|
"La técnica epata, el
arte emociona"
Roberto Espina
El mundo evoluciona
científicamente día a
día, para bien y para
mal, vaya paradoja.
Traigo a cuento la
hermosa historia “Los
dos ruiseñores”, de
Andersen, como
ejemplo de la
batalla planteada por el
escritor danés, en el
siglo XIX, en referencia
a la maravillosa
tecnología de un
ruiseñor mecánico que
logra suplir, por un
tiempo, el canto lírico
e irrepetible del
ruiseñor verdadero.
|
 |
Está claro que lo
natural es la fuente de
todo, lo originario de
las cosas, pero a estas
alturas vale la pena
pensar en las tretas de
la llamada evolución
tecnológica y su
relación con el hombre,
y específicamente con el
teatro de títeres. La
fuente de mi
especulación, nace de mi
curiosidad ante lo que
proponía en el siglo
XIX, por solo poner un
ejemplo, el
ilustre Teatro de
sombras El gato negro,
de Monsieur Salis en
París, Francia. Poetas y
compositores de la
vanguardia artística
francesa, pusieron su
arte en función de un
teatro que en su momento
apeló para sus siluetas
iluminadas y sugerentes,
recortadas en cartón y
láminas de zinc, al
desarrollo tecnológico
más avanzado de la
época, convirtiéndose
así en un ineludible
referente del teatro de
arte.
Años más tarde, en
Cuba, otro hecho
artístico, también
vinculado al teatro de
títeres, en este caso
mediante el uso de
máscaras, volvió a
arrojarme al dilema de
tecnología y títeres ¿un
diálogo inútil? Me
refiero al Programa
experimental Nro. 1,
presentado por el Teatro
Nacional de Guiñol, en
1965. El espectáculo
llevaba a escena dos
textos del irlandés
William Butler Yeats,
Premio Nobel de
Literatura, La luna
llena de marzo y
El rey de la torre del
reloj grande; ambas
piezas mediante la
técnica del Teatro Noh,
de Japón, y en el
intermedio, ofrecían la
lectura de la
conferencia “La talla de
un ágata”, del mismo
autor, sobre el mítico
bunraku o teatro japonés
de muñecos, ilustrada
con proyecciones de
diapositivas, medio
técnico inventado en los
años 50. Títeres,
literatura, títeres y
máscaras, unidas en
fuerte imbricación con
la técnica moderna.
¿Cómo hubieran asumido
hoy los artistas de
El gato negro, con
las posibilidades
tecnológicas existentes,
sus obras para teatro de
sombras? Y en el caso
cubano, ¿cómo hubieran
resuelto hoy los
hermanos Camejo y
Carril, su atrevido
espectáculo interactivo
que apelaba no solo a
diversas disciplinas
artísticas sino a los
medios técnicos?
|

El rey de la
torre del reloj
grande,
Teatro Nacional
de Guiñol |
Hace unos años era
impensable conocer de
inmediato los adelantos
de la ciencia o tener
acceso a programas de
alta calidad para lograr
animaciones y películas
que exhiben hasta una
tercera dimensión en su
imagen. Los juegos y
pasatiempos electrónicos
disparan en la
actualidad la
imaginación, son una
especie de reto a lo
imposible. Cuánto
disfrutamos hoy el uso
de las nuevas
tecnologías en el mundo
artístico y escénico,
¿Quién no se ha quedado
con la boca abierta ante
los megaespectáculos de
las estrellas de la
canción, o con los
alardes tecnológicos de
los festivales de las
artes y los deportes?
Los avances tecnológicos
del mundo actual no
creen ni en diferencias
políticas, ni
económicas, llegan de
forma rápida hasta
nuestros adultos y
niños, este último el
público potencial del
teatro de figuras.
Nuevas conductas
personales y sociales
empiezan a surgir a
partir de esta
interacción con la
tecnología. Se advierten
aspectos destructivos y
perjudiciales que
afectan al medio
ambiente:
contaminaciones
atmosféricas, problemas
ecológicos, lluvias
radioactivas,
debilitamiento de la
capa de ozono. Se
observan comportamientos
erráticos en los adultos
e infantes, al mostrarse
presos de la
incomunicación,
abotargados de
información a través de
los medios masivos,
afectados en sus
relaciones personales,
viviendo bajo un efecto
de alienación y
perturbación altamente
dañino. Pero si
analizáramos la
tecnología desde el
punto de vista positivo,
podríamos desmarcarnos
de la posición
apocalíptica de algunos
sobre este asunto, y así
entender que ni la
tecnología, ni el
desarrollo, pueden verse
como logros que llevan
en sí un proceso
indulgente o maldito;
sino que son avances del
resultado del
pensamiento y la
experimentación del
propio hombre, con su
base en la alquimia, los
inventos y las mecánicas
rudimentarias del
pasado. Este desarrollo
tecnológico también ha
permitido ganar batallas
a la naturaleza
indomable e
impredecible, alcanzar
una vida civilizada en
muchos aspectos de la
cotidiana existencia, a
nivel de producción,
industrias,
alimentación, salud,
ambiente doméstico y
ocio.
