La Habana. Año X.
17 al 23 de DICIEMBRE 

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Isabel Moya
Una revista igual que una familia
Antonio López Sánchez • La Habana
Foto: Cortesía Editorial de la Mujer

Como periodista, recorrió todos los escalones que la experiencia profesional posibilita. Como Directora, es una dirigente cercana, con un despacho a la vista, ajeno a laberínticos accesos como fortalezas o a feroces e infranqueables secretarias, cuya puerta rara vez se cierra y donde se tratan igual las cuestiones de trabajo más trascendentales y serias, que la noticia o la broma colectiva del día. Como persona, Isabel Moya Richard es uno de los seres humanos más voluntariosos y empecinados que conozco, capaz de llevar a cabo cualquier idea o propósito en que se involucre. A pesar de la seria discapacidad que sufre, jamás se ha considerado, ni se comporta, como una enferma o se ha sentido limitada en la ejecución de ninguna de sus decisiones o actos personales y profesionales. Podría sumarse además el comentario de que Isa, como todos la conocen, es ahora mismo una de las más importantes y reconocidas expertas en materias de género en Cuba y que funge como Directora General de la Editorial de la Mujer. 

Como quien redacta ahora estas líneas perteneció al colectivo de ese centro, hay algunos apuntes que ahora puedo deslizar un poco de primera mano sobre el desempeño laboral de mi entrevistada. Isabel Moya no ha olvidado sus días de periodista, punto vital para quien dirige un órgano de prensa. Y además, cuando ha sido menester, asume con valentía las consecuencias de sus decisiones o hasta las consecuencias que a veces, sin proponérselo un periodista ante una cuartilla, se desatan más allá de la voluntad de una revista o una opinión. Asimismo, balancea, suma, quita lo innecesario y trata de tener siempre presente la mirada del otro, más bien de la otra, ya que hablamos desde el feminismo, a la hora de decidir esa puesta en escena, que es según sus palabras hacer una revista. 

Al celebrarse 50 años de la revista Mujeres, iniciamos esta suerte de foto colectiva con las palabras de la que es hoy su cabeza líder. La misma periodista menuda de algunas viejas fotos que aún rondan por la redacción. La misma que hoy no olvida a su colectivo y subordina sus innegables méritos a la labor de equipo. Escuchemos a Isabel Moya. 

Qué aprendizaje, qué vivencias deja el tránsito de llegar a la Editorial de la Mujer como periodista y terminar siendo su Directora General.

Debo confesarte que llegué a la Revista Mujeres más bien sintiendo que estaba castigada. A mí no me interesaban esos temas, no tenía una conciencia de género y pensé siempre que era una revista menor. Yo fui el primer expediente de mi graduación y me habían ubicado como divulgadora en un organismo de la administración central del Estado. No estuve de acuerdo con esa ubicación, pero ya todo mi año tenía trabajo y yo no acaba de resolver ese problema. Por fin, ya todo el mundo había empezado a trabajar menos yo, en noviembre de 1984, me colocan en la revista, un poco porque era lo que quedaba. En ese sentido, no me sentía muy estimulada en verdad.



Sin embargo, pasaron unos cuatro o cinco meses y ya estaba enamorada del trabajo que se hacía allí. Tuve la oportunidad de hacer mucha labor reporteril, porque recorrí todo el país, y en resumen, aunque no es frecuente, en mi caso sí funcionó eso que llaman política de cuadros. Comencé como reportera y fui desempeñando diferentes funciones, fui Subdirectora de la Editorial, Directora de la Revista Mujeres, hasta llegar en el 2005 a ser Directora General de la Editorial, hasta este momento. Pero no he querido renunciar a dirigir la revista, porque en realidad lo más fascinante para mí es construir la revista, esa puesta en escena, la selección de los temas, más que el trabajo burocrático que la dirección editorial demanda.

¿Qué aprendí? Pues que, como en cualquier profesión, comenzar haciendo los trabajos de aparentemente menor responsabilidad, te va formando para llegar después a dirigir. Yo fui reportera, redactora, atendí correspondencia, estuve mucho tiempo revisando cristales en la imprenta y eso me ha permitido tener una visión de lo que es realmente el periodismo. El periodismo es un acercamiento a la realidad desde discursos construidos con herramientas que, si no las dominas, puede convertirse en algo poco atractivo, que no cumpla sus fines.

Creo que mi gran aprendizaje fue ver el periodismo con una visión más integradora, no solo sobre el texto. Descubrir que, en la prensa impresa, el texto solo no es nada, que la fotografía, el diseño, todo el tratamiento incluso de en qué página va a ubicarse qué tema, es importante. Aprendí de esa puesta en escena, quizá no tan evidente como en el teatro, pero que subyace en sus concepciones y organizaciones a la hora de hace runa publicación.

