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Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello:
El audaz proyecto de la Avellaneda
Roberto Méndez • La Habana

Dentro de la creación literaria de Gertrudis Gómez de Avellaneda (Puerto Príncipe, 1814- Madrid, 1873) el periodismo ocupa un número de páginas muy inferior a su producción poética, narrativa, dramática o epistolar, pero sería un gravísimo error ignorar el papel que este jugó dentro del proyecto reivindicador y educativo de su sexo. 

Desde su arribo a España, la principeña así como accede a las tertulias literarias y a los espacios teatrales, se acerca a la prensa y colabora con varios periódicos, aunque en la mayoría de ellos con poemas. Así, en 1838 remite unos versos al periódico El Cisne, de Sevilla, antes de sistematizar sus colaboraciones en el Semanario Pintoresco Español, entre 1845 y 1851, La Alhambra, de Granada y, sobre todo, La América, donde sus páginas tuvieron una presencia apreciable entre 1857 y 1863. En este último se incluyeron dos artículos suyos.  

El primero, “Luisa Molina”, aparecido el 24 de mayo de 1857, dedicado a promover la personalidad y la obra de una escritora campesina cubana, cuya existencia estaba marcada por grandes dificultades económicas. En él la escritora defiende la existencia de un talento femenino para la poesía que no necesita de los conocimientos que parecen patrimonio del género masculino y compara, por sus heroicos esfuerzos, a Molina con Juana de Arco. 

El segundo artículo, “La mujer”, aparecido el 8 de marzo de 1862, es un texto reivindicador de las capacidades y posibilidades de su sexo, cuyos antecedentes hay que buscar en otro escritos: las páginas publicadas en 1850 en el periódico El Trono y la Nobleza, bajo el título “Capacidad de las mujeres para el gobierno” y la serie de tres artículos que Gómez de Avellaneda publicó en 1860 en el Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello. Si no son las páginas más notables que la autora haya escrito, si son las más abiertamente combativas a favor del acceso femenino hasta las más altas posiciones de gobierno, así como a los trabajos intelectuales de mayor importancia. Todo está redactado en una prosa apasionada, llena de ejemplos históricos, bíblicos y literarios y con pasajes que recuerdan verdaderos parlamentos dramáticos, como cuando afirma que la mujer posee la "intuición de la verdadera grandeza, aquel instinto del supremo heroísmo, que hace se complazca descendiendo; que hace se glorifique sometiéndose en el dolor; que hace, en fin, que consagre su corazón altar secreto de holocaustos continuos"1.

Precisamente, la más notable de sus empresas periodísticas tuvo lugar en 1860, cuando residía en Cuba, junto con su esposo Domingo Verdugo, funcionario colonial llegado con el séquito del Capitán General Serrano. Se trata del Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello, publicado en La Habana entre el 15 de febrero y el 12 de agosto de 1860, concebido como una revista en primer término para la mujer, aunque su alcance podía llegar con más amplitud hasta todos los lectores interesados y dirigida por mujeres, cuestión esta última en la que radicaba su singularidad, pues aunque a lo largo del siglo XIX cubano hubo varias revistas dedicadas al “bello sexo”, la presencia en sus páginas de escritoras era más bien incidental y la empresa estaba habitualmente a cargo de hombres como sucedió en La Moda o Recreo Semanal del Bello Sexo, fundada y dirigida por Domingo del Monte entre 1829 y 1831, que Tula conoció y leyó en su adolescencia principeña. La revista animada por la autora de Sab tenía un amplio consejo de redacción, que además de su fundadora incluía a las españolas Fernán Caballero, Concepción Arenal y Carolina Coronado y a las cubanas Luisa Pérez de Zambrana, Luisa Franchi Alfaro, Úrsula Céspedes de Escanaverino y Julia Pérez Montes de Oca. 

Aunque se procuraba una mayoritaria presencia femenina en sus páginas, no por ello se rechazó la colaboración de los hombres. Avellaneda se apoyó en el poeta José Fornaris para la coordinación y promoción de la empresa y abrió sus páginas a autores como Juan Clemente Zenea, Rafael María Mendive, Enrique Piñeyro, Ramón Zambrana y su coterráneo Esteban de Jesús Borrero. 

Un detalle llamativo es el alcance que la escritora quiso dar a la publicación. Si bien una parte importante de sus ejemplares estaban dedicados a suscriptores habaneros, había además otros 29 puntos del país donde podía recibirse, porque en esos sitios había representantes de ella, entre ellos Puerto Príncipe, donde estaba a cargo su pariente D. Juan de Arteaga, así como norteño puerto de Nuevitas, donde el agente era el periodista D. Antonio Moya. 

