Entonces, ¿periodismo o
humor gráfico? Le
pregunté a Mercedes
Azcano, directora de la
publicación humorística
Palante, en
cuanto terminamos
nuestra entrevista.
Pocos segundos
detuvieron su última
respuesta: “Denuncia,
informa, fustiga los
males más cotidianos,
defiende la paz y el
humanismo. Lo que
hacemos en la
publicación es
periodismo sin dudas,
solo que con un punto de
vista diferente”.
Es que el periodismo
gráfico, además de la
más establecida
fotografía, también se
materializa en las
líneas de caricaturas,
tiras cómicas o
historietas, que casi
siempre vienen
acompañadas de la
sátira, la crónica
costumbrista o el relato
corto. Expresiones
atractivas de esa rama
de la comunicación poco
recurrentes en Cuba a
pesar de la extensa
tradición iniciada en
1862, cuando el pintor
español Landaluze,
aplatanado en la Isla,
fundó el personaje de
Don Junípero1.
“Hoy la expresión
gráfica necesita más
espacio en los medios de
comunicación en Cuba”,
lamenta Mercedes,
licenciada en periodismo
en la Universidad de La
Habana en el año 1986.
“El círculo de
caricaturistas de la
UPEC (Unión de
Periodistas de Cuba)
debate esa escasez en
las ediciones de
Humoranga, en las
Bienales del Humor, y
cada vez que nos
reunimos en talleres o
conversatorios”, cuenta
esta mujer que lleva ya
tres años al frente de
la única publicación
humorística periódica
del país, y quien vive
convencida de que “a
veces la premura
cotidiana impide que la
gente se dedique a leer
un artículo completo en
un diario, y entonces es
válida la fuerza de la
caricatura editorial. Un
espacio a rescatar
también por los propios
caricaturistas con su
trabajo.”
Las creaciones pueden
llegar a ser verdaderas
estampas de la
idiosincrasia cubana,
más que el reflejo de
una realidad económica o
social determinada.
Pero, a pesar de la
conjugación tan diversa
de estas fórmulas y de
su instalación
centenaria en el país, y
a pesar sobre todo de
que en las carreras
humanísticas de las
Universidades cubanas el
número de mujeres
sobrepasa al de los
hombres, el de estos
dibujantes y redactores
sigue siendo un universo
dominado por firmas
masculinas.
Para la directora de
Palante el
distanciamiento parte de
una errada
generalización,
excluyente del humor
como expresión legítima
de la comunicación, y de
esos mismos espacios
inexistentes en los
medios. Se debe en
primer lugar a que “a
veces las personas no se
toman estos géneros muy
en serio. Piensan que
trabajar este tipo de
periodismo es simple,
sencillo, y prueban
fuerzas en otras
bregas.”
El mayor riesgo de tales
posiciones se descubre
en posibles fracturas en
la continuidad del
oficio. “Nos encantaría
que en Palante
publicaran más jóvenes,
pero además de que no
existe una escuela para
caricaturistas, cuando
vas a las de artes
gráficas, las personas
allí tienen otras
inclinaciones. En todas
las redacciones siempre
debe haber continuidad
generacional, porque por
mucha teoría que se
imparta en las escuelas,
el contacto con las
rutinas productivas es
imprescindible, y más
desde la construcción
del conocimiento, desde
la experiencia de los
otros.”
Las brechas que se abren
como ciclo ante tales
deficiencias son también
una preocupación
personal para Mercedes
Azcano:
“Hoy los muchachos
hablan de tarjetas
coleccionables que nos
son ajenas, mientras en
Cuba tenemos una
atractiva riqueza en la
flora, en la fauna, en
el desarrollo deportivo,
un número importante de
iconos que no hemos
logrado poner en sus
manos a través de esos
mismos recursos
gráficos”. Por eso,
desde su posición, asume
la defensa de tales
espacios: “Palante
se ha caracterizado
siempre por dedicar una
o dos páginas a la
historieta,
representación muy útil
para rescatar la
historia del país y sus
tradiciones, y ahora la
Editorial Pablo ha
publicado algunos libros
de ese tipo. Nuestros
niños agradecen mucho
esos volúmenes, que son
vehículos de enseñanza,
de diversión, elementos
lúdicos con una función
inestimable en la
transmisión de valores.”
