La Habana. Año X.
10 al 16 de DICIEMBRE

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Alberto Lecchi:
“Adoro ponerles imagen a las cosas escritas”
Maydelis Gómez • La Habana

Una colega me comentó que le había parecido un poco resabioso, que a lo mejor no me daba la entrevista. Pero yo lo esperé. Tal vez era un cuento chino eso de que nos veíamos dentro de dos horas, pues debía terminar de leer un guion, y a lo mejor se me escapaba para ver una película en alguno de los cines de 23. A las 4:50 p.m. volví a llamarlo, “dame cinco minutos y nos vemos en el elevador que está más cerca de la piscina”. Ya era casi un hecho, tendría mi entrevista con Alberto Lecchi, uno de los directores argentinos más conocidos por el público cubano. Quizá algunos recuerden su ópera prima, Perdido por perdido, que obtuvo dos Premios Coral en la 15ª edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. A otros, quizá les resulte más familiar Nueces para el amor, una cinta que repasa sucesos significativos de la historia de su país y nos advierte que la pasión de la adolescencia no se olvida nunca. No solo los espectadores del séptimo arte han tenido la oportunidad de apreciar su obra, también en la pequeña pantalla ha realizado exitosas series como Nueve Lunas y Epitafios. Pero esta vez Lecchi llegó a Cuba sin películas. Después de cuatro años regresa a nuestro país como jurado del concurso de Guiones Inéditos.

No quiso adelantarme nada sobre los originales que había leído, pero al parecer alguno lo atrapó, y para él eso es lo más importante. “El buen guion es ese que empezaste a leer y no lo puedes dejar, donde los personajes están construidos de una manera que atraen, no son reiterativos. Leer un guion, para mí que soy director, es como imaginar qué película puede haber allá atrás”.

¿Y qué le sucede si encuentra un buen guion?

Me da una envidia bárbara, pues me hubiese gustado que fuese mío (ríe). Hacer una película es dificilísimo, pero hacer un buen guion es mucho más complejo.

¿Cómo logra contar un libreto sin traicionar su espíritu, pero al mismo tiempo haciéndolo suyo?

Me siento como un artesano. Agarro algunas cosas y las voy moldeando para que digan o tengan la forma que quiero. Eso es lo que me sucede cuando agarro un libreto que no es mío y hago una película de él.

En una ocasión dijo que le gustaría adaptar Rayuela, lo cual sería todo un reto. ¿Sueña todavía con llevar esta novela de Julio Cortázar a la pantalla grande?

Rayuela fue mi libro de cabecera durante muchísimos años. Cuando empecé a estudiar cine mi primer trabajo como estudiante fue una adaptación de esta obra. Es un sueño muy loco, porque Rayuela es un libro leído en todo el mundo y cada uno tiene una imagen distinta de él. Sería de esas películas que haces, y de antemano sabes que todos van a decir “el libro es mejor que la película”. Todo el mundo tiene una percepción diferente de la historia de los personajes. ¡Quién no imaginó a la Maga! Esta sería una de esos filmes peligrosos para los directores, porque en esta profesión los fracasos son muy difíciles de levantar, hay que tener bien claro qué vale la pena y qué no. Pero sí, sigo soñando con llevarla a la sala oscura y mostrarles a todos mi Maga y mi Horacio Oliveira.

Usted también es guionista, sin embargo, en múltiples entrevistas ha expresado que no le gusta escribir, que prefiere la dirección. ¿Por qué?

El trabajo del escritor empieza sobre la nada, sobre una hoja en blanco y eso me angustia. Mientras que el del director se inicia sobre un guion, entonces ya tienes de dónde agarrarte y a partir de ahí construyes. Me gusta escribir con la cámara, adoro ponerles imagen a las cosas escritas. Me encanta el trabajo con el equipo técnico, ver cómo los actores se ponen en la piel de los personajes. Tengo la suerte que casi todos los actores con los que he filmado, cuando los vuelvo a llamar aceptan trabajar conmigo. Aprendí a querer a los actores, ellos son la cara de la película.

Ese podría ser un buen consejo para los realizadores que se inician. ¿Qué otras recomendaciones les daría a los noveles?

Cada uno tiene su librito, creo en la puesta en escena. Mucho de los directores nuevos, cuando salen de las escuelas de cine, están más preocupados por la cámara, por su posición y descuidan al actor, sin darse cuenta de que si este está mal, la película no funciona.

¿Cómo valora las nuevas generaciones de cineastas que se están formando hoy en Argentina?

La tecnología ha abierto una posibilidad increíble que no tuve en mi época cuando empecé a hacer cine, y es la facilidad con la que puedes agarrar una cámara y comenzar a contar una historia. Esto me parece genial. Soy de los que piensa que hay que hacer, hacer y hacer, que es la única manera de llegar a perder el miedo a la cámara.

Su generación estuvo muy marcada por las dictaduras en Latinoamérica, ¿qué historia les tocaría contar ahora a los jóvenes?