¿Cuánto pudiera afectar
el desarrollo
tecnológico al teatro de
títeres, un arte de
esencia artesanal y, por
lo tanto, ciento por ciento
humana? Hace miles de
años atrás el teatro de
títeres constituyó una
expresión artística que
fue medio ideal de
animación, de
comunicación de las
ideas y necesidades de
las diferentes
sociedades humanas. En
nuestros días su función
no ha cambiado, solo que
ahora interactúa con las
propuestas electrónicas
de diversión y
entretenimiento que
antes no existían, con
otras alternativas
visuales producidas para
el consumo masivo de la
población. A pesar de
sus conocidos efectos
nocivos y positivos ya
mencionados, los nuevos
medios técnicos están
ahí, nadie debiera
quedarse atrás en cuanto
a la información y
conocimiento de estos,
mucho menos, en el caso
de los titiriteros
profesionales, de lo
logrado por los
creadores del retablo
que se han lanzado a
establecer una relación
creativa y artística de
intercambio con la
tecnología moderna.
El teatro de títeres
profesional cubano —no
me refiero aquí a los
artilugios de los
teatros mecánicos ni a
la presencia de los
autómatas en las ferias
en siglos pasados— tiene
un nacimiento humilde,
sencillo, que parte de
la gracia y dinámica del
títere de guante, tan
apegado a los juegos
infantiles y a las
influencias de los
titiriteros callejeros
de antaño. Goza, como
todo buen teatro de
títeres, de una
marginalidad que se ha
convertido en
irreverencia y
fortaleza, aunque en
nuestra experiencia,
pasó a ser de una
práctica familiar a un
hecho social, y
consiguió, tras 1959, el
respaldo de las
instituciones oficiales
de nuestro país. Hoy día
se incluye el teatro de
títeres en los planes
educacionales de las
enseñanzas de nivel
medio y universitario de
las escuelas de arte,
pero no podemos
conformarnos, hay que ir
a por más, sobre todo en
materia de conocimiento.
Saber nos hace siempre
fuertes, nos permite
decidir a conciencia
nuestros derroteros
estéticos, sin
subvalorar por
desinformación lo que no
nos gusta, lo que nos
parece inalcanzable.
¿Cómo pudiera competir
el teatro de títeres,
sin afectar su razón de
ser, con el desarrollo
tecnológico actual?
¿Debemos ir en retroceso
o con el avance
tecnológico? Esa es una
de las disyuntivas del
teatro de títeres que
producimos hoy en la
Isla, que se produce en
el planeta. Un cúmulo de
preguntas y respuestas
para este dilema, pasan
por las manos de los
poderes políticos y
económicos tanto en el
orden nacional, como
internacional, pero
debiera pasar
principalmente por la
creatividad e
inteligencia de los
titiriteros
profesionales de nuestro
territorio y de allende
los mares.
|

Federico de
noche,
Teatro de Las
Estaciones |
No tenemos en Cuba
títeres robóticos,
animados mediante el uso
de las técnicas
recientes. Siguen siendo
las técnicas
tradicionales de
animación la forma de
expresión de nuestro
teatro nacional. La
utilización de alcances
científicos asequibles a
nuestras posibilidades,
como la luz negra o
ultravioleta, cuyo
origen en su forma
primitiva se inscribe en
el siglo XIX o el uso de
proyectores multimedia,
más conocidos como video
beam o data
show, de más
reciente aparición, en
interacción con los
diferentes medios de la
escena, han sido algunas
de nuestras
posibilidades de diálogo
con la tecnología de
hoy.
