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Entre los sucesos que ya
son noticia de primera
plana para el próximo
2012, están los
conciertos que van a
realizar los Rolling
Stones por los 50 años
de creación del grupo
—un verdadero
acontecimiento, pues es
la única banda de rock
que se ha mantenido
tanto tiempo activa
sobre los escenarios,
además de grabar
canciones nuevas con
relativa frecuencia. El
hecho de que el núcleo
básico de los Stones (Mick
Jagger y Keith Richards)
se encuentre conformado
por personas de la
llamada “tercera edad”,
no implica
necesariamente que ellos
actúen desde banquetas
colocadas en la escena,
por lo que la anunciada
presentación supondrá
una disyuntiva en cuanto
al diálogo entre la
energía del rock y la
dinámica que el cuerpo
humano reclama cuando se
alcanza determinada
edad.
Por supuesto, la
circulación de noticias
como esta, representa un
soplo de frescor entre
otras que, como sombras,
amenazan con sumir en
peligrosa oscuridad la
vida en el planeta. Sin
embargo, llama la
atención que desde las
principales metrópolis
del mundo desarrollado
es que nos llegan
comentarios sobre los Stones, el 60 cumpleaños
de Sting o aquella
encuesta en que Jimi
Hendrix quedó, una vez
más, en el primer lugar
entre cien prestigiosos
guitarristas según la
prensa especializada,
como si en el resto del
mundo no pasara nada
relevante.
Semejante disquisición
sobre el sentido del
flujo de la información
—que, lamentablemente,
es mucho mayor de allá
hacia acá— me asaltó en
medio del concierto que
tuvo lugar el pasado fin
de semana en el
capitalino teatro Mella
para celebrar los 35
años de la agrupación
Síntesis.
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No es solo que esta
valiosa agrupación
cubana nos resulta
espiritualmente tan
cercana como lo es la
imponente presencia del
Castillo del Morro o la
obra de dimensiones
épicas de Beny Moré;
por muy familiarizados
que estemos con Síntesis
y su música —como si
hubieran existido desde
siempre— sus actuaciones
representan una
constante en favor del
regocijo mayor. La
eficiente capacidad
profesional de sus
instrumentistas, la
brillantez de un
esmerado trabajo vocal y
la prolífica propuesta
del aliento temático,
convocan sortilegios tan
suyos, que no vale
intentar distanciarnos
como si fuéramos inmunes
a lo que evocan en cada
uno de sus conciertos. Y
lo más emotivo de esta
reflexión es la humildad
de los integrantes de
Síntesis: personas
sencillas, preocupadas
por cómo quedar cada vez
mejor en sus
presentaciones en vivo y
por llevar a cabo los
nuevos proyectos
discográficos.
En una sociedad como la
nuestra, no hay espacio
para el emporio del
marketing que ubica
a los artistas en
estratos absurdos para
hacernos creer que son
extraterrestres. Gracias
a tales falacias es que
engendros de la canción
como Britney Spears o
Enrique Iglesias se han
hecho famosos; similar
proceso mercantil es el
que legitima la valía de
figuras como Mick Jagger,
colocándolos, por regla
general, en cumbres de
popularidad tan elevadas
que, a veces, resulta
difícil vislumbrar sus
características normales
como individuo.
Sin embargo, la
posibilidad de sostener
una conversación con una
leyenda como Jagger,
implicaría el difícil
ejercicio de mantenerse
sobrio al contactar con
la mismísima historia
viva del rock, sin
abandonar la perspectiva
de que es una persona
como cualquiera,
interesada por los más
diversos temas. Qué
hermoso es pensar que
del mismo modo en que
nosotros nos enteramos
de los planes de los Rolling Stones para el
nuevo año, sus
integrantes —en un
diálogo de músico a
músico— no son
indiferentes a la
celebración de los 35
años de Síntesis,
mostrándose intrigados
por el origen de tanto
talento que les permite
conservar ese distintivo
sello de calidad que los
cubanos casi conocemos
de memoria. |