La revista se definía como “de moral, literatura, bellas artes, modas” y recogió en sus ejemplares de aparición quincenal poemas, cuentos, críticas literarias, crónicas. Resulta explícito el interés de la dirección en promover el apreciable movimiento poético femenino de la Isla, lo que significa no solo la publicación en sus páginas de versos de las autoras cubanas incluidas en la redacción del Álbum…, sino también de otras cuya obra había sido menos difundida como Martina de Pierra y Agüero, Dolores Cabrera y Heredia y María Valdés Mendoza. 

Un detalle curioso es la reproducción en la página 205 de la publicación del “Himno al Sol”, del poeta sevillano Gabriel García Tassara, con el que Gómez de Avellaneda había tenido relaciones amorosas tres lustros antes, fruto de las cuales nació una niña que vivió pocos días que el escritor y diplomático no quiso ver ni reconocer y la relación entre ambos concluyó de forma abrupta y desagradable. Que sepamos, Tula y él no volvieron a relacionarse, pero ella, ya casada con Verdugo, seguía apreciando su valor literario y quiso reproducir el texto que la posteridad reconoce con el más notable de los suyos. 

Aunque la revista no tenía un carácter marcadamente político, es innegable que forma explícita abogó por los derechos de la mujer en la sociedad. Tal cosa se hace muy clara no solo en los ya citados artículos titulados “La mujer”, sino en su “Galería de mujeres célebres” serie de diez biografías en las que se reseñan sucintamente las vidas de mujeres destacadas en la política, la religión, la literatura. Al parecer, aunque algunos de estos textos han sido tomados de otras publicaciones, fueron más o menos refundidos por Tula, para enfatizar el derecho femenino a acceder a los mismos espacios sociales y de poder de los hombres. Entre las biografiadas estuvieron Simrou Begghun, Safo, Santa Teresa de Jesús, Semiramis, Pan-Hoei-Pan, Victoria Colonna, Sofonisba, Isabel la Católica, Aspasia y Catalina la Grande.  

Vale la pena detenerse e intentar desentrañar uno de ellos, el dedicado a la legendaria poetisa de Lesbos. Aunque la información “objetiva” que sobre Safo ahí se vierte, no rebasa los datos que cualquier enciclopedia o historia  de la lírica griega de la época pudieran aportar, lo atractivo aquí es el modo de presentar estos datos, en función de “construir” un personaje actual, con el que la autora se identifica mucho más profundamente que con los demás que se sucederán en la “Galería”.  

Lo que la historia o el mito callan, viene a completarlo la principeña en el relato que se erige en una especie de “biografía ejemplar” de la retratada, quizá parodiando aquellas Vidas paralelas, exclusivamente masculinas, de Plutarco.  

Llama la atención que la Avellaneda no intente actuar como historiadora de la literatura, de ahí que la importancia de los textos de Safo para la literatura de Occidente, sus aportes al género lírico, especialmente a la versificación, ni siquiera se toquen. Toda la atención va a centrarse en dos puntos focales: la escritora frente a una sociedad eminentemente masculina y la mujer, con su temperamento apasionado, opuesta a la calculadora indiferencia de los hombres. En último caso, es de sí misma de quien desea hablar la poetisa cuando nos dice: “Dotada del alma más sensible y ardiente, la naturaleza no le dejó elección. Pintaba lo que tan bien sentía, la ternura y los transportes del amor: tuvo la suerte de los hombres grandes, la persiguió la envidia; y la de las almas tiernas, pues fue abandonada e infeliz”2. 

Cuando pinta su retrato, tenemos la impresión de que está modificando aquellos que a ella misma le han hecho a lo largo de su vida y que jamás la han dejado satisfecha:

Safo era morena y de una estatura regular, no era muy hermosa, pues los escritores que más la elogian convienen en este punto, del que solo se puede juzgar por los retratos que se han sacado de algunos bustos antiguos. El fuego de su alma, origen de su gran talento, se veía pintado en sus miradas e imprimía en todas sus facciones un carácter de pasión y energía superior a la misma belleza.3 

Unas líneas más allá viene a sorprendernos la ironía con que la biógrafa se refiere al modo con que aquella mujer podía justificar ciertas apariencias en su tiempo: “una pronta viudez la constituyó en nueva situación, que por su extremada juventud, su gusto por la libertad y tal vez por su complexión, era para ella peligrosa”4. La fiel y paciente esposa de Domingo Verdugo tiene la audacia de asegurar que el matrimonio es apenas un tránsito obligado hacia la independencia de las mujeres de temperamento libre, que tienen otras aspiraciones en el mundo, como es este caso, en el que la escritora llega a encabezar un círculo femenino, exquisito y desafiante: “Muy pronto sus poesías excitaron a las jóvenes a los placeres, animándolas al mismo tiempo a disputar a los hombres el talento. Su fama fue tan brillante y rápida que ni la envidia la pudo alcanzar”5. Dibuja Tula una especie de cuadro ideal de aquella existencia donde se equilibran intelecto y afectos: “Así corrían los hermosos días de su vida, gozando de los homenajes halagüeños de ambos sexos, y del doble placer de reinar por el amor y la admiración”6. 

