La Habana. Año X.
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El momento del agua: papeles de civismo

Del fragmento como mirada1

Norberto Codina • La Habana

“Nos falta un fragmento, una ‘cosa’, pero en ese fragmento y en esa cosa están todas las cosas esenciales, verídicas y eternas.”

                             José Lezama Lima Diarios

“…¿hay algo más cercano al Sistema que el Fragmento?”

Cintio Vitier: Lo cubano en la poesía.

 

A propósito del absurdo criollo, es sabido que a lo largo y estrecho de esta Isla hace mucho tiempo Kafka es un escritor costumbrista. Para muchos de nuestros compatriotas, el absurdo lo identificarían con que la doctora Teresa Díaz Canals, profesora en la Universidad de La Habana de “ética y sociología” y gestora de varios títulos sobre esos temas, se empeñe en una cruzada sobre eticidad y civilidad en la Cuba del tercer milenio. Pues la civilidad a veces nos parece algo inalcanzable o inaccesible a nuestro pobre conocimiento humano, como algo divino que genera un nuevo agnocisismo. Con otras claridades, que no se subordinan a ese escepticismo general y lo combaten, la autora nos recuerda que:

La corrupción larvaria, la pobreza miserable y no irradiante, las máscaras, los anónimos, la desidia, la desconcertante vulgaridad… expresan las cosas de la realidad, pero no la realidad de las cosas.

El profesor español Salvador Giner en sus palabras iniciales, nos brinda un resumen del espíritu de estas páginas, eso que Teresa llama con justicia ‘fragmentos de la vida cubana’: 

Su obra se caracteriza, por una reflexión sistemática —a retazos, pero sistemática (…)— sobre el civismo, la civilidad, la buena conducta y la convivencia civilizada. 

En el otro prefacio del libro, Amaury Gutiérrez recuerda la importancia, y en algunos casos el carácter inaugural de los estudios de la autora, en su voluntad de reivindicar “el valor instrumental de la historia para articular una eticidad”. 

Las raíces de esa indagación las podemos hallar en Ese sol del mundo moral, de Cintio Vitier lo cual la lleva a afirmar: 

“Si de algo nos sirve la historia de la patria es para hacerla revivir, a través de la memoria, el legado  ético de los hombres y mujeres que crearon con su vida y su pensamiento la identidad de la nación cubana. […] Toda esa centuria está impregnada no solo de una cultura, de una racionalidad impresionante, sino también de sentimiento que es hoy pilar y orgullo de los que vivimos no solo aferrados al gusto por el casabe y el plátano frito, sino preocupados por el destino de esta isla”2.

(…) El momento del agua: papeles de civismo (2011) viene a cerrar una trilogía iniciada con Ver claro en lo oscuro: el laberinto poético del civismo en Cuba (2004) y continuada en Una profesora que habla sola: enigmas del civismo cubano (2006). 

Estas lecciones, compartidas o no, nos llevan a reflexionar y a valorar en este volumen que   

 …todo o casi todo en la vida es construcción social como componente esencial en la cuestión cívica cubana actual. (…) Las naciones viven de programas contentivos de un mañana en sentido verdadero de futuro, muchos de nosotros seguimos viviendo literalmente del mañana estricto, no más. 

Aquí encontramos también, incluso en los pasajes más ingenuos, subjetivos o anecdóticos, una reflexión sobre las diversas maneras de ver “un auténtico pensamiento ético nacional”. Y cito: 

Un auténtico pensamiento ético nacional no puede resultar abstracto, sino que debe y tiene que ponerse en función de ir resolviendo en la medida de lo posible, los problemas que nuestro tiempo tiene, en todos los órdenes, planteados.

(…) lo que habla Platón referido al pensamiento como algo solitario, siempre surgiendo y renovándose.

El civismo —en tanto “cultura pública de la convivencia” (…) necesita repensarse en Cuba. 

En ese “repensarse” se debería trabajar, no a golpe de voluntarismo, y sí de manera inteligente y enérgica para satisfacer las necesidades de todos los conciudadanos, creando más allá de normativas retóricas, lo que podría ser calificado como los "valores" indispensables de la existencia. 

Apostar por la reestructuración de las relaciones humanas, frente a la demoledora verdad en la sociedad actual que es la pérdida de valores. No debemos situarnos, ni compadecernos, en una posición periférica, pues, en un mundo de intercambios donde predominan el discurso hegemónico, la manipulación de los grandes medios y la pandemia de la desigualdad económica (la peor de las desigualdades), la globalización no es solo esta visión tridimensional de la realidad que nos implica, sino también el intercambio de ideas y la confrontación de las sociedades emergentes con los polos hegemónicos.  

Vemos la necesidad y la urgencia de transformación de nuestras normas de convivencia que proclaman la prensa y la propaganda de los medios y las instituciones, pero esa urgencia exige que vayamos más allá de la retórica y del voluntarismo al uso, que tanto han fracasado. 

