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Dentro del staff de la
Editorial de la Mujer,
hay una de sus
periodistas que, por los
temas en que se ha
especializado, y más por
su carácter y talento,
no queda menos que
calificar de muy
singular. Aloyma Ravelo,
para quienes ya peinan
alguna que otra cana y
también para actuales
lectores y lectoras,
será siempre la
imborrable Golondrina.
La misma que contesta
desde las páginas de las
revistas Mujeres
y Muchacha a mil
y un avatares
relacionados con la
sexualidad y la vida
amorosa de muchas
cubanas y también, cómo
no, de muchos cubanos.
Sus ya varios libros,
todos orientados hacia
temáticas de la
sexualidad, son
tenazmente perseguidos y
se agotan
irremisiblemente ante
las solicitudes de un
público que la ha leído
y la sigue leyendo con
avidez.
Para los que alguna vez
dedicamos tiempo y
energías a las páginas
de esas publicaciones,
Aloyma será siempre una
voz sólida, para
respetar, y de la cual
aprender. Cuando este
redactor era un bisoño
aprendiz de escribano,
un poco menos de lo que
sigue siendo ahora, y
llegó a las páginas de
Mujeres unos diez
años atrás, Aloyma
Ravelo se convirtió, y
aún lo sigue siendo por
mutua y libre elección,
en su maestra. Ante
ejemplos así, hay
inevitables improntas
que se agradecen y se
quedan para siempre en
eso que se llama
experiencia. De alguna
manera callada y hasta
invisible, se filtran a
cada línea, a cada
palabra escrita, a cada
pregunta del oficio.
Más de una vez, a
contrapelo de lo que las
normas establecen como
“lo correcto”, Aloyma
llega a la redacción
como una tromba,
contando una anécdota,
protestando algún
absurdo, sugiriendo
sendas. En constante
ebullición, es un
remolino de temas
candentes, ideas
novedosas, atrevidos
enfoques y propuestas
que hasta pudieran
escandalizar a no pocos.
Sin embargo, gracias a
su perenne desprejuicio
y apertura de mente ante
cualquier situación, por
escabrosa que pueda
parecer, abundan
mujeres, parejas y
hombres que han
encontrado soluciones a
sus problemas. O, al
menos, el camino al
alivio o la guía hasta
donde en verdad tienen
remedio sus lastimaduras
del alma.
Ahora, haciendo gala de
su carácter y de su
inefable libertad de
violentar normas,
terminamos, entre
correos y diálogos
telefónicos, amasando
casi a cuatro manos esta
entrevista. Ella,
violentando
cuestionarios,
amontonando a voluntad
respuestas y desórdenes,
intercalando alguna idea
valiosa cuando le venía
a la mente, y hasta
dejando caer una o dos
oraciones y términos
impublicables, no por
vulgares sino por
ardorosos, de los que
acostumbra a ventilar a
viva voz en la
redacción. Y a este
periodista, le
correspondió entonces
armar rompecabezas,
distribuir algún orden y
concierto que rescatara
oros y a la vez no
rompiera en aires de
demasiada disciplina y
lógica el libre retrato
de esta periodista.
Ojalá y hayamos salido
ambos bien del paso. Ya
lo dirá quien lo lea.
Una publicación existe,
es, se parece un poco a
quienes la llevan a
cabo. De tal modo, la
Aloyma Ravelo que busca
rescatar estas líneas,
es, sin duda, parte de
no pocas de las fechas
que han conducido a
Mujeres hasta sus 50
años cumplidos y uno de
los rostros de esa
revista. Uno de sus
rostros humanamente más
bellos, con género
incluido, y sabios.
Vayamos, pues, a la
entrevista.
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La atención a la
innumerable
correspondencia que por
décadas ha recibido la
publicación, fue, y
sigue siendo, no solo
una de las labores
fundamentales de tu
trabajo como periodista,
sino además savia
nutricia,
retroalimentación
insustituible. Para la
Editorial de la Mujer y
en especial para Aloyma
Ravelo, las cartas y
correos son un mundo de
descubrimientos y de
retos, un cauce
constante de aportes y a
la vez de pedidos. Pero,
mejor, escuchemos esos
criterios en tu propia
voz.
La Editorial me dio el
privilegio de asomarme a
la vida íntima de las
mujeres, cuando comencé
hace muchos años a
ocuparme de la enorme
correspondencia que
recibíamos. Esas cartas
me enseñaron a conocer
la naturaleza femenina,
cómo afloraban en sus
conflictos de pareja los
desequilibrios de
género, así como las
luchas internas de esas
mujeres, que ya
empezaban a ser
distintas a sus madres,
por su nivel cultural y
el engrandecimiento que
esa posibilidad otorga.