De tecnologías y otros
pretextos
Son 100 mil ejemplares
de Palante los
que circulan cada mes
por las calles de Cuba.
Una cifra que explica de
sobra por qué el público
extraña aquellas tiradas
de 250 mil plegables
semanales que, antes de
la década de 1990,
inundaban los
estanquillos con
caricaturas y tiras
cómicas.
Por eso para Azcano es
tan importante que esta
expresión del periodismo
llegue también a los
medios con perfil
editorial general. Ella
se suma a aquellos, no
pocos, que reconocen al
humor como fórmula
imprescindible en la
consolidación de la
identidad nacional,
sobre todo “porque,
cuando se hace con
seriedad, evade el teque,
lo manido, y puede
acudir al ingenio tan
típico de la gente en la
calle. Además, en Cuba
hay un solo periódico
humorístico, Palante,
porque Melaíto es
un suplemento del
periódico Vanguardia
de Villa Clara, y
Dedeté de
Juventud Rebelde,
pero el espacio que
brindan a los creadores
no son suficientes.”
La solución a tal
demanda puede no ser
demasiado complicada,
por cuanto Mercedes
tiene la certeza de que
insertar más periodismo
gráfico en los medios
cubanos “no necesita
tanto de tecnología,
como de humanismo.
Cortar un pedazo a una
caricatura, es mutilar
una obra de arte;
reducirla
arbitrariamente es
distorsionar el mensaje
que presenta. Pero eso
tiene que ver más con la
superación de quienes
laboran en los
departamentos de diseño
y de los propios
directivos de los
medios, que con los
requerimientos
tecnológicos o de
impresión.”
Tres mujeres y un hombre
diseñan y emplanan cada
mes Palante.
Todos tienen décadas de
experiencias en su
labor, que según la
directora, les permiten
“no solo estructurar
armónicamente los
recursos gráficos,
también valorar sus
elementos artísticos y
conservarlos”.
¿Y los códigos visuales
del periodismo gráfico,
e incluso de la sátira?,
inquiero, ¿No cree que
han permanecido
estáticos en los últimos
años? “Creo que han
cambiado aunque no sea
tan perceptible. Solo
que cuando un material
está dirigido a un
público sin
segmentaciones
específicas de edad, sus
códigos tienen que ser
más asequibles, partir
de lo más cotidiano.
Pero, por ejemplo, en el
Dedeté hay
personas que están
trabajando expresiones
más abstractas, algo que
tiene mucho que ver con
el perfil editorial de
la publicación”.
Nicolás Guillén, el
Indio Naborí, Enrique
Núñez Rodríguez, todos,
al menos una vez,
acompañaron la gráfica
de Palante con
sus textos. Grata
presencia, recordada a
raíz del cumpleaños 50
de la publicación el
pasado mes de octubre.
Por eso, por el talento
de otros más asiduos,
como Héctor Zumbado, y
por el regreso del
crítico personaje de
Pepino, de Gerardo
Hernández Nordelo, fue
tan difícil compilar el
volumen Cincuenta sí
cuentan, que tendrá
su primera presentación
el próximo 14 de
diciembre en el Hotel
Inglaterra. Una lista
larga de creaciones
donde confluyen las
expresiones de humor
gráfico y sátira
periodística, en la que
hay que hurgar sin
prisas para encontrar
nombres de mujer.
La cultura de las
contradicciones
“Como en las películas”
se llama esa especie de
crónica costumbrista con
la que he reído tanto.