Deseo detenerme en un prisma de este volumen que me es muy cercano: la poesía. Ya sea en las citas que comienzan los capítulos, o en las referencias en el cuerpo del texto, se constituyen en vasos comunicantes de las ideas que desarrolla la ensayista. Por ejemplo, el poema “Tabaquería”, de ese escritor solitario y atormentado que fue Fernando Pessoa (él mismo el primero de sus heterónimos), encierra muchas de la claves de la convivencia, cuando angustia y esperanza son dos palabras desencadenantes en esta forja común del civismo.  

Traigo a colación otra de las escritoras muy mencionada y admirada por la autora, pues me gusta compartir aquello que María Zambrano llamó “sentir el tiempo correr hacia atrás como en un desnacer”; los que nos enseña, ahora parafraseando a la Zambrano “a morar en la poesía”. Esa es otra de las lecciones de este volumen, el enlace orgánico entre eticidad y poesía, demostrando que para el hecho más cotidiano, y aparentemente “pedestre”, la poesía puede ser algo que nos ilumine. Sin misticismos, a los que no soy afín, pero si con la extraña virtud de desentrañar lo infinito del ser humano.

Hay lecturas paralelas, a partir de autores universales, como puede provocar por ejemplo Rilke: 

¡Oh nostalgia de los lugares que no fueron

bastante amados en esa hora pasajera!

¡Cuánto quisiera devolverles de lejos

el gesto olvidado, el acto suplementario! 

Lo cual se traduce, entre otras posibles acepciones, en “seguir la expansión de su espacio íntimo (…) Siempre se escapa encontrar lo invisible de la vida cotidiana”. 

En lo que sería una declaración de fe, Díaz Canals nos recuerda: “La verdadera legitimidad del comprometimiento de cualquier intelectual es implicar su saber”. 

Y convoca a José Lezama Lima, cuando este escribe de ayudar “a penetrar en las regiones más oscuras, *allí donde la yesca se acompaña con una maldición*”

Discrepo con Teresa cuando sentencia “Solo en cuanto diálogo la palabra es esencial.” En estas páginas se contradice, pues he sentido en su libro como un viaje al interior, un provocador monólogo de donde pueden surgir lecturas dialogantes u otros  soliloquios esenciales. Y la palabra, sola, que puede ser a veces más esencial que un parlamento. 

La poesía, que como alguien dijo y suscribo en ocasiones es “la plegaria de los ateos”, pues no dejamos de ser creyentes al asumir en el misterio infinito de la vida, el acto de crear, en esa propuesta esencial de soliloquio, diálogo y eco, que integran una tangible trinidad. 

Hay una sentencia de Federico Engels en sus cartas a Bloch que siempre he recordado: “La tradición es un duende que merodea en la cabeza de los hombres”. Tal vez rescatar en la tradición, entre otras muchas cosas, aquella asignatura de mi primera escuela que fue “Moral y cívica”, o la muletilla radial del comediante que personificaba al negro Bartolo: “La educación es lo más bonito que hay en la vida”. Porque la virtud del respeto no es una intención, es un ejercicio, una práctica, un cultivo. 

Final.

En la dedicatoria a este libro, la autora incluye otra declaración de fe: “A  los cubanos con anhelos de futuro”. Y en los varios agradecimientos una línea que me es cercana, cuando menciona a una amiga venezolana, “la del río Caroní y el parque La Llovizna”.  

Recuerdo nítidamente, en ese viaje a la semilla que ha sido siempre para mí “el retorno al país natal”; remontando la Gran Sabana venezolana, el cruce del Caroní con el Orinoco, las aguas negras y las aguas rojas, y la belleza terrenal de La Llovizna, emula de cualquier paraíso imaginario. Allí el hombre se encuentra, como en otros sitios naturales, consigo mismo y sus orígenes, en esos “pasos perdidos” carpenterianos que encuentran eco en todo esfuerzo del ser humano por conocerse mejor.  

Libros como este, que tienen la voluntad, o por lo menos la intención, de que nos conozcamos mejor, son cada vez más necesarios, y amén de posibles discrepancias y diferencias, se agradecen. Estoy pensando en los otros títulos de Teresa, o en antecedentes como el imprescindible de Vitier ya citado, o el de Guillermo Rodríguez Rivera. Por los caminos de la mar. Nosotros los cubanos (por cierto, según recuerdo, una variante del título original que le sugiriera Cintio)   

Para finalizar, por aquello del tan traído intrusismo profesional, pensé que mi recelo a la incursión en estos temas podría quedar aclarada en una cita de la autora: “Es una trampa estar en un lugar que no es el tuyo”. Pero, entre otras virtudes, esta lectura nos reafirma en el convencimiento de todo lo que nos implica. 

Por eso, para mis elementales argumentos y su posible recepción, solo aspiro que sean lo que se resume en una cita de Fina García Marruz, como otras tan oportunamente hilvanadas en este libro:

Unas pocas palabras verdaderas, nada más

                    

El Vedado, diciembre de 2011.


Notas:

1. Presentación del libro de ensayos de Teresa Díaz Canals, El momento del agua: papeles de civismo. (Centro Félix Varela, La Habana, 2011),

2. Díaz Canals, Teresa. Moral y sociedad: una intelección de la moral en la primera mitad del siglo XIX cubano. Publicaciones Acuario, La Habana, 2002. p. 11.
 
 
 
 
   
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