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Una cubanita que nació
con el siglo… Este
calificativo resume la
vida y obra de la
periodista cubana Renée
Méndez Capote, que se
supo siempre trasgresora
como el camino abierto
en el inicio de una
nueva centuria. Más
conocida por su
literatura infantil, la
emblemática intelectual
destacó dentro del
movimiento de mujeres de
su época por sus ideas
liberadoras.
Bajo su firma o los
pseudónimo de Suzanne,
Berenguela e Io-san,
Méndez irrumpió desde la
juventud en el masculino
mundo del periodismo,
donde dejó una estela de
afilado humor y
atrevimiento en sus
crónicas. En este género
de especial talento y
sensibilidad, legó sus
mejores piezas
periodísticas y la
memoria del pulso de su
tiempo.
Para el rescate de la
tradición femenina en la
prensa cubana, el nombre
de Renée Méndez Capote
resulta ineludible. El
asomo en su prosa
garantiza conocer otras
formas de escribir para
el día a día, incluso,
cómo muchos textos que
parecen morir con el
alba continúan frescos
durante el paso del
tiempo.
Derechos de mujer
Reconocida en su época
por su militancia
comunista, Renée también
mostró un pensamiento
feminista, distintivo
por su sentido de
inclusión de la
diversidad que
identifica a la
nacionalidad cubana.
Junto con la periodista
Berta Arocena fundó la
organización femenina
Lyceum y Lawn Tennis
Club de La Habana, que
aspiraba a impulsar el
desarrollo cultural y
social de la época. Más
tarde, la rebelde joven
fue expulsada de su
membresía, después que
defendiera el derecho de
las mujeres negras a
integrar la mencionada
institución.
Tras la aprobación en
Cuba del divorcio en
1918, Renée figuró entre
las primeras damas en
acogerse a esta
posibilidad, alcanzada
por el empuje del
feminismo en la isla
caribeña. Rompió el
vínculo de su primer
matrimonio con un
acaudalado burgués y
reafirmó así sus
creencias en el pleno
ejercicio del derecho
sobre su cuerpo de las
mujeres.
A pesar de que su
familia se regía por los
principios patriarcales,
la audaz intelectual
confesó en una
entrevista publicada en
el libro Quiénes
escriben en Cuba que
su padre alentaba en
todos sus hijos seguir
tendencias
revolucionarias. Además,
en el seno de su
familia, siempre contó
con total libertad para
expresar las
particularidades de su
personalidad.
En su obra literaria y
periodística, en
especial en textos
testimoniales donde
narró la Cuba del siglo
que te tocó vivir,
reivindicó la impronta
de mujeres en el devenir
nacional como a la
patriota puertorriqueña
Lola Rodríguez de Tió,
la mambisa América
Arias, la educadora
Ángela Landa, la
pianista Luisa Chartrand
y la investigadora
Calixta Guiteras, entre
otras. También figuró
entres las fundadoras de
la Federación de Mujeres
Cubanas.
Raíces
Las historias de
mambises y el orgullo de
sentirse parte de una
familia insurrecta marcó
la vida de Renée, nacida
en La Habana el 12 de
noviembre de 1901, del
matrimonio entre Domingo
Méndez Capote y María
Chaple y Suárez. Una
tradición patriótica le
antecedía, ya que su
progenitor fue
vicepresidente de la
República de Cuba en
Armas durante la guerra
de liberación nacional
de 1895.
Cultivada con una
educación exquisita, ya
desde 1917 la joven con
inclinaciones hacia las
artes y el deporte
publicó su artículo
novel, titulado “El
primer baile”, en la
revista de antiguos
alumnos del colegio La
Salle.
Entonces, comenzó su
tránsito en el mundo de
las letras, en especial,
de la información de
actualidad. En 1918 creó
y dirigió junto con su
hermana Sara, la revista
Artes y Letras.
En ese momento, contaba
solo 17 años de edad.
Su firma permanece en
diversas publicaciones
impresas, antes y
después de 1959, como
El Diario de la Marina,
El País,
Grafos, Social,
Bohemia,
Mañana, El Mundo,
La Gaceta de Cuba,
Unión, Verde
Olivo, Mujeres,
Revolución y Cultura,
Cine Cubano,
Actas del Folklore,
Correo Musical,
Surco,
Juventud Rebelde y
Pionero. