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Marco Berger llega feliz
a La Habana con
Ausente, su segundo
largometraje de ficción.
El director argentino ya
cuenta con el
reconocimiento del
público cubano debido a
la presentación en este
Festival de su ópera
prima Plan B
(2009), en el que se
aborda la temática
homosexual a través de
una comedia romántica
donde dos chicos juegan
con el amor y terminan
trastocando sus
sentimientos.
En Ausente retoma
el tema homoerótico
desde la historia de un
adolescente que intenta
seducir a su profesor de
natación. Con elementos
del thriller de terror y
del suspenso, conduce al
espectador hacia una
atmósfera oscura e
intrigante en la cual la
vida del maestro se va
transformando debido a
las mentiras del alumno.
La cinta ha participado
en varios festivales del
mundo y fue galardonada
con el premio a la mejor
película gay de la
Berlinale
(Alemania),
conocido como
Teddy Award.
El comienzo de esta
entrevista fue atípico.
Mientras caminábamos por
la concurrida arteria de
23 hacia el Hotel
Nacional luego de la
primera proyección de su
filme, Berger me comenta
la felicidad que siente
por estar nuevamente en
Cuba y ver la cantidad
de personas que se
movilizan en nuestro
país durante estos días
en los que el séptimo
arte se vuelve motivo
para compartir con la
familia, los amigos y
desempolvar los atuendos
invernales. “He estado
en muchos festivales y
realmente este siempre
me impresiona, es
increíble cómo el
público asiste a las
salas de exhibición y
además es muy honesto y
expresivo en cuanto a lo
que ve”.
En el trayecto
conversamos acerca de su
nueva película, el
mercado del cine y los
circuitos de
distribución en América
Latina. Sobre su obra
explica: “en Ausente
no es el adulto el que
se aprovecha del
adolescente, sino todo
lo contrario. El joven
juega con el profesor,
consciente de que este
ha sobrepasado ciertos
límites. Pero el
verdadero objetivo del
filme es analizar la
naturaleza del deseo y
la manera en que un
adulto debería
reaccionar ante una
situación tan
embarazosa. Más
que nada se habla del
entendimiento del otro
como diferente y de no
juzgar sin
comprender.
“La temática gay
es algo que me ha
interesado desde
siempre, siempre he
querido darle otra
mirada al asunto. Muchas
veces el tema está
contado con liviandad,
humor o superficialidad.
Hay clásicos que sí lo
hacen muy bien como
My beautiful laundry
o Brokeback Mountain.
En el cine
latinoamericano tenemos
a Fresa y chocolate
como paradigma y también
recuerdo casos como
Contracorriente
pero, de manera general,
el tema no se trata y
cuando aparece se hace
con responsabilidad como
pasa con casi todos los
temas en nuestra
cinematografía. Yo
quería representar de
manera diferente al
personaje cómico, al
amigo histérico o
coqueto de la
protagonista que siempre
está en el imaginario de
la gente. Me interesaba,
más que trabajar en los
estereotipos, ver esta
idea de un homosexual
que a los ojos de la
sociedad es
heterosexual.”
En el filme destaca el
interés de retar al
espectador desde el
guion, invitarlo a que
reconstruya elementos
para que comprenda la
historia. ¿Cómo tienes
en cuenta al espectador
cuando escribes un
guion?
Eso depende del cine que
uno quiere hacer. Hay
veces que te explican
todo porque solo se
quiere entretener, hay
otros casos en los que
tienes que quedarte con
las dudas. Yo hago una
propuesta y me gustaría
que el espectador me
comprendiera pero no
puedo ayudarlo. Con mis
películas pretendo
movilizar el intelecto,
no me interesa hacer una
obra para que la gente
la vea y se entretenga
sin reflexionar.
¿Por qué decidiste
utilizar elementos del
thriller de terror para
contar esta historia?