Y cómo no decirlo. Un aprendizaje vital fue la posibilidad de hacer un trabajo colectivo. Con hombres y mujeres de diferentes edades, de formaciones diferentes. En la Editorial coexisten desde personas que estudiaron en el Escuela Márquez Sterling, hasta recién graduadas de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Es una comunión, no siempre armónica, como en las buenas familias hay desavenencias. Pero esa comunión con un mismo fin, una revista mejor, que siga volando en los estanquillos, sí ha sido algo muy positivo en mi aprendizaje. Pero ahora mismo, estoy dirigiendo a personas que eran ya periodistas reconocidas cuando yo llegué a la Editora, hace 25 años, precisamente en noviembre. Me han acogido, me han apoyado, no siempre con toda la anuencia que uno quisiera, pero eso pasa en las mejores familias. No habría cumpleaños sin ese equipo, de periodistas, y de todas las personas de la Editorial.

Dentro de este recorrido por la puesta en escena de Mujeres, y enlazado con tu propia carrera, qué logros, qué de valía tiene una publicación que cumple 50 años.

He vivido los últimos 25 años de Mujeres y prácticamente ha sido mi único trabajo. Durante lo más crudo el Período Especial fui la Subdirectora de la revista Revolución y Cultura, pues Mujeres se cerró, hasta que regresamos a la Editorial. Te puedo decir que Mujeres es la misma pero no es igual, parafraseando a Silvio. ¿En qué sentido? Es una revista que ha ido evolucionando desde una concepción muy centrada en la mujer hacia una mirada más apoyada en el enfoque de género. Por ejemplo, antes existía una sección llamada Mamá quiere saber; hoy se llama Mamá y papá quieren saber. Una sección era Educación de padres, hoy es En familia. O sea, hemos asumido una concepción mayor, más amplia, que ha enriquecido los significados de la revista. Otro elemento muy importante, sobre todo en los últimos años, ha sido asumir que las audiencias son mucho más complejas, más diversas. 

¿Dirías que ha evolucionado con la revista?

Sí, porque incluso, la revista tiene hoy entre sus grandes desafíos el estar a la altura de sus audiencias. Si las mujeres son hoy ese porciento tan alto de graduadas universitarias, si las mujeres forman, cada vez más, en determinados sectores la masa crítica, digamos en Derecho donde la mayoría de los fiscales son mujeres, en áreas como la ciencia, la medicina o la educación, la revista tienen que evolucionar en esa dirección. Por eso se incluyen temas como un pequeño noticiero de ciencia y técnica, por solo poner un ejemplo, que nunca antes lo tuvo. Pero que responde a esos intereses de esa audiencia.

Por otro lado se trata de una audiencia cautiva, pues tampoco tiene muchas revistas de este corte para escoger. Tampoco existe una revista feminista especializada. Entonces, hemos tratado, en 96 páginas, que lo mismo una académica pueda encontrar un trabajo de una gurú del feminismo en América Latina como Marta Lamas, o que una persona encuentre un consejo sobre la salud mental. Uno de los temas que no se encuentra en otras publicaciones. Hay muchos temas de salud, muchos tratados desde el miedo, que estoy en contra de abordar la salud desde el miedo, o desde la enfermedad. Entonces, nuestra revista aborda la salud mental. Algo muy necesario en un país donde la cotidianeidad es difícil, donde las mujeres tienen doble y triple jornada, donde la convivencia familiar muchas veces ocurre en familias extendidas, entonces las personas necesitan de herramientas para enfrentar todo ese día a día, con determinada serenidad. Se trata de abordajes relativamente nuevos, pero que reivindico.

Otro ejemplo de los aprendizajes que he tenido en la revista y que ha sido muy importante, está en las muchas veces vilipendiadas secciones para el hogar, enfocarlas primero desde dos posturas. Una, es que no se trata de secciones dirigidas a la mujer, sino a toda la familia. Y en segundo lugar, hacerlo desde una perspectiva reivindicadora. Muchas veces lo considerado femenino, lo considerado parte del mundo privado, ha sido descalificado por la mirada masculina. Las recetas de cocina en un país forman parte, como la música, como la poesía, de la cultura de ese país. Ser cubano es Lezama, pero es también un potaje de frijoles negros. Hacerlo desde una postura reivindicadora.

Que sea una cocina feminista y no femenina

Exactamente, y además, visto desde la postura de la cultura. Y por otra parte, hacerlo reivindicando también un periodismo de servicio, por qué no. El periodismo, sin dudas, tiene que ayudar a explicar la realidad donde viven las personas. Tiene que ayudar a contextualizar esa realidad, pero también ayuda a entender el mundo. Yo digo que vivir es un hecho natural, pero que a vivir también se aprende, y el periodismo puede ayudar a las personas a vivir, puede acompañarlas en ese devenir. En el caso particular de una revista como la nuestra, de un país como el nuestro, en determinado momento el convertir un jeans viejo en una mochila es también una postura ante el mundo.