También está publicada
en Palante y
lleva la firma de Azcano,
quien ha sido ganadora
de varios premios de
narrativa, entre ellos
el de Minicuento El
Dinosaurio. Aunque es
difícil emparentar la
imagen de esta mujer que
habla con dulzura, con
la del verbo agudo que
se muestra entre las
líneas de su trabajo.
Detrás de la carcajada
que provoca su prosa,
dispersa en al menos una
decena más de historias,
se asoman reflexiones
sobre la educación de
los niños y las niñas en
esta era del DVD, sobre
los arcaicos compromisos
sociales, las
preocupaciones por las
apariencias y la
hipocresía. Es que para
ella “hacer periodismo,
sea literario o gráfico,
es fundamental, más para
una mujer, porque sirve
también para defender
criterios, para
enfrentar posiciones
excluyentes”.
Con tal perspectiva
Palante ha abierto
sus páginas más de una
vez a la caricaturista
colombiana Nani,
radicada en España,
quien muestra en su obra
marcado interés por la
representación de la
mujer. “Gentilmente ha
donado tiras suyas a la
publicación, donde
aborda la lucha de la
mujer contra la
violencia, por la
emancipación, por tener
un trato igual en la
sociedad. El periodismo
en todas sus expresiones
permite el enfoque de
género, y el gráfico no
es la excepción”.
Y enseguida cuenta
Mercedes de sus
diálogos, correo
electrónico por medio,
con creadores como Omar
Zevallos, de Perú, o con
Neri Licón, de México.
“Ellos abogan por una
caricatura abierta, que
publique la expresión de
su autor sea cual sea su
ideología, incluso
contra la mujer. Cuando
hablo con ellos defiendo
nuestras posiciones y
siempre les digo que
bastantes medios
excluyentes tiene el
mundo ya, para
desperdiciar las
trincheras que nos
quedan en favor la
equidad entre los
géneros.”
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Kemchs, Mercedes
Azcano y el
caricaturista
peruano Omar
Zevallos |
Una revisión a los
últimos números de
Palante muestra una
selección más cuidada de
estas expresiones.
Cómplice, Mercedes
asegura que “el hecho de
que hace algunos años el
periódico esté dirigido
por mujeres ha
establecido esa
diferencia”. La
diseñadora Miriam
Margarita Alonso es
subdirectora de la
publicación y Yamilka
Nueva, su jefa de
redacción. “Empezamos
una lucha contra los
chistes de mujeres con
senos como balones de
fútbol, contra chistes
machistas que pueden
provocar una risa fácil,
pero no reflexiva. Es
difícil. A veces se dan
lidias pacíficas, pero
con sus beligerancias,
porque para el
caricaturista es raro
que le digas que un
chiste suyo es pedestre
en el tratamiento que
hace de la mujer”.
A pesar de las
contradicciones, Azcano
reconoce en la cultura
la mejor arma para
dirigir a un colectivo,
sea cual sea su
composición: “Cuando
viertes criterio sobre
una obra estética, sobre
una línea, cuando opinas
desde el conocimiento de
los códigos visuales, el
creador se siente
comprendido y sobre todo
respetado, y en mi
experiencia, no importa
si es un hombre o una
mujer quien se lo diga”.
Nota:
1- Sobre Víctor
Patricio de Landaluze,
Richard Neumann
ha escrito: “300
años de arte en
Cuba, La
Habana, 1940,
dedica a
Landaluze un
largo párrafo.
(…) Menciona que
su actuación
como
caricaturista
político le
restó la
simpatía de los
críticos de arte
cubanos pero
acentúa que es
más que amateur
de arte o
notable
caricaturista o
dibujante
humorístico el
primer artista
que captó los
tipos
nacionales...
Dice en resumen
que Landaluze es
más cubano que
Melero y que
Chartrand y
añade que esto
es paradójico si
se consideran
sus tendencias
políticas.” En:
Víctor
Patricio de
Landaluze. Su
obra y su época.
Arquitectura (La
Habana) Año
XVIII, Nº 206,
septiembre de
1950, p.422-427.
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