La Habana. Año X.
17 al 23 de DICIEMBRE

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Magaly o la admiración de rebote
Amado del Pino • España

Siempre he dicho que nunca he sido mujeriego, pero sí militantemente “mujerero”, es decir, adulón, cómplice, fanático a las mujeres y —¡un momento feministas, que me defiendo rápido!— no solo por la belleza, el encanto, la dulzura.  

En mi llegada al periodismo —procedente del teatro— me tocaron en suerte varias mujeres talentosas y eficaces.  Recuerdo los días de la revista Tablas, conducida primero por Rosa Ileana Boudet y después por Vivian Martínez Tabares. También podría evocar aquellas noches de cierre en el diario Juventud Rebelde, cuando de manos de Arleen Rodríguez Derivet —a la sazón subdirectora— nos llegaba el encargo de embellecer campañas de promoción bastante áridas. Todavía las hoy muy reconocidas Rosa Miriam Elizalde y Magda Resik recuerdan aquellos momentos febriles de trabajo,  salpicados de juveniles carcajadas. 

Con otra mujer de nuestro ámbito periodístico nunca trabajé directamente, pero la admiro de una manera muy especial: Magaly García Moré quien fue directora de Bohemia por los días en que mi tío Manuel González Bello firmaba espléndidos reportajes en la legendaria revista. Mamel —como le llamamos en la familia— comentaba sobre la capacidad de trabajo, el encanto, el compañerismo de Magaly. Y mi tío no era de simpatizar “gratis” con los jefes.  

Después —vía Tania y sus más cercanos compañeros de clase— supe de la formidable labor de Magaly como decana de la Facultad de Periodismo. Son pocos los que juntan esos dones: la labor diaria, continua, práctica en un órgano de prensa y la capacidad pedagógica para guiar las inquietudes de los que empiezan. Mi mujer y sus condiscípulos la evocan siempre con una sonrisa que da paso a las anécdotas de aprendizaje técnico y ético. En las reuniones de graduados es la única profesora que siempre está invitada, y asiste. 

He conversado algunas pocas veces con Magaly. Ella pasaba rápido por la sede de la UPEC y yo andaba de intercambios, rones y tertulias, pero ante el encanto de su mirada, la suavidad de sus maneras, me apartaba de mi tropa de ruidosos amigos para disfrutar unos minutos de su conversación y compañía. Me hubiera gustado ser como Mamel y trabajar con ella o estar entre los del grupo de Tania y aprender de su elegancia profesional y humana.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.