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La cultura, sus haceres
y legados, requieren
también, además de
artistas y genios, de
esa otra clase de locos,
y locas, que les siguen
y cuentan y apresan para
mañana sus huellas. Una
de esas apasionadas, un
cofre que guarda las
innumerables leyendas
que ha contado y
reseñado en su vida
periodística, un
silencio que dice
siempre mucho menos de
lo que en verdad
atesora, es María del
Carmen Mestas.
También en sus labores
como escriba, en aguas
como las del cuento, la
poesía y la
investigación musical,
en apretado río junto
con el tronco vigoroso
del periodismo, ha
dejado válidas huellas.
No son pocos los
títulos, en libros
propios y en antologías,
donde su firma, y mejor,
sus palabras, aportan,
esclarecen, liberan, se
entregan.
No puedo dejar de
relatar su retrato mejor
del día a día dentro de
la revista a la que ha
dedicado casi una vida
entera de labores.
Siempre sonriente;
siempre atenta y
callada; siempre, a la
hora de apremios
colectivos y cierres,
con esa frase o idea, o
con el título exacto que
a nadie se le ocurre,
para redondear un
trabajo y que funcione
más y mejor. Entonces,
con esa grandeza
humilde, vuelve a
sonreír, como si tal
cosa, como si ese
destello de genialidad
hubiera podido ser dicho
por cualquiera. Solo que
casi siempre lo dice
ella.
No puedo evitar que, en
cada ocasión en que
escucho el inolvidable
tema de Noel Nicola,
dedicada, según el
autor, a alguna
imaginaria tocaya de
esta entrevistada de
hoy, nuestra María del
Carmen se me parezca
demasiado a esa que
cantara el trovador.
Razones hay. Esta
periodista, esta mujer
tremenda, todavía se
asombra con todo,
también sus ojos son
anchos, y a diario
revuelve la tarde a su
paso, mientras no pocos
ojos le halan el
vestido.
Más allá de las muchas
páginas que ha publicado
en la revista Mujeres,
siempre en aras de que
perdure lo más valioso
de nuestra cultura de
ayer y de ahora, María
del Carmen Mestas carga
consigo el inapreciable
tesoro de sus vivencias,
de sus experiencias. Más
de una vez, alguno de
sus colegas, sin duda,
atenazados por los
mismos aires que en su
momento la sacudieran,
le hemos pedido que haga
una pausa y escriba sus
memorias, sus muchos
recuerdos y anécdotas de
tanto bregar en predios
de la cultura cubana.
Siempre, es su
incombustible sonrisa la
respuesta.
Por eso ahora, en medio
del cumpleaños de una
revista de cuya historia
María del Carmen es
parte imborrable, esta
entrevista puede ser un
mínimo adelanto. Solo un
sendero, cálido a pesar
de llegar a través de
las líneas del correo
electrónico, de las
muchas veredas que
podría descubrir nuestra
gran colega si se
decidiera a empuñar la
pluma en viaje de
regreso y remembranza.
Sin embargo, en esa
síntesis envidiable que
a muchos se nos escurre
constante ante la
cuartilla, regresan sus
respuestas en el tono
exacto, tranquilo y
hondo, sin excesos. Como
si se pareciera un poco
a las canciones que ama
y a cuyos creadores
tanto ha defendido.
Comienzo el día, así
como si nada
Me inicié en el
periódico Combate,
y he estado en otros
órganos de prensa como
Radio Habana Cuba
y la revista
Romances, que es de
alguna manera la
antecesora de las
revistas de hoy. Al
crearse la Editorial de
la Mujer pasé a la
redacción de Muchacha
y posteriormente a la de
Mujeres, donde
sigo trabajando.
Han sido años de intenso
bregar. A veces,
conquistando sueños, a
veces malogrando otros.
Es la vida.
Que de mis recuerdos, sí
quiero yo hablar
Al insertarme en el
periodismo cultural,
intenté abarcar aspectos
de su desarrollo,
expresar el espíritu de
creación que vive en sus
protagonistas. No podría
contar en estos 50 años
de trabajo cuántas
crónicas, reportajes o
entrevistas hice, porque
la memoria tiene
laberintos escurridizos,
aunque hay pasajes que
quedan más vivos que
otros.
