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Entre lo más relevante
del cine puertorriqueño
contemporáneo se
encuentra la obra de una
realizadora de origen
mexicano, radicada en la
isla boricua desde hace
más de un cuarto de
siglo. Así de
multicultural se muestra
la realidad de las
naciones de América,
donde el hermanamiento
humano logra —y debe—
trascender las
diferencias impuestas
por las fronteras.
Sonia Fritz Macías
decidió reflejar desde
su cámara de cine los
procesos sociales y
subjetivos que acompañan
las migraciones, vistos
casi siempre desde el
prisma de las mujeres
que participan en ellos.
Varios documentales y
largometrajes de ficción
muestran una constante
preocupación por
reflejar los conflictos
sociales, culturales y
políticos de su
contexto, a través de lo
cual la creadora
reivindica el compromiso
social que puede
alcanzar el cine.
A sus estudios de
Ciencias de la
Comunicación en la
Universidad Nacional
Autónoma de México
(UNAM)
le siguieron
una Maestría en
Artes Visuales en el
Vermont Collage
y la preparación de un
Doctorado en Literatura
del Caribe Inglés en la
Universidad de Puerto
Rico. Su vocación por el
cine la hizo sumarse a
cursos, seminarios y
labores prácticas
relativos a este arte,
hasta que en 1986 su
primer documental
Bandas, vidas y otros
sones obtuvo el
Premio Ariel, máximo
reconocimiento del cine
mexicano.
Luego llegaron otros
como
Visa para un sueño: la
emigración de las
mujeres dominicanas a
Puerto Rico
(1990);
Luisa Capetillo: pasión
de justicia
(1993);
Sueños atrapados: la
migración dominicana a
Nueva York,
que ganó
el premio
correspondiente a Mejor
Documental en el
San Juan CinemaFest (1994);
Abnel,
Hebra rota y
Nightstand,
cortometrajes basados en
cuentos de
Mayra Santos Febres (1998);
Dulce pesadilla
(1999);
La Alianza de Mujeres
Viequenses
(2000);
Cruzando fronteras:
puertorriqueños y
mexicanos en Nueva York
y
Puertorriqueños de aquí
y de allá
(2001)
y
Las caras lindas de Tite
Curet Alonso,
estrenado en 2004.
Es además directora y
productora independiente
de la compañía
Isla Films,
con la cual ha firmado
entre otras películas
El beso que me diste
y Una historia común.
Paralelamente, ejerce
como catedrática del
Departamento de
Comunicación de la
Universidad del Sagrado
Corazón en San Juan,
labor que alterna con
sus proyectos
cinematográficos.
Su película América,
de 2010, forma parte de
la muestra de Latinos en
EE.UU. expuesta durante
el 33 Festival
Internacional del Nuevo
Cine Latinoamericano. La
historia parte de la
novela American’s Dream
de la escritora
puertorriqueña Esmeralda
Santiago y cuenta el
drama de una mujer
víctima de la violencia
de género, a quien se le
ha prohibido vivir con
su criatura. Viaja a
Nueva York con la
intención de rehacer su
vida y allí recibe la
ayuda de otras mujeres
migrantes. Se trata de
la película que más
satisfacciones ha dejado
a la cineasta, según sus
revelaciones, y cuenta
con un excelente elenco
compuesto por Lymari
Nadal, Yancey Aria,
Edgard James Olmos,
Rachel Ticotín,
Yancey Arias, entre
otros.
Sonia Fritz se integró
además a varios de los
debates del Seminario de
Latinos en EE.UU.
Puentes y más Puentes,
que sesionó durante el
festival.
La emigración y sus
rostros femeninos
“La motivación para
tratar los temas que
tienen que ver con la
migración y las mujeres
parte de mi propia
historia personal. Soy
también hija de un padre
emigrante alemán que se
instaló en México justo
antes de la guerra.
“No se supone que yo
fuera a la universidad.
En el plan de mis padres
iba a ser secretaria,
trabajar unos años,
casarme y punto. Pero
cuando comencé a
trabajar me di cuenta de
que tenía que seguir
estudiando, elegí
comunicación y antes de
graduarme ya trabajaba
en un periódico.
“En el último año tomé
dos clases de cine y me
cambiaron la vida. Ya no
quería solo reportar
como periodista, sino
también con imágenes y
sonido. Hice todos los
cursos y seminarios
posibles, de dirección,
asistencia de
producción, edición,
actuación, dirección de
actores, etc.; tratando
de compensar el hecho
de que no había asistido
a una escuela formal de
cine.
“Hacer documentales era
lo más fácil para las
mujeres en México en ese
momento, porque permite
desarrollar proyectos
con menos recursos.
Durante 20 años me
dediqué a este género
documental y luego
comencé a hacer
docudramas, cortos,
hasta que en el 2000
hice mi primer
largometraje El beso
que me diste, basado
en la novela de la
periodista
puertorriqueña Stella
Soto, donde se plantea
la posibilidad de que
Puerto Rico fuera un
República asociada en
transición a convertirse
en independiente.
“Desde que estaba en
México pertenecía al
colectivo Cine Mujer y
desde allí pensábamos
realizar un proyecto
sobre las mujeres en la
zona fronteriza, en las
Maquilas. Cuando me fui
a Puerto Rico, me
desconecté un tanto de
esos temas, pero me di
cuenta enseguida de que
eran mujeres dominicanas
las que emigraban allá
por la década de los 90.
