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Como periodista,
recorrió todos los
escalones que la
experiencia profesional
posibilita. Como
Directora, es una
dirigente cercana, con
un despacho a la vista,
ajeno a laberínticos
accesos como fortalezas
o a feroces e
infranqueables
secretarias, cuya puerta
rara vez se cierra y
donde se tratan igual
las cuestiones de
trabajo más
trascendentales y
serias, que la noticia o
la broma colectiva del
día. Como persona,
Isabel Moya Richard es
uno de los seres humanos
más voluntariosos y
empecinados que conozco,
capaz de llevar a cabo
cualquier idea o
propósito en que se
involucre. A pesar de la
seria discapacidad que
sufre, jamás se ha
considerado, ni se
comporta, como una
enferma o se ha sentido
limitada en la ejecución
de ninguna de sus
decisiones o actos
personales y
profesionales. Podría
sumarse además el
comentario de que Isa,
como todos la conocen,
es ahora mismo una de
las más importantes y
reconocidas expertas en
materias de género en
Cuba y que funge como
Directora General de la
Editorial de la Mujer.
Como quien redacta ahora
estas líneas perteneció
al colectivo de ese
centro, hay algunos
apuntes que ahora puedo
deslizar un poco de
primera mano sobre el
desempeño laboral de mi
entrevistada. Isabel
Moya no ha olvidado sus
días de periodista,
punto vital para quien
dirige un órgano de
prensa. Y además, cuando
ha sido menester, asume
con valentía las
consecuencias de sus
decisiones o hasta las
consecuencias que a
veces, sin proponérselo
un periodista ante una
cuartilla, se desatan
más allá de la voluntad
de una revista o una
opinión. Asimismo,
balancea, suma, quita lo
innecesario y trata de
tener siempre presente
la mirada del otro, más
bien de la otra, ya que
hablamos desde el
feminismo, a la hora de
decidir esa puesta en
escena, que es según sus
palabras hacer una
revista.
Al celebrarse 50 años de
la revista Mujeres,
iniciamos esta suerte de
foto colectiva con las
palabras de la que es
hoy su cabeza líder. La
misma periodista menuda
de algunas viejas fotos
que aún rondan por la
redacción. La misma que
hoy no olvida a su
colectivo y subordina
sus innegables méritos a
la labor de equipo.
Escuchemos a Isabel
Moya.
Qué aprendizaje, qué
vivencias deja el
tránsito de llegar a la
Editorial de la Mujer
como periodista y
terminar siendo su
Directora General.
Debo confesarte que
llegué a la Revista
Mujeres más bien
sintiendo que estaba
castigada. A mí no me
interesaban esos temas,
no tenía una conciencia
de género y pensé
siempre que era una
revista menor. Yo fui el
primer expediente de mi
graduación y me habían
ubicado como divulgadora
en un organismo de la
administración central
del Estado. No estuve de
acuerdo con esa
ubicación, pero ya todo
mi año tenía trabajo y
yo no acaba de resolver
ese problema. Por fin,
ya todo el mundo había
empezado a trabajar
menos yo, en noviembre
de 1984, me colocan en
la revista, un poco
porque era lo que
quedaba. En ese sentido,
no me sentía muy
estimulada en verdad.
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Sin embargo, pasaron
unos cuatro o cinco
meses y ya estaba
enamorada del trabajo
que se hacía allí. Tuve
la oportunidad de hacer
mucha labor reporteril,
porque recorrí todo el
país, y en resumen,
aunque no es frecuente,
en mi caso sí funcionó
eso que llaman política
de cuadros. Comencé como
reportera y fui
desempeñando diferentes
funciones, fui
Subdirectora de la
Editorial, Directora de
la Revista Mujeres,
hasta llegar en el 2005
a ser Directora General
de la Editorial, hasta
este momento. Pero no he
querido renunciar a
dirigir la revista,
porque en realidad lo
más fascinante para mí
es construir la revista,
esa puesta en escena, la
selección de los temas,
más que el trabajo
burocrático que la
dirección editorial
demanda.