Me ha aportado grandes
alegrías el contacto con
gente muy interesante;
te podría hablar de
muchos creadores de la
Nueva Trova, que tuve el
inmenso gusto de
entrevistar cuando se
gestaba ese importante
Movimiento. Pienso en
Pedro Luis Ferrer, al
que entrevisté cuando él
solo tenía 18 años. En
Adolfo Costales y Tatica,
de aquel cuarteto Los
Dimos; en Tony Pinelli,
con Los Cañas. En Noel
Nicola, ese ser
extraordinario, viviendo
en el cuartico de San
Nicolás, y con el que
proyecté libros, que
nunca realizamos,
mientras bebíamos un
café muy cubano colado
por el autor de “Es más,
te perdono”.
Tampoco olvido las
tertulias en casa de
Fidel Díaz, hoy director
de El Caimán Barbudo,
con el que tuve un
programa juvenil en
Radio Cadena Habana. Ni
a Silvio, a su regreso
de aquel memorable viaje
en el Playa Girón.
A Augusto Blanca, a
Vicente Feliú…
Durante un buen tiempo
me dediqué a buscar
figuras de la trova
tradicional, cuyos
testimonios me llenaron
de vivencias de aquella
época de serenatas e
incurable bohemia. Sindo
Garay, Graciano Gómez,
Miguel, Ciro y Cueto,
del trío Matamoros,
Rosendo Ruiz, Pucho el
Pollero, Emiliano Blez y
otros más.
En otra zona de la
música están intérpretes
muy queridas como la
inolvidable Elena Burke
o Moraima Secada, a
quienes con frecuencia
visité. Nombres
imprescindibles, para mí
y para la música, de
entrañable cercanía como
los de Richard y Rembert
Egües. Me enorgullece
haber escuchado en la
voz de Juan Formell sus
proyectos musicales
cuando tocaba con la
orquesta de Revé.
De Portocarrero, guardo
un regalo muy apreciado:
Su foto original de niño
vistiendo un simpático
disfraz, pues amaba los
carnavales. De Isabel
Ximeno, la gratitud de
su primera entrevista.
De mis entrañables
Francisco Garzón
Céspedes y Teresita
Fernández, su peña en
una experiencia
irrepetible.
Eduardo Robreño, aquel
anecdotario vivo,
despertó en mí el deseo
de investigar. A partir
de esa búsqueda surgió
mi libro Pasión de
rumbero, editado en
España, y que reúne
numerosas historias.
Llevar a las páginas la
vida de estos hombres y
mujeres, la mayoría poco
reconocidos, fue una
tarea que me propuse con
amor. Por ese volumen
desfilan el mítico
Malanga, Chano Pozo,
Nieves Fresneda, Ignacio
Piñeiro, Tío Tom, Carlos
Embale, Calixto Callava,
Chavalonga… Además, de
reunir alrededor de 60
fichas biográficas de
otros rumberos. El
volumen fue publicado en
1998, pero continué
indagando y hoy tengo
datos de más de 300 de
ellos, entre
percusionistas,
cantantes o autores del
complejo rumba.
Por eso cuando te vi,
reconocí mi destino
Sin duda, la revista
Mujeres me aportó
más de lo que yo a ella.
Amplió mi capacidad de
análisis, me dio
experiencia para mirar
con luz más larga la
vida y, sobre todo, me
enfocó en la realidad de
la mujer cubana; sus
avatares, sueños y todos
sus grandes avances.
Además, de adentrarme en
el quehacer de la FMC.
Todavía hay un vacío en
cuanto al enfoque de
género en el periodismo.
La visibilización de
nuestras artistas,
nuestras creadoras en
todas las
manifestaciones. En este
caso, esa presencia en
todas las esferas del
arte ha sido, para mí,
no solo inspiración,
justicia poética, sino
parte de esa
perspectiva de género
tan necesaria de incluir
en el periodismo
cultural.
Dónde están tus riendas,
dónde está tu espuma
Ojalá haya sembrado
buenas ideas en los
lectores, que en mis
trabajos haya podido
transmitirles algo útil.
No hay recetas ni
fórmulas. Ahora, en mi
caso particular lo más
importante fue la
vocación hacia la
literatura. Desde niña
leí mucho lo que debía y
lo que no debía. Siempre
tuve un libro en mis
manos, y esa inclinación
afloró a la hora de
escoger una profesión.
Soy graduada de la
Escuela Manuel Márquez
Sterling. Tal vez, por
eso me he sentido más
cómoda en el periodismo
cultural. Creo
firmemente en el relevo.
Serán los jóvenes con su
pasión, conocimientos e
ideas renovadoras los
encargados de darle un
vuelco al periodismo en
todo sentido.
Esta mañana, de nuevo,
piensa en ti…
De vuelta, de muchos
andares, te digo que
sigo amando el
periodismo porque es
reflejo vivo de la
realidad, la vida que te
rodea, llevada a
cuartillas o a una
página digital. |