Cuando ya tengo el tema
y sé de qué quiero
hablar entonces, pienso
cómo lo quiero hacer. En
Plan B yo quería
hablar de dos personajes
del mismo sexo que
juegan al amor y por eso
escogí la comedia
romántica. En Ausente
está el tema del
entendimiento al otro y
por eso utilizo el
thriller del cine de
terror para ayudar al
espectador a construir
un personaje de una
forma, una especie de
monstruo y luego cambiar
la perspectiva y mostrar
que no era exactamente
como se pensaba.
El título del filme
resume no solo la
condición en la que
finalmente queda el
adolescente, sino
también la actitud que
mantiene el profesor
(Carlos Echevarría)
durante toda la cinta…
Vemos todo el tiempo a
un hombre encerrado en
sí mismo, que no
conversa prácticamente
ni se comunica con su
novia. Era importante
que el personaje fuera
así para que en el
momento en que la
película gira, él no
tenga la fuerza de
hablar con nadie y
entonces fuera una
especie de viaje
personal. Escogí a
Carlos porque él tiene
una profunda mirada,
dice mucho con muy poco
y era el actor ideal
para estar siempre serio
y como de mal humor. Se
ve siempre esta gran
tristeza que no sale
porque él es como una
gran heladera. Carlos
representa ese personaje
cerrado en el que las
cosas tienen que ser
como se las imagina y
por eso para él todo es
angustiante.
¿Cómo ha sido acogida la
película en Argentina y
en otros países?
La película fue bien
recibida en Argentina,
la visión de las
personas con respecto a
ese tema ha cambiado
mucho en los últimos
años. En países como
Bielorrusia en el que
prácticamente no se
habla del tema, pues fue
diferente porque el
espectador tiene que
enfrentarse a algo más
fuerte que supera lo
cinematográfico.
El desarrollo de las
nuevas tecnologías ha
generado otros espacios
para la socialización
del cine, ¿qué opinas
acerca de este fenómeno?
Como director me
interesa que la película
se vea de cualquier
forma. Tengo la teoría
de que existen
diferentes públicos y
las personas que quieren
ver un filme en Internet
no son las mismas que la
ven en una sala de
presentación. Pienso que
hay que entender que
está ocurriendo un
proceso de cambio, que
existe una amplia
circulación
cinematográfica por la
web y eso no puede
frenarse. Yo
particularmente veo las
películas como obras de
arte y no como
productos. El cine es
arte en principio y
luego si se consume y se
vende es algo que por
ahora no me interesa.
A pesar de la existencia
de un gran número de
festivales en
Latinoamérica y de la
ampliación de los
circuitos de
distribución, nuestra
cinematografía todavía
adolece de escasa
visibilidad, ¿qué
elementos caracterizan
la distribución fílmica
en el continente?
EE.UU. tiene
monopolizado el mercado
hace un montón de años y
la gente está
acostumbrada a ver
películas americanas. O
sea, que es también una
cuestión cultural. Hay
que continuar
incentivando a las
personas para que vean
cine hecho en el
continente, empezar a
mostrarlo en los
colegios y, sobre todo,
encontrar la forma de
atraer al espectador.
Pero este es un proceso
que va a tardar muchos
años. En el caso de la
distribución es
igualmente complicado,
antes funcionaba un
sistema en el cual un
distribuidor extranjero
compraba los derechos de
una película
latinoamericana de éxito
y luego por cuestiones
económicas no le
convenía proyectarla en
los países del
territorio. Eso
provocaba que viéramos
mucho cine americano,
pero entre nosotros no
nos veíamos. Ahora la
cinematografía americana
continúa liderando el
mercado pero, al menos
en Argentina, hay una
intención muy fuerte de
explicarles a los
directores y productores
la importancia de vender
la película pero
mantener los derechos de
nuestro lado. Eso
contribuye a que
circulen por los
distintos países sin la
necesidad de tener que
pedirle los derechos a
nadie. Sin embargo,
todavía la situación es
desfavorable y el cine
hecho por
latinoamericanos circula
poco entre nosotros.
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