La estrecha relación
entre fotografía,
pintura y cine es, tal
vez, la característica
más evidente de la
exposición Montaje,
del pintor Luis Enrique
Camejo que, desde este 2
de diciembre y hasta el
12, puede verse en el
Pabellón Cuba, subsede
de la 33 edición del
Festival Internacional
del Nuevo Cine
Latinoamericano.
Montaje
es la imagen congelada
que capta un still
cinematográfico y que
fue llevada a pantallas
de vinilo por Camejo:
siempre en tonos color
palta, grises, blancos y
negros. En reciente
conversación en
exclusiva con La
Jiribilla, Camejo
(Pinar del Río, 1971)
aseguró que hace unos
cinco o seis años viene
“cocinando” esta muestra
lo que sucede, dice, es
que a veces, “las
coyunturas favorecen a
ciertos proyectos y
desplazan a otros”.
Cuenta que le presentó
el proyecto a Alfredo
Guevara, presidente del
Festival, y a su equipo
y que gustó mucho la
idea: “estoy muy feliz
que se haya
materializado durante
los días del Festival de
cine y siento que es un
sueño realizado”.
El Pabellón Cuba, por
sus características,
hace que la obra
dialogue con otros
públicos que no son los
que habitualmente
visitan las galerías de
arte ¿esto te interesa?
¡Por supuesto que sí!
Estoy muy de acuerdo con
que todo el mundo tiene
derecho a disfrutar del
arte, pero no por eso el
arte deja de ser
elitista. La galería es
el sitio a donde van los
conocedores y el
Pabellón tiene las dos
características: no se
puede olvidar que allí
se hicieron las primeras
Bienales de Artes
Plásticas y que es un
sitio de un gran interés
cultural; siempre es
válido tener públicos
más abiertos y que la
gente conozca tu
trabajo.
La muestra se expondrá
en dos lugares. En la
galería de entrada
estarán los proyectos,
que son pinturas al óleo
y algunos dibujos al
carbón… son estudios que
hice durante algunos
años. Y, también, te
puedes encontrar otros
fotogramas que no están
porque fueron los que
deseché, los que
“edité”.
Tenía entendido que no
hacías bocetos, sino que
ibas directo al óleo y
ahora me doy cuenta de
que no es tan así…
No son bocetos, son
estudios terminados que
derivaron en obras al
óleo. Voy a
confesar una cosa que
nunca he dicho: ¡muchas
veces los estudios los
hago después de
concluida la obra!, es
decir, construyo muchos
finales…
Como en el cine…
Sí, hay directores que
hacen varios finales.
Incluso, algunos han
concebido hasta tres que
son opcionales para que
cada quien elija el que
más le guste. Y la otra
parte de la exposición,
integrada por las
pantallas, estará
ubicada en la nave
trasera del Pabellón.
Allí levantaremos un
set de filmación que
es una manera, también,
de ambientar la obra y
en algún sentido
protegerla.
¿Por qué ese interés
marcado en la relación
estrecha, directa,
evidente con el cine?
Mi obra siempre ha
tenido mucho que ver con
lo cinematográfico, pero
en este caso quiero
hacerlo más cercano e,
incluso, más evidente.
Históricamente el cine
ha usado la pintura —o
más bien las artes
plásticas en general—
como referencia; podemos
hablar del expresionismo
alemán o de los
Hermanos Lumière que
emplearon el
impresionismo como
lenguaje. Los directores
se han basado en el arte
para hacer películas, en
mi caso se da de manera
inversa: es la pintura
basándose en lo
cinematográfico. Tomo
como antecedente
imágenes de películas
para hacer mis cuadros,
pero esta vez no estoy
pintando sobre una tela,
sino sobre una pantalla
para proyecciones de
videos o diapositivas.
Esas pantallas,
industrialmente, vienen
con su trípode y en
realidad se convierten,
al mismo tiempo, en una
instalación por lo que
la pieza viene
alcanzando dos metros de
alto por 1,50 de ancho.
¿Son 12 piezas?
Son 12 pantallas y cada
una de ellas corresponde
a una película.
¿Cuáles fueron los
largometrajes
inspiradores?
