|
Tengo el privilegio de
estar entre los
asistentes a la
proyección de Chamaco
en el cine Charles
Chaplin, en el contexto
de la IX Muestra de
jóvenes realizadores. El
filme de Juan Carlos
Cremata arrancó un
fuerte aplauso y
comenzaron las apuestas
de si se exhibiría o no
en los cines cubanos.
Existen motivos para las
dudas: es la primera vez
que en Cuba se filman
escenas de caricias y
sexo entre gays. Estos
hechos para los
machistas de cualquier
lugar del mundo serían
escandalosos como lo
fueron en EE.UU. las
relaciones sexuales en
Brokeback Mountain,
la excelente cinta de
Ang Lee, en 2005.
Chamaco
tiene más: un ambiente
sórdido, cercano al
realismo sucio que muy
bien manejan algunos
autores. Cuando se
realizó aquel preestreno
escribí: “Si bien Juan
Carlos respetó la pieza
dramatúrgica de Abel
González Melo, logró
hacer cine con esa
historia sórdida sobre
el ‘mercado de la carne’
y otras miserias
humanas. La muerte de un
joven en un oscuro
parque —que pudiera ser
el de cualquier ciudad
del mundo— desencadena
una tragedia en la que
se ven implicados el
asesino, el padre y la
hermana del muchacho
desangrado casi delante
de una barrendera
nocturna. A este cuadro
se le une un policía
corrupto que tiene
relaciones de proxeneta
con un travesti y otros
gays a los que
intimida desde su
uniforme.” Contado así,
cualquiera piensa en una
pésima película de
violencia, sexo y
lenguaje de adultos.
“Pero no, Chamaco
es una cinta que se
inserta en lo trágico, y
a pesar de sus escenas
sexuales y hasta
crueles, se la asimila
como lo que es: un
muestrario de actitudes
humanas en las que
pobreza, marginalidad,
corrupción y doble moral
se dan la mano para
enseñar las zonas menos
visibles y más oscuras
de las familias y la
sociedad.”
Entonces, Cremata me
reveló “aunque teníamos
una muy buena imagen, la
degradamos y ensuciamos
a tal punto que ahora
parece filmada con un
celular. Eso tiene su
filosofía: en ella se
habla de cosas bastante
sucias, secretos que la
gente oculta
celosamente, y nos
interesaba reflejarlo a
través de una
realización
contestataria,
alternativa, contraria a
la belleza estética que
suele exigírsele al
cine”.
El filme ha sido
calificado por su
director como una
posible obra maldita:
“Lo digo, porque no creo
que el público quede muy
complacido, la gente va
a salir del cine con
dolor en el pecho, con
sentimientos
encontrados, malestar en
el alma, porque su
historia y la forma en
que se cuenta, saca
cosas muy duras de los
seres humanos.
“No estamos haciendo una
crítica específica a
nada en Cuba —aclaró
Cremata—. Estamos
utilizando esos
personajes cubanos, tan
bien creados por Abel,
para mostrar ese lado
oscuro que pueden llegar
a tener ciertas personas
en cualquier parte del
mundo.”
Un año después, en la
edición 32 del Festival
Internacional del Nuevo
Cine Latinoamericano en
el Sector Industria, la
cinta compitió por el
acápite Nuestra América
primera copia, que tiene
como fin dotar de
recursos a filmes que
necesitan ser
terminados, así
Chamaco pudo
hincharse con los
dineros del Premio del
ALBA Cultural.
No pocas críticas ha
recibido el largometraje
por quienes la vieron en
su preestreno o quienes
la han visionado en DVD,
como parte del mercado
—ahora aprobado— de
cintas de todo tipo,
incluso sin acabar.
Cremata, graduado de
Dirección en la Escuela
Internacional de Cine y
Televisión de San
Antonio de los Baños
(EICTV), con
Oscuros rinocerontes
enjaulados (muy a la
moda)
(1990), su primer
ejercicio de ficción
como estudiante, marcó
el inicio de su estilo.
La búsqueda y la
innovación signan su
hacer cinematográfico, y
el filme Chamaco
no está ajeno a esa
intención.
A pocas horas del
estreno en el Chaplin,
en el contexto de este
festival, Juan Carlos
me dijo: “Cuando
transmiten una de mis
películas no gusto de
repetir su visionaje;
pero en este caso se
produjo el mismo
silencio de aquella vez
con los Nuevos
Realizadores. Es una
película dura, pero
necesaria y ya me han
dado la buena noticia
que se exhibirá en
diferentes cines después
del festival. Tal hecho
está abriendo un camino
hacia otras maneras de
enfocar la realidad en
Cuba. Creo que su mérito
está en el excelente
texto del que partí”.
El director de las
premiadas cintas como
Nada, Viva Cuba
y El premio flaco
realizó este filme en
una manera alternativa
como otros tres (Marina,
de Enrique Álvarez;
Fábula, de Lester
Hamlet y Juan de los
Muertos, de
Alejandro Brugués) que
representan a Cuba en la
cita fílmica.
En opinión de Cremata “Chamaco
abre un camino de hacer
cine con pocos recursos
y que esas piezas
lleguen a competir,
aunque no hayan tenido
el respaldo de las
instituciones”.
La obra de González
Melo (quien participó en
el guion fílmico) fue
dirigida por Carlos
Celdrán para Argos
Teatro, tuvo una nutrida
y polémica asistencia de
público mientras estuvo
en las tablas. Ojalá
suceda lo mismo con esta
cinta con temas eludidos
por el cine, pero que
forman parte de nuestra
realidad.
En la cinta actúan
Aramís Delgado
(Alejandro), Luis
Alberto García (Saúl, el
policía), Alina
Rodríguez (la
guardaparques), Alfredo
Chang (La Chupi), Fidel
Betancourt (Karen Darín,
el protagonista), Caleb
Casas (Miguel Depás),
Laura Ramos (Silvia) y
Pancho García (Felipe,
el tío).
Lily Suárez Rodes se
encargó de la fotografía
de las escenas que
suceden en 24 horas de
un día en La Habana, que
pudo ser en Londres,
París, Buenos Aires o
México. Y sí, cómo no,
la cinta se verá en los
cines cubanos. |