Un proceso largo y
dificultoso, más
complicado que un parto
de trillizos. Igual hoy,
sobre todo las más
jóvenes, cargan con todo
un arsenal de demandas,
anhelos y necesidades no
satisfechas, en su vida
amorosa y sexual, pero
de esto en particular,
vamos a conversar más
adelante.
Esas cartas tan
inteligentes, con
problemáticas
inimaginables, me
obligaron a
especializarme, para
estar a la altura de sus
demandas en cuanto a
consejería. Ahora, el
correo electrónico ha
facilitado la
comunicación, y una
lectora en estado de
angustiosa
desesperación, puede
recibir una respuesta
casi al momento. Hoy, la
mayoría de la
correspondencia de la
Editorial llega por esa
vía tanto a la web de
Mujeres, como a mi
correo personal, y me he
percatado de que
infinidad de personas en
esta Isla están unidas a
la red de redes gracias
a la institución donde
estudia o trabaja, a un
amigo, un vecino, en
fin, eso no hay quien lo
pare.
Tantas cartas, que
sobrepasan las 30 mil,
son historias de vida,
llenas de enseñanza, de
ejemplos buenos y malos,
de travesuras y osadías.
Es un precioso e
invaluable material que
he tenido en mis manos,
y, por darte solo un
argumento de su valor,
de ahí surgieron cinco
de mis libros más
conocidos, bajo el sello
de la Editorial de la
Mujer. Y aprovecho para
hacer la promoción. Para
la próxima Feria, debe
salir el título Sexo,
amor, erotismo. Palabras
que provocan,
dedicado especialmente a
la gente joven.
En una labor tan
importante y difícil,
como la de asesorar o la
de ayudar abiertamente a
las personas en
conflicto, además de la
obvia preparación
individual, horas de
lecturas, consultas y
búsqueda de información,
hay de seguro algunos
dones personales. En
especial, si estos
problemas rondan por
zonas tan delicadas y
casi siempre poco
exhibidas como la vida
sexual y amorosa de una
mujer o de una pareja o
de un hombre. ¿Hay
alguna fórmula mágica
que te ayude en tu
trabajo?
Guardo todo un arsenal
de historias
conmovedoras, risibles,
tristes, en fin, pero mi
labor no se ha
convertido en rutina.
Sigo emocionándome con
el drama ajeno; a veces
no encuentro las
palabras exactas para un
consuelo y me esfuerzo
en lograrlo. Es muy
importante no fallar en
la confianza que
depositan en mí; la fe
en que mi respuesta les
dará alguna solución a
sus enigmas. Por
principio, no le digo a
alguien: “haz esto, que
es lo que te conviene”.
Más bien, le ofrezco
argumentos, otros puntos
de vista, miradas del
asunto desde otra
óptica. Pero las
decisiones, siempre han
de ser personales.
Mantengo como norma en
mi quehacer cotidiano de
responder cartas tres
principios básicos,
porque, sobre todo, creo
fielmente en ellos: El
primero, tiene que ver
con lo mucho que puede
hacer una persona para
cambiar su vida, la
fragilidad de su
relación o la tragedia
que está viviendo. Nada
cambia solo.
El segundo es pensar
todos los días qué puedo
hacer para estar mejor y
alcanzar lo que se
quiere. Soy opuesta al
convencimiento de
Clarissa Pinkola que
presenta en su libro
Mujeres que corren con
los lobos, cuando
afirma que “todo lo que
nosotros estamos
buscando, también nos
busca a nosotros, y que
si nos quedamos quietos
nos encontrará. Es algo
que lleva mucho tiempo
esperándonos. En cuanto
llegue, no te muevas.
Descansa, ya verás lo
que ocurre a
continuación". Esto es
como entregar tu vida al
azar, la casualidad y,
por lo común, la vida no
es un juego de ruleta.
Y el tercero, se basa en
mi absoluta creencia de
que dentro de cada una
de nosotras se esconde
una fortaleza especial,
aquella que necesitamos
para enfrentar y superar
los problemas que a
diario nos agobian y que
muchas veces echamos a
un lado o dejamos que
sea el tiempo el que
resuelva o sane. Y
realmente, el
tiempo no cura, solo
hace olvidar lo que ya
no importa.
Hay que fijar la mirada
hacia adelante en lo que
se puede hacer, no hacia
atrás en lo que no es
posible cambiar.
Teoricemos un poco,
maestra. Hay un abecé
ineludible en el trabajo
de la revista Mujeres
y de la Editorial de la
Mujer y es el enfoque de
género en todos y cada
uno de sus quehaceres.
Sin embargo, el decursar
de la vida diaria no
siempre se encauza por
las vías que tales
teorías preconizan.
¿Cómo establecer
entonces esa alianza, el
contacto entre los
saberes teóricos y la
tan variopinta línea de
situaciones reales a las
que te enfrentas en tu
diario?