Stranger than Paradise,
de Jim Jarmush;
Memorias del
subdesarrollo” y
Los sobrevivientes,
de Tomás Gutiérrez
Alea; Madagascar
y Suite Habana,
de Fernando Pérez;
Desmontando a Harry
y Manhattan, de
Woody Allen; Las
noches de Cabiria,
de Federico Fellini;
Blade Runner, de
Ridley Scott; Jim
Jarmush’in the Rain,
colaboración entre Gene
Kelly y Stanley Donen
con la productora Metro
Goldwyn Mayer; Ladrón
de bicicletas, de
Vittorio de Sica y
Taxi driver, de
Martin Scorsesse. La
obra de Fernando Pérez
ha sido fuente de
inspiración de mi obra
y, por ejemplo, en el
2006 durante la IX
Bienal Internacional de
Artes Plásticas de La
Habana hice una serie
inspirada en su película
Suite Habana y
—aunque la serie no hace
referencia a la
película—, me sirvió
para construirla. En
Montaje
hago una cita directa
de cada una de las
cintas.
¿Por qué esas películas
y esos directores y no
otros?
Porque son directores
que he utilizado
habitualmente en mi
trabajo; de alguna
manera todos tienen que
ver con el tema urbano,
es decir, con el hombre
metido en su medio.
Ahora quise hacer un
tributo personal al
cine. La exposición, en
algunos casos, es un
montaje hecho a partir
del fotograma. Por
ejemplo, desde el punto
de vista estético puede
que un fotograma no me
interese usarlo
directamente de la
película y lo que hice
fue realizar un montaje
en la calle: tomé
fotografías a partir de
lo reflejado en la
película. El título
Montaje viene por
varias cosas: el montaje
es una herramienta, un
instrumento que tienen
los directores de cine,
que es lo que marca la
diferencia, entre lo
espectacular y lo
superfluo, es decir,
quitar o poner un
fotograma que va a
determinar que una
película sea grandiosa o
mala. Esa es, también
una forma personal de
trabajar: no hago
apuntes para mi trabajo,
sino que parto de
fotografías que tomo y,
a veces, me siento como
un director de cine que
edita las imágenes para
poder realizar la
película.
Pero editar entraña, en
muchos casos, desechar
¿cómo es el proceso de
decantación?
Es un proceso muy
intuitivo que no puedo
explicar; son
sugerencias del momento.
Mi pintura siempre está
mucho más ligada a lo
sicológico que a lo
anecdótico a pesar de
que trabajo con un
discurso basado en el
realismo, es decir, son
códigos que se reconocen
—es la ciudad, hay
autos, hay gentes
caminando—. No es,
necesariamente, que
cuente una historia a
partir de eso. No estoy
narrando una historia,
sino estoy presentando
un juego que es muy
parecido al de la
fotografía. Es como
verlo todo a través de
un filtro y es lo que le
da a la gente la
capacidad de pensar…
todas las ciudades —ya
sea La Habana, París o
Nueva York— ¡todas!,
están trabajadas con el
mismo tratamiento, como
un símbolo.
Deduzco que no
racionalizas, sino que
más bien pones emoción
en lo que representas
¿me equivoco?
Mi pintura está muy
ligada a lo emocional,
es decir, puede provocar
nostalgia, remembranza
de algo que viviste o
alegría.
Tu obra se caracteriza
por la parquedad de la
paleta, por mucha
reducción…
Mis cuadros son
monocromáticos. El color
lo preparo y, casi
siempre, trabajo con la
gama de los azules
—tampoco sé porqué—: voy
por aquí y por allá
probando y siempre
termino entre los grises
y los azules. Quizá el
abordar la obra con un
solo color es un poco
sugestionar al
espectador e indicarle
por dónde tiene que ir.
Es como cuando vas
caminando por la ciudad
y tienes unos audífonos
puestos, no estás
viviendo lo que está
pasando a tu alrededor.
Estás viviendo en una
burbuja: es como
condicionar la mirada,
verlo todo filtrado.
El cine contemporáneo
es, en su mayoría, a
color ¿cómo “filtras”
esos colores para
llevarlo al monocromo?
Una de las ideas que me
llevan a la síntesis no
viene de la pintura,
sino del cine y llega
por algo que dijo
Fellini sobre su cine:
en un momento alguien le
preguntó por qué en la
era del cine a color él
continuaba haciendo
películas en blanco y
negro, y él respondió
que “el blanco y negro
estaba más cercano a la
realidad que el cine a
color”. Es como quitarle
todos los adornos a la
vida, todos los
disfraces y dejar la
mirada pura de la idea
que se quiere
representar.
¿Sería muy precipitado
hablar de exhibir esta
muestra en otros lugares
luego que se desmonte el
próximo 12?