Hay una frase que repites mucho, y ahora que viene al caso, la cocina es política

Sí, la cocina es política; la moda es política. En un país como el nuestro es muy importante destacar que incluso, a lo mejor no tienes dinero para comprar lo que comprarías, pero es importante que las personas se expresen de la manera en que se vistan. Eso de ponerte un accesorio, usar un bolso de tela, todo eso va hablando de la gente. En ese sentido queremos orientar en esa dirección, que se vea como cultura del vestir y no como moda. 

Es el cumpleaños de la revista Mujeres, la insignia de la Editorial de la Mujer. Pero esa no es la única publicación, ni la única línea de trabajo de esa editora. ¿Qué se hace ahora mismo, además de Mujeres?

La Editorial de la Mujer quiere convertirse en un espacio donde, desde diferentes soportes producidos por la propia Editorial o en coedición o colaboraciones con otras instituciones, las personas encuentren, desde una línea que aborde la teoría de género hecha en Cuba y escrita por cubanas y cubanos, hasta que pueda encontrar un colección de libros para niñas y niños no sexista, o pueda encontrar estos materiales para el hogar, para la familia. Incluso, encontrar temas menos abordados ahora mismo como todo lo que tiene que ver con la tercera edad, vital en una sociedad que va envejeciendo, o los temas de la sexualidad. Todo eso, no solo en los soportes tradicionales sino tratando de incursionar en soportes nuevos y en la comunicación más local y comunitaria.

Ahora mismo estamos pensando en un proyecto donde las lectoras y lectores vengan a la revista. Donde el intercambio sea más de persona a persona y tratando de satisfacer necesidades nuevas. En una sociedad que va cambiando, donde no siempre ni la información ni la comunicación funcionan de la mejor manera, ni con la inmediatez necesaria, pues pensamos que podemos convertirnos, por qué no, en un centro generador de acciones que faciliten la vida de la comunidad.

En este sentido se está trabajando ya en un proyecto, un poco a largo plazo pero que ya tiene sus primeras acciones, dirigido a trabajar con mujeres que trabajan o desean trabajar por cuenta propia en municipios como Centro Habana, Habana Vieja y Cerro. Tal vez no encuentran dónde capacitarse, pues vamos a publicar manuales donde pueda encontrarse la explicación desde cómo azulejear una cocina hasta arreglar relojes, por ejemplo. Por otro lado, tenemos un trabajo que se está haciendo con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), de rescate de la memoria de Mujeres. La Editorial guarda colecciones de revistas Romances, de Vanidades, desde 1935. Hemos rescatado el Centro de Documentación. Para reivindicar también que no se puede escribir la historia de este país sin consultar esas publicaciones, porque la vida cotidiana forma parte de la cultura. Como sabes, las feministas han reivindicado siempre esa mirada subjetiva, más allá de los metarrelatos históricos. Entonces, para entender cómo vivía la familia cubana hay que leer esas revistas y sabremos desde qué se comía, cómo era un mantel o hasta qué frases se decían.

También tenemos un proyecto, con la colaboración de la organización vasca Euskadi–Cuba, que nos ha dado muchas satisfacciones. Esa idea va dirigida a la creación de productos comunicativos para jóvenes y adolescentes, centrado en temas de interés como VIH–SIDA, violencia de género, entre otros. Hasta ahora se han hecho almanaques, forros de libreta y el colofón será la realización de varias fotonovelas con estos temas. Esto incluye colaboración de instructores y estudiantes de arte, fotógrafos y otros colaboradores.  

Me llamó la atención que la primera celebración del cumpleaños, en el interior de la revista, se hizo trabajando, en dos encuentros con personal cercano a la revista, de antes y de ahora. Después de esas dos jornadas puedo hacerte  la misma pregunta de esa experiencia: ¿Cómo es la revista que viene?

La revista que viene tiene desafíos fundamentales. Por una parte, convertirse cada vez más en un ámbito de diálogo con sus audiencias. ¿Por qué un ámbito de diálogo? Pues porque cada vez más tienen que estar presentes los intereses de lectores y lectoras, pero desde una reflexión crítica de los procesos. En determinados momentos uno se deja seducir por las cifras y ese es un gran riesgo en el caso de la sociedad cubana. Hay que ver cuál es el costo humano que hay detrás de esas cifras. Y también hay que ver cuánto todavía de las herramientas, de los mecanismos, de los valores que se socializan en el ámbito cubano, continúan reproduciendo el sexismo, el racismo, la homofobia.

Eso es lo que pienso que debe ser la revista que viene. Un espacio de diálogo sobre esos temas, que para algunos continúan siendo temas menores, secundarios. Pero su propia reproducción, utilizando otros mecanismos 50 años después, demuestran que son temas medulares a la hora de encarar la construcción de esa sociedad mejor, más inclusiva y más democrática que perseguimos.
 
 
 
 

 

LA JIRIBILLA Nro. 303
Género e identidad.
La mujer y el hombre fuera del paraíso

 

 

LA JIRIBILLA Nro. 434
Mujer y literatura.
También tiene género
la escritura

 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.