¿Qué aprendí? Pues que,
como en cualquier
profesión, comenzar
haciendo los trabajos de
aparentemente menor
responsabilidad, te va
formando para llegar
después a dirigir. Yo
fui reportera,
redactora, atendí
correspondencia, estuve
mucho tiempo revisando
cristales en la imprenta
y eso me ha permitido
tener una visión de lo
que es realmente el
periodismo. El
periodismo es un
acercamiento a la
realidad desde discursos
construidos con
herramientas que, si no
las dominas, puede
convertirse en algo poco
atractivo, que no cumpla
sus fines.
Creo que mi gran
aprendizaje fue ver el
periodismo con una
visión más integradora,
no solo sobre el texto.
Descubrir que, en la
prensa impresa, el texto
solo no es nada, que la
fotografía, el diseño,
todo el tratamiento
incluso de en qué página
va a ubicarse qué tema,
es importante. Aprendí
de esa puesta en escena,
quizá no tan evidente
como en el teatro, pero
que subyace en sus
concepciones y
organizaciones a la hora
de hace runa
publicación.
Y cómo no decirlo. Un
aprendizaje vital fue la
posibilidad de hacer un
trabajo colectivo. Con
hombres y mujeres de
diferentes edades, de
formaciones diferentes.
En la Editorial
coexisten desde personas
que estudiaron en el
Escuela Márquez Sterling,
hasta recién graduadas
de la Facultad de
Comunicación de la
Universidad de La
Habana. Es una comunión,
no siempre armónica,
como en las buenas
familias hay
desavenencias. Pero esa
comunión con un mismo
fin, una revista mejor,
que siga volando en los
estanquillos, sí ha sido
algo muy positivo en mi
aprendizaje. Pero ahora
mismo, estoy dirigiendo
a personas que eran ya
periodistas reconocidas
cuando yo llegué a la
Editora, hace 25 años,
precisamente en
noviembre. Me han
acogido, me han apoyado,
no siempre con toda la
anuencia que uno
quisiera, pero eso pasa
en las mejores familias.
No habría cumpleaños sin
ese equipo, de
periodistas, y de todas
las personas de la
Editorial.
Dentro de este recorrido
por la puesta en escena
de Mujeres, y
enlazado con tu propia
carrera, qué logros, qué
de valía tiene una
publicación que cumple
50 años.
He vivido los últimos 25
años de Mujeres y
prácticamente ha sido mi
único trabajo. Durante
lo más crudo el Período
Especial fui la
Subdirectora de la
revista Revolución y
Cultura, pues
Mujeres se cerró,
hasta que regresamos a
la Editorial. Te puedo
decir que Mujeres
es la misma pero no es
igual, parafraseando a
Silvio. ¿En qué sentido?
Es una revista que ha
ido evolucionando desde
una concepción muy
centrada en la mujer
hacia una mirada más
apoyada en el enfoque de
género. Por ejemplo,
antes existía una
sección llamada Mamá
quiere saber; hoy se
llama Mamá y papá
quieren saber. Una
sección era Educación de
padres, hoy es En
familia. O sea, hemos
asumido una concepción
mayor, más amplia, que
ha enriquecido los
significados de la
revista. Otro elemento
muy importante, sobre
todo en los últimos
años, ha sido asumir que
las audiencias son mucho
más complejas, más
diversas.
¿Dirías que ha
evolucionado con la
revista?
Sí, porque incluso, la
revista tiene hoy entre
sus grandes desafíos el
estar a la altura de sus
audiencias. Si las
mujeres son hoy ese
porciento tan alto de
graduadas
universitarias, si las
mujeres forman, cada vez
más, en determinados
sectores la masa
crítica, digamos en
Derecho donde la mayoría
de los fiscales son
mujeres, en áreas como
la ciencia, la medicina
o la educación, la
revista tienen que
evolucionar en esa
dirección. Por eso se
incluyen temas como un
pequeño noticiero de
ciencia y técnica, por
solo poner un ejemplo,
que nunca antes lo tuvo.
Pero que responde a esos
intereses de esa
audiencia.