Pareciera que en esta época de globalización uno puede hacer las cosas con menos límites que los que teníamos nosotros. Me imagino que eso puede traer aparejado una sensación de liviandad, por eso los creadores de ahora tienen que hacer un gran esfuerzo para contar historias que sean potentes. Para nosotros era todo tan duro y tan palpable que creo que el 70 % de las películas de mi generación tenían muertes. En la actualidad me parece que hay que empezar a hurgar más psicológicamente en qué nos está pasando, para que ello salga a la luz. Y nadie mejor que esta generación para contarlo, pues ya la veo de arriba.

Nueces para el amor es su película más personal, y es considerada por gran parte de la crítica como una cinta que refleja momentos clave de la historia de su país. Si hiciera otra cinta sobre los últimos 20 años de Argentina, ¿qué sucesos no dejaría pasar?

En 20 años ha habido cosas muy fuertes en Argentina. Entre ellos la consolidación de la democracia, la cual está relacionada con un acto muy importante que fue cuando Néstor Kirchner bajó el cuadro de Videla, uno de los represores más grandes de Latinoamérica. Otro suceso importante sería la salida de la gente a las calles antes del derrocamiento de Fernando de la Rúa, todo el mundo se lanzó a las avenidas, incluso la clase media —que es la más peligrosa—. Lo otro que contaría es que uno después de los 50 años ve las cosas distintas y yo ya tengo más de cinco décadas.

¿Cómo percibe el futuro del cine argentino? ¿Cuáles son los principales inconvenientes que enfrenta hoy?

El cine argentino está bien posicionado, siempre hay dos o tres películas buenas por año. Y va a seguir así, porque si no me equivoco hay 16 mil chicos estudiando cine, lo cual es una cifra increíble. Pero podría estar mucho mejor.

Actualmente nuestro Instituto de Cine apoya más la producción de óperas primas que las películas de directores reconocidos. Esto provoca que grandes realizadores argentinos como Adolfo Aristarain, Marcelo Piñeyro, entre otros muchos, no filmen porque el panorama no se los permite. Hay otro problema serio y es el de los costos publicitarios para que una película sea conocida. La distribución es cada vez ranina con el cine independiente. Hay 600 salas y de golpe hay 500 con una sola película. En Argentina se ha dado el caso de que dos películas norteamericanas cubran casi el 90% de las pantallas. Actualmente es más fácil producir que proyectar.

Quizá por ello también se haya decidido a hacer televisión, pues como ha dicho es una alternativa muy válida en lo económico. Usted se declara como un cineasta que hace televisión. Pero, ¿cuánto le ha aportado la pequeña pantalla?

Las cosas que he realizado en televisión, en un lado chiquito, se emparientan con el cine. Lo que he hecho no son telenovelas, donde creo que se pierde el control sobre el proyecto. He dirigido series que creo valen la pena como son Nueve lunas y Epitafios.

Lamentablemente el cine cada vez se va haciendo más como se hace la televisión. Yo siempre decía que la diferencia entre uno y otro era que en el cine primero ponías al actor y después la cámara, y viceversa. Hoy, con la nueva tecnología, ya casi no se filma toma a toma, sino secuencia a secuencia como se hace en la televisión. Esto va cambiando la forma de ser exhaustivos, como se era en el séptimo arte. No estoy en contra de la tele y aunque me gusta más el cine, siempre digo que gracias a ella tengo un gran manejo del set.

Hace poco terminó una serie de televisión, ¿cuándo vuelve al cine?

Finalicé la serie, Maltratadas, que aborda la violencia de género. Espero el año que viene estar filmando una película que escribí, se llama Sola contigo, es la historia de una mujer que por triunfar dejó muchas cosas en el camino y llega un momento en que se arrepiente y se da cuenta de que por eso quedó sola.

Algunos lo han catalogado como un cineasta popular, otros consideran que su cine no llega a ser intelectual, ni tampoco comercial. ¿En qué lugar se encuentra Lecchi?

Creo que cada uno hace el cine que puede hacer. Intelectual, podría decirte que no soy, en el sentido que jamás haría una película como Visconti, no tengo su bagaje cultural; pero tampoco haría una cinta chabacana. No me molesta que digan que mi cine es popular, al contrario. No hago cine para mis amigos. Hago cine para que se vea. Esto no quiere decir que busque al espectador, para nada, lo que hago es sentirme como un espectador. Cuando leo o escribo un guion digo: yo iría a ver esta película, me entretendría, la pasaría bien, me contaría algo; entonces voy adelante con ella.

Es muy difícil realizar una buena película y celebro cuando la gente ve una obra mía. Creo que el director que no imagina una fila de personas en la puerta del cine donde están proyectando su filme, es un mentiroso. Estoy seguro de que todos deseamos que lo que hacemos sea visto.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
33 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano

CINE EN LA JIRIBILLA:

 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.