Si bien es cierto que en
la actualidad tanto
mujeres, como hombres,
tienen mayor nivel
educativo, cultural e
informativo, asunto
realmente importante,
todavía unos y otras
estamos atravesados por
una gran cantidad de
construcciones
históricas, sociales y
culturales que llevan
siglos arraigadas, y
pautan las diferencias
de género.
Se han transmitido de
generación en
generación, acuñado y
sellado por la familia y
la sociedad; marcan
patrones de conductas y,
como bien sabes, es un
proceso inconsciente,
que anida en la
subjetividad de las
personas y dictan cómo
debemos actuar. Son los
conocidos atributos de
lo femenino y lo
masculino. En el caso de
nosotras, y en la esfera
de la sexualidad, entre
algunos de esos
atributos está, por
ejemplo, la de ser
complaciente. Esto mucho
tiene que ver con la
manera en que hemos sido
educadas, y en nuestra
área latinoamericana y
caribeña, tiene más
arraigo del que
quisiéramos. En unos
países más, en otros
menos, pero nadie
escapa.
Muchas de nosotras,
tenemos una especie de
vicio que nos marca
mucho y es que tendemos
en ocasiones a
desvalorizarnos, a
considerarnos menos
inteligentes, audaces,
fuertes de carácter, a
regar nuestra autoestima
por el piso, cuando
chocamos con alguna
contrariedad amorosa.
Devaluamos nuestros
propios sentimientos,
aspiraciones, creencias,
y llegamos a deprimirnos
al punto de tener que
ingerir antidepresivos
(las mujeres somos las
grandes consumidoras en
el mundo de esos
medicamentos) si
nuestros juicios no
coinciden con los de él
o sospechamos que la
relación se va yendo en
picada.
Numerosas mujeres, por
falta de seguridad en sí
mismas, hacen
cualquier cosa para que
la relación funcione;
siguen “consejos” fatuos
o tontos de las revistas
del corazón, donde se
aprovecha esa condición
de indefensión femenina,
para ofrecer una
“receta” idónea que
“instruye” como no
dejarlo escapar, diez
consejos prácticos para
reconquistarlo y cosas
parecidas. Ellas hasta
están dispuestas a
cambiarse a sí mismas
para complacer a la
pareja, así tengan que
poner en riesgo la
salud, implantarse
grandes senos o un nuevo
estilo de vestir, variar
alguna conducta, dejar
de ver a determinados
amigos, que no gustan a
su pareja, en fin, la
lista sería larga.
Pero todo eso está
cambiando. Emergen con
una fuerza tremenda esas
mujeres empoderadas,
sobre todo las más
jóvenes, mujeres
profesionales,
estudiantes
universitarias, aquellas
que tienen una posición
de vanguardia en gran
cantidad de campos
sociales, científicos y
culturales, que se han
apropiado de su cuerpo y
de su sexualidad, y se
mueven con exquisito
encanto dentro de su
piel.
Algunas veces son
incomprendidas, porque
es común que te tilden
hasta de los adjetivos
más ofensivos, solo por
el simple hecho de
acercarte a un varón y
decirle que te gusta.
Ser vanguardia de
cambios sociales es un
reto.
Eres, por experimentada
y no por vieja, una
“veterana” en estas
lides de género. Ahora
bien, ¿una lucha como la
que asume esta
publicación, en aras de
igualdades, derrumbes de
prejuicios y dominios
machistas, tiene luces
de triunfo a la vista?
¿No se torna en un
camino demasiado lento
esta batalla?
Yo, particularmente, que
llevo tantos años
dedicada a promocionar
la cultura de la
sexualidad, desde los
medios de comunicación,
no me siento
apesadumbrada por lo
lento y pedregoso del
andar. Cambiar la mente,
los prejuicios y los
mitos de las personas en
materia de sexualidad,
es quizá una de los más
difíciles muros para
derribar. La buena
noticia, y me encantan
las buenas noticias, es
que se va despacio, pero
se avanza.
En
realidad, mientras no se
deconstruya el machismo
y la masculinidad
hegemónica como fórmula
de relación entre los
sexos, no existirá un
encuentro realmente
armónico, igualitario y
de libertad.
Para terminar este
diálogo, quiero que
soplemos una vela tuya,
o quizá 50, llena de
deseos por este
cumpleaños, o al menos
de la parte de ese
aniversario que también
has hecho posible con
tus aportes.
De esos 50 años que
cumple Mujeres,
he estado vinculada a
ella por 30. Así que esa
publicación y yo hemos
formado un matrimonio
con sus altas y bajas,
como todo buen
matrimonio, pero con
ganancias para ambas
partes. Y como he
hablado ya hasta por los
codos, para finalizar,
te puntualizo que soy
una mujer joven, llena
de alegrías, que confía
en el talento y la
osadía de la gente
joven. He logrado cosas
y me faltan otras que
quiero alcanzar. Pero
hay vida, y como dijo
alguien sabio, mientras
hay vida, hay esperanza. |