Entonces indagué sobre
lo que sucedía con las
demás islas del Caribe,
y la proporción era
similar. Realicé en el
90 el documental
Visa para un sueño: la
emigración de las
mujeres dominicanas a
Puerto Rico,
tomando como leiv
motiv la canción de
Juan Luisa Guerra.
“En República Dominicana
registré la situación de
pobreza y marginación
existente para que la
gente entendiera por qué
esas mujeres dejaban a
sus hijos, casi siempre
con las abuelas, y se
arriesgaban a cruzar
unas aguas muy
peligrosas para
finalmente llegar a un
país en el que pudieran
tener trabajo, dólares y
con el tiempo traer a
sus hijos consigo. Para
ellas valía la pena el
sacrificio, porque era
su única manera de
darles educación y
sustento.”
Nueva mirada a la
Historia
“Me combino entre
ficción y documental,
pero siempre enfatizando
sobre el tema de las
mujeres y la migración,
porque conozco mejor los
personajes femeninos, me
conecto con ellos a
partir de mi propia
experiencia y porque en
este mundo la Historia
está más contada por los
hombres que por las
mujeres. Me he empeñado,
desde mi perspectiva de
mujer realizadora, en
contar historias sobre
mi género.
“Mi próxima película es
sobre una actriz
dominicana que en los
años 40 del siglo XX
hizo más de 20 películas
en Hollywood y ha
quedado olvidada. Se
llamaba María Montez y
es originaria de un
pueblito en la costa
todavía hoy pobre de
República Dominicana.
Ella trabajó para
Universal Studios y
luego se peleó con los
productores. Murió a los
39 años y tiene una
historia riquísima que
no conocemos. Rescatar,
y sean mujeres quienes
lo hagan, le da otro
valor. No es casual que
somos mujeres quienes
estamos tratando de
rescatar otras
historias, porque
necesitamos esos
modelos.”
Cine comprometido
“Me interesa contar
sobre las mujeres, pero
también de temas
contemporáneos que
estamos viviendo y de
los cuales hay que
hablar, reflexionar,
encontrarle una salida.
La intención de
compromiso social en mi
cine viene de mi
formación en la UNAM.
Pertenecía a la Facultad
de Ciencias Políticas y
Sociales, y las clases
allí recibidas me
abrieron la perspectiva
porque hacían especial
énfasis en la historia
de México, desarrollo y
sociedad, sobre las
comunidades indígenas,
etc. Creo que de ahí
salió mi compromiso
social.
“En cuanto a los
espacios de
distribución, es un tema
complicado. Los
documentales están en
distribuidoras de
circuitos educativos:
universidades,
bibliotecas. Los largos
han sido mejor
distribuidos en España,
América Latina y ahora
América tiene una
oferta concreta en
EE.UU. y Canadá para su
distribución. En verdad
tampoco recuperas mucho
porque la distribución
vuelve a estar en
control de los grandes
pulpos de la industria y
no ves el dinero. Esto
pasa mucho con cineastas
independientes. Tal vez
en la posibilidad de que
uno mismo sea capaz de
mover la película puede
estar el camino.”
Latinos en EE.UU.
¿Integrados?
“De lo que conozco por
mis experiencias de
viaje, vida y
filmaciones, la
comunidad puertorriqueña
en EE.UU. está
totalmente engranada.
Para otros como los
mexicanos la lucha es
más dura. De hecho, una
realizadora de Arizona
acaba de realizar un
documental sobre cómo
están saliendo de las
universidades los
estudiantes latinos.
“En Nueva York el índice
de los latinos que
abandonan los estudios
es muy alto, tal vez por
factores económicos,
porque tienen que
empezar a trabajar para
ayudar a sus familias o
debido a las
frustraciones que
provocan las lagunas
heredadas de las
escuelas públicas, que
les impiden alcanzar el
nivel esperado por el
sistema. El mismo
sistema no les da
espacio, porque está tan
constituido para el
mainstream gringo,
que tampoco hace ajuste
para acomodar otro tipo
de estudiantes y menos
latinos.
“Me parece que es
retrógrado y de doble
moral lo que está
sucediendo con las leyes
contra los
indocumentados en EE.UU.
Lo que provoca es que la
gente cobre menos, se
asuste más, esté mucho
más a merced de los
grandes intereses y
corporaciones. A medida
que tienes menos
derechos y visibilidad
se aprovechan más de ti.
Sucede frecuentemente
que por no pagarles lo
que le deben los
patrones denuncian a los
latinos y así se quitan
la deuda.
“En Los Ángeles puedes
caminar todo el tiempo
hablando español. Hay
una presencia muy
importante del trabajo
que hacen los mexicanos
y centroamericanos en
todos los sectores de
servicios en EE.UU.,
pero en situaciones de
superexplotación porque
no tienen papeles. Como
en la película de Sergio
Arau, si un día se van
los migrantes se
paralizaría el país.
“El tema de la
explotación es muy
fuerte. ¿Qué pasaría si
legalizaran? Pues
tendrían que pagar los
salarios que son, los
trabajadores latinos se
podrían organizar en
uniones, estarían
exigiendo unas demandas
que el capitalismo no
quiere pagar. Tiene que
ver con presiones de la
derecha y con la
hipocresía de un país
que no se reconoce como
país de inmigrantes.
Mientras fuimos blancos
y europeos muy bien,
pero cuando empiezan a
llegar los latinos, ya
nos les gusta porque
traen otro idioma, son
más oscuros. El
conservadurismo del país
lo está destruyendo.” |