Por la simplicidad del
montaje se puede
trasladar a cualquier
espacio, a cualquier
galería, a cualquier
lobby de un hotel o
a la entrada de una sala
de cine. Me encantaría
que fuera vista en otros
sitios.
¿En qué proyectos andas
involucrado?
¡Tengo muchísimo trabajo
y estoy muy feliz de
ello! Acabo de terminar
la confección de un
libro sobre el malecón
que incluye 85 obras que
he podido recopilar y
que fueron hechas entre
el 2001 y el 2011. El
libro es de la autoría
de José Veigas y está
previsto que se empiece
a imprimir en Sevilla en
febrero de 2012. El
lanzamiento, espero, sea
en mayo durante los días
de la Bienal de La
Habana y haremos una
exposición que incluirá
parte de esas obras, que
son de gran formato.
Estoy en otro libro que
se titulará Ciudades
y son obras de gran
formato de varias
capitales que me han
permitido captar sus
esencias y me he apoyado
en vidrieras y
reflejos. Son 30 obras
que aún no he empezado a
hacer y parte de esas
piezas irán a una
exposición que tengo
prevista para el año
próximo en Los Ángeles.
En Cuba, lo más grande
que he hecho son obras
de dos metros por tres
metros…
Recuerdo que hace unos
años me decías que tu
sueño mayor era pintar
con mayores dimensiones…
Acabo de regresar de
China donde estuve
gracias a una beca
auspiciada por Shenzhen
Fine Art Institute,
ubicado en la provincia
de Guangdong, en la
frontera con Hong Kong.
Allí tenía un estudio
enorme y todos los
materiales a mi
disposición e hice un
cuadro de 2 metros por
4,60 ¡la verdad es que
me di gusto pintando!
Ese cuadro, que titulé
“Caminata china”, lo
doné al Instituto. Hay
quienes dicen que tengo
obsesión por las
ciudades y, creo que es
cierto. La Habana la
pinto más porque es
donde vivo, la que amo y
la que más me gusta,
pero más allá de eso
trabajo la ciudad como
símbolo de la idea de la
urbanidad, de la gran
jungla urbana en la que
vive el hombre. Hay
quienes pueden reconocer
Miami o China porque
aparecen carteles, pero
más que diferenciar lo
que intento es unir y
creo que tiene que ver
con el tratamiento
pictórico que le doy a
la obra.
También estoy preparando
una exposición, de obra
en soporte de papel,
para Zurich,
Suiza.
Hace años tengo relación
con una galería de ese
país, pero ahora voy a
presentarles una nueva
propuesta a partir de lo
que aprendí en China.
Esa experiencia me fue
utilísima y, sobre todo,
contacté que su cultura
es, completamente,
diferente a la nuestra:
ellos pueden, primero,
estar cinco años
aprendiendo a escribir y
17 para aprender a hacer
un círculo o una mancha.
En China, solamente,
estuve dos meses y es
imposible captar la
esencia de esa cultura
milenaria. Fue muy útil
porque conocí una
técnica nueva: la tinta
china, que se extrae de
una roca molida y se
aplica sobre un papel
que se confecciona a
partir del arroz y
fibras vegetales… ellos
tienen muchos pinceles y
cada uno de ellos posee
una función diferente.
He trabajado la acuarela
que considero es la
técnica más difícil y
compleja y la disfruto
porque es un reto —todo
lo que sea difícil me
atrae—, pero la tinta
china es igualmente
complicada. Al principio
intenté trabajar la
tinta china como la
acuarela, pero a pesar
de ambas ser técnicas de
agua son completamente
distintas.
Tuve contactos con
varios artistas chinos
que me ofrecieron clases
demostrativas, pero
tenemos distintas
concepciones: para el
arte contemporáneo
occidental la proyección
del artista es hacia
otros campos —siempre
basados en ideas más
intelectuales y, quizá,
más conceptuales—. Sin
embargo, todo lo que
hacen los chinos va muy
ligado a la estética del
pensamiento interior, a
la reflexión interna y a
la relación del hombre
con la naturaleza. Ellos
trabajan el paisaje, el
retrato y ¡la
caligrafía!... hice mis
malecones en tinta china
y la traductora me ayudó
a llevar al inglés
ciertas frases que
escribí sobre La Habana
como por ejemplo: “La
Habana de noche es como
un río de luz”; escribí
esas frases, como pude,
a partir de la
caligrafía china. Ese
viaje, sobre todo, me
aportó un gran bagaje
cultural. Se acerca el
2012 y con ese año
¡mucho trabajo!
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