Esta atmósfera de feliz aquiescencia viene a romperse con el despecho del poeta Alceo y ahí viene a discurrir la escritora, sobre un asunto demasiado doloroso para ella, pues todavía están frescos los sucesos relativos a su aspiración al sillón de Gallego en la Academia:

¿En qué consiste que las mujeres que se han dedicado a las letras no han encontrado tanta envidia entre las de su sexo como en los hombres que no dejan tampoco de perseguirse entre sí? ¿Será que sean naturalmente de peores inclinaciones, o que las damas sientan la necesidad de protegerse y unirse cuando se trata del interés y la gloria de su sexo?7 

Ese Alceo “uno de los primeros hombres de la república y cabeza de un partido poderoso”, “ya sexagenario”, es para ella, no obstante su talento, un ser algo ridículo, cuyos versos no podían compensar su “falta de juventud y gracia”. El erudito matancero José Augusto Escoto, quien fue el primero en comentar el texto que nos ocupa, de modo extenso e interpretándolo en clave autobiográfica, considera que bajo el ropaje del maduro poeta griego estaba, en primera instancia, José Fornaris, el principal de sus detractores cubanos —aunque por los días de la publicación del Álbum… todavía la poetisa creía contarlo entre sus amigos—; también podía tratarse de una alusión a Sartorius, el Conde de San Luis, el rival de Tula cuando esta aspiró a un sillón en la Real Academia de la Lengua Española.8 

Este texto no escapa a la aguda constatación de Evelyn Picon respecto a toda la serie: estos artículos ilustran algunas contradicciones básicas entre su intento de mostrarlas como modelos de inteligencia, heroísmo y patriotismo y su imposibilidad de escapar al “lenguaje de género” específico de su tiempo.9 La Avellaneda, como era común en su tiempo, no diferencia entre las estrictas diferencias sexuales y aquellas que provienen de la elaboración y desarrollo cultural, por lo que tiende a mostrarlas, del mismo modo que en su siglo: como virtudes o defectos propios exclusivamente de cada sexo. De ahí que tienda a idealizar en cierto modo el mítico círculo de Safo y sus discípulas, para contraponerlo a la vanidad masculina de Alceo y sus congéneres, cuyas relaciones con la mujer están marcadas por el interés sexual y el despecho intelectual. 

La publicación no pudo rebasar el propio año de su fundación, las dificultades económicas y el escaso apoyo del medio intelectual dieron al traste con el audaz proyecto, pero sirvió para alimentar en las escritoras cubanas la noción de que no bastaba con obtener espacios en revistas animadas por hombres, sino que podían alzar su voz desde otros fundados por ellas. En muy poco tiempo, aparecieron revistas femeninas en La Habana, Puerto Príncipe y otras regiones de la Isla.  

El prestigio y autoridad de su directora ayudó a atraer la atención sobre la escritura femenina en el país y aunque durante décadas el Álbum… pareció caer en el olvido, en la actualidad se le reconoce como uno de los hitos en la historia del feminismo en Cuba. La prestigiosa escritora norteamericana Evelyn Picon Garfield ha considerado esta publicación como el más elocuente antecedente de la revista Mujeres fundada en 1961, como demuestra en su artículo "La revista femenina en Cuba, 1860/1961: Álbum cubano de lo Bueno y lo Bello y Mujeres".10

 

Notas:

1. GGA: “La mujer”. En: Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello. La Habana, 1860, Tomo I, No.2, p.34.

2. GGA: “Safo”. En: Álbum... Tomo 1, No.2, p.42.

3. Ibídem.

4. Ibídem.

5. Ibídem.

6. Ibídem.

7. Ibídem.

8. José Augusto Escoto: “¿Fornaris o Alceo?”, Documento XVIII en: Gertrudis Gómez de Avellaneda: Cartas inéditas y documentos relativos a su vida en Cuba de 1859 a 1864. Colección ilustrada por José Augusto Escoto. Matanzas, Imprenta La Pluma de Oro, 1911, p.187.

9. Cf. Evelyn Picon Garfield: “Periodical literature for women in mid-nineteenth century Cuba: The case of Gertrudis Gomez de Avellaneda”. En: Studies in Latin American Popular Culture; 1992, Vol. 11, p.13-29.

10. Cf. Evelyn Picon Garfield, "La revista femenina en Cuba, 1860/1961: Álbum
Cubano de lo Bueno y lo Bello
y Mujeres," Revista de crítica literaria
latinoamericana (Universidad de San Marcos/ University of Pittsburgh)
15:30 (1980): 91-96.

 
 
 
 

 

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