Por otro lado se trata
de una audiencia
cautiva, pues tampoco
tiene muchas revistas de
este corte para escoger.
Tampoco existe una
revista feminista
especializada. Entonces,
hemos tratado, en 96
páginas, que lo mismo
una académica pueda
encontrar un trabajo de
una gurú del feminismo
en América Latina como
Marta Lamas, o que una
persona encuentre un
consejo sobre la salud
mental. Uno de los temas
que no se encuentra en
otras publicaciones. Hay
muchos temas de salud,
muchos tratados desde el
miedo, que estoy en
contra de abordar la
salud desde el miedo, o
desde la enfermedad.
Entonces, nuestra
revista aborda la salud
mental. Algo muy
necesario en un país
donde la cotidianeidad
es difícil, donde las
mujeres tienen doble y
triple jornada, donde la
convivencia familiar
muchas veces ocurre en
familias extendidas,
entonces las personas
necesitan de
herramientas para
enfrentar todo ese día a
día, con determinada
serenidad. Se trata de
abordajes relativamente
nuevos, pero que
reivindico.
Otro ejemplo de los
aprendizajes que he
tenido en la revista y
que ha sido muy
importante, está en las
muchas veces
vilipendiadas secciones
para el hogar,
enfocarlas primero desde
dos posturas. Una, es
que no se trata de
secciones dirigidas a la
mujer, sino a toda la
familia. Y en segundo
lugar, hacerlo desde una
perspectiva
reivindicadora. Muchas
veces lo considerado
femenino, lo considerado
parte del mundo privado,
ha sido descalificado
por la mirada masculina.
Las recetas de cocina en
un país forman parte,
como la música, como la
poesía, de la cultura de
ese país. Ser cubano es
Lezama, pero es también
un potaje de frijoles
negros. Hacerlo desde
una postura
reivindicadora.
Que sea una cocina
feminista y no femenina
Exactamente, y además,
visto desde la postura
de la cultura. Y por
otra parte, hacerlo
reivindicando también un
periodismo de servicio,
por qué no. El
periodismo, sin dudas,
tiene que ayudar a
explicar la realidad
donde viven las
personas. Tiene que
ayudar a contextualizar
esa realidad, pero
también ayuda a entender
el mundo. Yo digo que
vivir es un hecho
natural, pero que a
vivir también se
aprende, y el periodismo
puede ayudar a las
personas a vivir, puede
acompañarlas en ese
devenir. En el caso
particular de una
revista como la nuestra,
de un país como el
nuestro, en determinado
momento el convertir un
jeans viejo en una
mochila es también una
postura ante el mundo.
Hay una frase que
repites mucho, y ahora
que viene al caso, la
cocina es política
Sí, la cocina es
política; la moda es
política. En un país
como el nuestro es muy
importante destacar que
incluso, a lo mejor no
tienes dinero para
comprar lo que
comprarías, pero es
importante que las
personas se expresen de
la manera en que se
vistan. Eso de ponerte
un accesorio, usar un
bolso de tela, todo eso
va hablando de la gente.
En ese sentido queremos
orientar en esa
dirección, que se vea
como cultura del vestir
y no como moda.
Es el cumpleaños de la
revista Mujeres,
la insignia de la
Editorial de la Mujer.
Pero esa no es la única
publicación, ni la única
línea de trabajo de esa
editora. ¿Qué se hace
ahora mismo, además de
Mujeres?
La Editorial de la Mujer
quiere convertirse en un
espacio donde, desde
diferentes soportes
producidos por la propia
Editorial o en coedición
o colaboraciones con
otras instituciones, las
personas encuentren,
desde una línea que
aborde la teoría de
género hecha en Cuba y
escrita por cubanas y
cubanos, hasta que pueda
encontrar un colección
de libros para niñas y
niños no sexista, o
pueda encontrar estos
materiales para el
hogar, para la familia.
Incluso, encontrar temas
menos abordados ahora
mismo como todo lo que
tiene que ver con la
tercera edad, vital en
una sociedad que va
envejeciendo, o los
temas de la sexualidad.
