rol de los medios
alternativos y las redes
sociales como nuevos
escenarios de
comunicación política en
el ámbito digital se
discutió en el taller
que durante los días 29
y 30 de noviembre tuvo
lugar en el Palacio de
las Convenciones de La
Habana con participantes
de Venezuela, Argentina,
México, Brasil, Ecuador,
Bolivia, Nicaragua, El
Salvador, Italia,
Francia, España, y, por
supuesto, Cuba.
¿Cuál es el rol de los
medios alternativos y
las redes sociales? Fue
una de las preguntas que
atravesó la discusión de
las diferentes sesiones
de trabajo. Las
respuestas vuelven a
enfrentar, parafraseando
a Umberto Eco, a nuevos
apocalípticos e
integrados. Ante quienes
destacan que las redes
sociales han ayudado a
difundir las
convocatorias a ocupar
las calles, responden
quienes recuerdan que ya
estaban dadas las
condiciones objetivas
para las revoluciones,
aquellas mismas que
Lenin describiera el
siglo pasado.
Otra de las
interrogantes que movió
los debates fue: ¿qué
estrategias diseñar para
hacer más efectivo el
trabajo de los medios
alternativos?
Interpelación urgente si
se quiere porque, como
recuerda el canciller
cubano Bruno Rodríguez
Parrilla: “Es esencial
que los movimientos de
rebeldía que transcurren
hoy en el planeta,
signifiquen una
alternativa en el
ciberespacio, pero que
sobre todo signifiquen
una alternativa
política”.
En la misma cuerda
reflexionaba el profesor de
la Facultad de
Comunicación de la
Universidad de La
Habana,
Raúl Garcés: “No se
puede pensar la
comunicación sin al
mismo tiempo pensar la
política”.
“Este cambio no es solo
tecnológico, también es
cultural”, alertaba
Arturo García, del
periódico mexicano
La
Jornada. Por otra
parte,
Rosa Miriam Elizalde, editora del
sitio web
Cubadebate,
llamó la atención “sobre
la necesidad de asumir
críticamente la
revolución tecnológica
que vivimos y las
instituciones e
instrumentos que van
apareciendo en su
entorno, para no perder
la oportunidad de
comprender mejor la
dimensión social de este
proceso y cómo nos
afecta, y para
asegurarnos de no
reforzar las estructuras
de dominación. La
información necesaria
para poder tomar la
decisión de confiar en
alguien o algo, depende
de que sepamos qué es lo
que sucede ahí afuera”.
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Para la
profesora del Instituto
Internacional de
Periodismo,
Milena Recio: “Las
batallas políticas, en
la sociedad global, que
se construye a sí misma
también a instancias de
esta web 3.0 que se nos
viene encima, ya no
discurrirán
mayoritariamente entre
grupos elites,
entendidos en las artes
de la diplomacia, el
discurso mediático o la
tradición politológica”.
La dimensión de esta
tesis se entiende cuando
se consultan las cifras
de acceso a la red de
redes en el mundo. Según
el sitio web Whats
new, “Diciembre de
2010 cerró con el 30% de
la población mundial;
aproximadamente dos mil
millones de personas
conectadas a Internet en
todo el mundo, y las
proyecciones indican que
este ascenso trepidante
se disparará en muy
pocos años debido a la
irrupción de la Internet
móvil y en un mundo que
actualmente cuenta con
cinco mil cien millones
de teléfonos móviles y
un porcentaje cada vez
más creciente de
Smartphones”1.
En consecuencia, hay que
añadir nuevos modos de
convocar y movilizar a
los habitantes de este
mundo hiper/interconectado, parecen
decirnos no solo el 15M
u Occupy Wall Street,
sino también la
experiencia que narró
Ysmel Serrano, como
coordinador del Twitter
del Presidente
venezolano,
@chavezcandanga.
Desde abril de 2010,
cuando Hugo Chávez abrió
su cuenta en esta red
social, se ha convertido
en el segundo mandatario
más seguido del mundo,
ha recibido cuatro
millones 112 mil 500
mensajes desde su
apertura y aumenta
mensualmente un promedio
de 105 450 usuarios. Es
otra vía de comunicación
del Presidente con su
pueblo —comentaba Ysmel—,
se ha convertido en
fuente de información
incluso para los medios
tradicionales.
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Pero no por comunicarse
por Twitter el
presidente Chávez ha
dejado de estar
presencialmente entre su
pueblo, sin que medie
ninguna red social, así
como se reúnen los
ocupantes de plazas
norteamericanas,
dispuestos a servir de
micrófonos humanos,
cuando la censura
prohíbe los altavoces,
según cuenta la
profesora y activista
norteamericana
Karen Wald: “Esto
logró que miles de
personas se enteraran de
lo que pasaba, los
últimos sabían qué había
dicho esta persona que
no tenía micrófono”.
“La realidad se cambia
con la acción humana”,
señalaba Javier Couso,
el hermano de José Couso,
el camarógrafo español
asesinado por las
fuerzas militares
norteamericanas durante
la invasión a Irak y
parecía evocar al
periodista Pascual
Serrano cuando decía:
“Las redes sociales
existen y son
importantes, pero no son
nada si la gente no se
moviliza”. Por
ello tampoco sustituyen
las tecnologías a los
seres humanos que se
forman cual barricadas
en las calles del mundo,
expuestos a ser rociados
con gas pimienta en
Nueva York, empujados y
llevados a las cortes en
España, apaleados en las
plazas de Egipto y
Túnez. Como afirmaba el
escritor y periodista
español Isaac Rosa en
febrero de este año: “No
dudo que Internet ayuda,
facilita las
comunicaciones y rompe
bloqueos informativos.
Pero lo que estamos
comprobando estos días
es lo contrario: que las
revoluciones se siguen
ganando en la calle”2.
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