No se puede desconocer
el alcance y poder de
la televisión y
sus características
audiovisuales en pleno
desarrollo, en diálogo
con la tecnología de
punta. Ella llega muchas
veces a nuestra vida
personal, centro de
trabajo o estudio,
lugares de recreo, con
títeres que parecen
vivos, diseñados
exquisitamente,
coloreados y
texturizados de manera
fantástica. La propia
radio emite una
sonoridad cada vez más
creativa, que permite
imaginar universos
increíbles. Los discos
compactos, con un
soporte digital óptico
capaz de almacenar una
cantidad inmensa de
información,
nos permite el acceso a
todo tipo de películas,
espectáculos y
fotografías en nuestras
computadoras y equipos
de reproducción de
videos. Todos estos
medios propician
opciones de convocatoria
que pudieran ser más
interesantes y
atractivas que lo
ofrecido por los títeres
en el medio escénico.
Que el aliento y la
energía de los títeres
mediante el trabajo del
actor, seguirá siendo un
hecho de valía ante
cualquier medio mecánico
es verdad. Pero cuidado
con darle la espalda al
desarrollo tecnológico y
su relación con las
artes y sobre todo con
los títeres. Sería hacer
como el avestruz,
desconocer reacciones y
procesos contemporáneos
que pasan por la mente y
la actitud del niño y el
adulto en la actual
sociedad. Varios grupos
de títeres en el mundo
mezclan las técnicas
tradicionales con las
nuevas tecnologías. Si
los equipos técnicos se
utilizan bien y de
manera creativa se
empieza a transitar por
un camino de certezas.
Lo mismo ocurre con la
exploración y
experimentación de los
medios expresivos
tradicionales, si bien
no llegan a suplir lo
logrado por
equipamientos
sofisticados, al menos a
nivel artístico pueden
mantenerse en constante
búsqueda,
insatisfacción, lejos
del acomodo y la
desidia. Fue ese el
inicio y la divisa del
Teatro de sombras El
gato negro, de
París. Su máxima
derivación la hallamos,
por ejemplo, en los
fabulosos montajes de
Gioco Vita, un grupo
totalmente experimental
e imaginativo, que apela
al desarrollo
tecnológico, a través
del trabajo con nuevos
materiales utilizables
en el teatro de sombras.
El trabajo atrevido y
multidisciplinario de
los hermanos Camejo y
Carril, en los 60
podemos hallarlo en la
combinación de títeres y
proyecciones manipuladas
de las puestas en escena
del Grupo Etcétera, de
Granada, España, pues
proponen junto con el
tratamiento de la
música, la danza, el
cine y la plástica, un
universo de tramas,
colores y sensaciones
inolvidables. Tanto Gioco Vita, como Etcétera
laboran no solo en busca
de la estupefacción, del
alarde tecnológico
gratuito, de la frívola
exhibición, sino del
bien espiritual, social,
cultural, de alcance
profundamente humano.
|

El retablo de
Maese Pedro,
Títeres Etcétera |
El mundo contemporáneo
de las artes presenta
hoy una contaminación de
medios expresivos que
permite al teatro de
títeres la evolución
necesaria. Ese progreso
no equivale a perder las
esencias originales,
sino a lograr una
innovación que viaja
hacia otras formas
teatrales que antes
parecían ajenas a
nuestro oficio. Mediante
el uso de la tecnología,
ya sea a través de
proyecciones,
motorizaciones, efectos
de multimedia,
videos-arte o
ambientaciones sonoras,
se puede defender otra
manera de contar, y
contar bien, buenas
historias. De lo que se
trata es de poner la
tecnología asombrosa del
simbólico ruiseñor
mecánico de Andersen al
servicio del arte de su
gemelo natural, pues lo
que importa es que
ambos, el automático y
el real, logren una
fusión nueva, que
siempre debe estar en
función de lo que se
narra sobre la escena o
el retablo. Realizar una
exploración esencial de
nuestro arte titiritero
a nivel histórico, nos
hará ir en pos de los
verdaderos logros y
alcances obtenidos por
nuestro teatro de
títeres profesional como
teatro especializado,
dueño de una técnica
escénica que ha de estar
siempre en desarrollo,
lista para abrir
mentes. La tecnología
ligada al arte será
siempre una elección
estética, no
necesariamente
obligatoria de ser
realizada por todos,
sabemos de nuestros
reales problemas
económicos. El error
está en desconocer
cuánto ha logrado el
teatro de títeres de hoy
como teatro de arte, en
combinación con el
enorme desarrollo
tecnológico existente.
El desliz sería desechar
la innegable magia que
se produce al aplicar
los nuevos avances a las
figuras animadas, como
uno de los tantos
caminos posibles de
nuestra profesión. |