Todo eso, no solo en los
soportes tradicionales
sino tratando de
incursionar en soportes
nuevos y en la
comunicación más local y
comunitaria.
Ahora mismo estamos
pensando en un proyecto
donde las lectoras y
lectores vengan a la
revista. Donde el
intercambio sea más de
persona a persona y
tratando de satisfacer
necesidades nuevas. En
una sociedad que va
cambiando, donde no
siempre ni la
información ni la
comunicación funcionan
de la mejor manera, ni
con la inmediatez
necesaria, pues pensamos
que podemos
convertirnos, por qué
no, en un centro
generador de acciones
que faciliten la vida de
la comunidad.
En este sentido se está
trabajando ya en un
proyecto, un poco a
largo plazo pero que ya
tiene sus primeras
acciones, dirigido a
trabajar con mujeres que
trabajan o desean
trabajar por cuenta
propia en municipios
como Centro Habana,
Habana Vieja y Cerro.
Tal vez no encuentran
dónde capacitarse, pues
vamos a publicar
manuales donde pueda
encontrarse la
explicación desde cómo
azulejear una cocina
hasta arreglar relojes,
por ejemplo. Por otro
lado, tenemos un trabajo
que se está haciendo con
la Agencia Española de
Cooperación
Internacional para el
Desarrollo (AECID), de
rescate de la memoria de
Mujeres. La Editorial
guarda colecciones de
revistas Romances,
de Vanidades,
desde 1935. Hemos
rescatado el Centro de
Documentación. Para
reivindicar también que
no se puede escribir la
historia de este país
sin consultar esas
publicaciones, porque la
vida cotidiana forma
parte de la cultura.
Como sabes, las
feministas han
reivindicado siempre esa
mirada subjetiva, más
allá de los metarrelatos
históricos. Entonces,
para entender cómo vivía
la familia cubana hay
que leer esas revistas y
sabremos desde qué se
comía, cómo era un
mantel o hasta qué
frases se decían.
También tenemos un
proyecto, con la
colaboración de la
organización vasca
Euskadi–Cuba, que nos ha
dado muchas
satisfacciones. Esa idea
va dirigida a la
creación de productos
comunicativos para
jóvenes y adolescentes,
centrado en temas de
interés como VIH–SIDA,
violencia de género,
entre otros. Hasta ahora
se han hecho almanaques,
forros de libreta y el
colofón será la
realización de varias
fotonovelas con estos
temas. Esto incluye
colaboración de
instructores y
estudiantes de arte,
fotógrafos y otros
colaboradores.
Me llamó la atención que
la primera celebración
del cumpleaños, en el
interior de la revista,
se hizo trabajando, en
dos encuentros con
personal cercano a la
revista, de antes y de
ahora. Después de esas
dos jornadas puedo
hacerte la misma
pregunta de esa
experiencia: ¿Cómo es la
revista que viene?
La revista que viene
tiene desafíos
fundamentales. Por una
parte, convertirse cada
vez más en un ámbito de
diálogo con sus
audiencias. ¿Por qué un
ámbito de diálogo? Pues
porque cada vez más
tienen que estar
presentes los intereses
de lectores y lectoras,
pero desde una reflexión
crítica de los procesos.
En determinados momentos
uno se deja seducir por
las cifras y ese es un
gran riesgo en el caso
de la sociedad cubana.
Hay que ver cuál es el
costo humano que hay
detrás de esas cifras. Y
también hay que ver
cuánto todavía de las
herramientas, de los
mecanismos, de los
valores que se
socializan en el ámbito
cubano, continúan
reproduciendo el
sexismo, el racismo, la
homofobia.
Eso es lo que pienso que
debe ser la revista que
viene. Un espacio de
diálogo sobre esos
temas, que para algunos
continúan siendo temas
menores, secundarios.
Pero su propia
reproducción, utilizando
otros mecanismos 50 años
después, demuestran que
son temas medulares a la
hora de encarar la
construcción de esa
sociedad mejor, más
inclusiva y más
democrática que
perseguimos. |