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La Habana, diciembre,
2011
Querida Nersys Felipe
Aunque hemos conversado
mucho telefónicamente en
estos días, felices por
tu esperado y merecido
Premio Nacional de
Literatura, cuando La
Jiribilla me convocó
a tu homenaje quise
dirigirme a ti de una
manera diferente. Te
cuento que hace poco
tuve un lindo sueño, es
algo difícil en estos
días y más increíble si
te digo que soñé con un
maestro de todos
nosotros: “El Príncipe
de los cuentos
infantiles” Hans
Christian Andersen, como
sabes, él fue un ser muy
sensible y creativo como
tú, un hombre que amó
como pocos a nuestra
especie humana y que se
hizo inmortal al
escribir “desde” su
infancia y “para” su
infancia, como
magistralmente has
sabido hacerlo tú.
En el sueño, Andersen me
dijo que tú ibas a ganar
este premio. Yo suelo
ser un poco despistado y
te cuento que no sabía
en ese momento de quién
me estaba hablando, pues
textualmente él me dijo:
“Henry, estás por
recibir la noticia de un
premio que será para una
persona que te es
entrañable, una que como
nosotros aspira al
mejoramiento humano y ve
en la infancia la
cantera futura de un
mundo mejor. Esa humilde
señora, que ya peina
canas, aunque es muy
agradable y atildada,
creó una galería
inmortal de personajes
que vivirán por siempre
en la literatura de su
país y dignificó a su
pueblo natal y más
querido en un sitio que
se ha convertido,
gracias a su primer
libro, en un referente
universal”.
Eso me dijo el gran
poeta y sé que a ti y a
quienes me lean les va a
parecer un poco raro que
un hombre que vivió hace
tanto te conozca tan
bien y me hable en
sueños, pero ¿acaso no
nacen todas las
historias que escribimos
en la misma fuente y van
hacia el mismo lector,
que es único y universal
y eterno? Vale recordar
que Andersen bebió en
sus cuentos ideas de
Las mil y una noches
y que Martí se alimentó
en Laboulaye para crear
sus célebres “Meñique” y
“El camarón encantado” y
en el propio Andersen
para su cuento de “Los
dos ruiseñores”, una de
esas joyitas que
enriquecen a un libro
tan entrañable para
todos como La Edad de
Oro.
Al despertarme ese día,
con la grata sensación
de un sueño tan
placentero como extraño
y diferente, fue tu
imagen la que enseguida
me vino a la mente, en
la playa de Bahía Honda
cuando hace ahorita dos
años me leías las
primeras estrofas de tu
poema-cuento “Zambilé”,
la historia de la
sirenita negra que vino
de las costas de África
en un barco de esclavos
aliviando el dolor y el
infortunio de tantas
víctimas de la trata
negrera, de la
esclavitud, al decir de
Martí “ese pesar
profundo entre las penas
sin nombre”. ¡Que tú me
leyeras ese poema y me
lo confiaras en
manuscrito para su
posible publicación fue
mi mejor regalo de
cumpleaños!
Por eso mismo Nersys, no
quiero hacer, como otras
veces ha sido rigor, un
análisis académico o al
menos crítico de tu
valiosa obra literaria
que tanta huella
creativa, pero sobre
todo de sentimiento, ha
dejado desde hace ya
cuatro décadas en
quienes te seguimos y
con tus libros
aprendimos a amarte como
la gran hermana mayor
que eres de todos
cuantos en Cuba escriben
para la infancia.
Desde tus Cuentos de
Guane, transitando
por tu Román Elé
y pasando por Cuentos
de Nato, Maísa,
Corazón de libélula y
otros (duendes y
duendas) o Solo
un humito, hasta
llegar a Aguas que el
tiempo teje, donde
te vuelcas de nuevo en
tus personajes más
queridos para (re)mirarlos
y devolvérnoslos
enriquecidos, hay una
voluntad de mejoramiento
humano muy martiana y
muy a la manera del
impar Andersen.
Como ellos, en cada
historia o verso tuyo tú
transitas “desde” y
“hacia” el corazón de
las personas, porque
simplemente has
conseguido ser una
persona de verdad, que
ha sabido soñar, amar,
sufrir, crear, padecer y
esperar, sobre todo sin
perder esa ternura y esa
nostalgia por lo tuyo
que te hace tan
auténtica, tan humilde,
tan sincera y tan
vehemente en cuanto
escribes.
Nadie como tú se ha
acercado a la figura de
Maceo de manera tan
edificante como en tu
cuento “La bufanda” o a
Martí en “Invierno en
Nueva York”, dos joyitas
de las que se tiene que
enorgullecer nuestra
literatura cubana,
aunque no quieras
aceptarlo si uno te lo
dice, pues bien sé que
eres tan modesta, que no
conoces la palabra
orgullo y valoras la
amistad como uno de tus
dones más preciados y de
ello das prueba a todos
tus amigos… que, vale
decirlo, son muchísimos.
Esperemos, pues, querida
Nersys, tus nuevas
entregas que todavía han
de ser muchas y tan
trascendentes y
apreciadas por el
público como las
anteriores. Ya viene en
camino la nueva edición
reescrita por ti de tus
queridos Cuentos de
Nato o Con tanto
Fa Sol La Si, que
recopila tu buena poesía
—en verdad a veces
eclipsada por la
arrolladora figura de
Elé o por esos duendes
tan originales y
sabichosos que has
sabido crear para
nuestras letras
últimamente. Llegarán
otros y otros duendes y
duendas y muchos más
personajes tomados desde
tu corazón, desde tu
nostalgia y desde tu
cariño, que es inmenso.
Y ahora, casi para
terminar, como yo en
definitiva no soy tan
buen alumno como tú
esperas, me siento que
no sé cómo pueda
despedirme (pues en
realidad odio las
despedidas) y por eso es
que te pido permiso para
concluir esta misiva
citándote a ti misma,
cuando en una “Carta a
Fantasía”, le decías a
uno de tus personajes
literarios más
entrañables, la Pilar,
de nuestro Martí: “Y
porque tengo miedo de
que mis palabras te
aburran y no te guste mi
carta, te la escribo en
esta hoja rosada, muy
rosada, y olorosa a
jazmín. Cuando caiga la
noche, una mariposa de
mi patio te la llevará”.
Un abrazo grande y lleno
de todo mi cariño… hasta
el infinito y más allá,
Tuyo siempre,
Enrique (Pérez Díaz) |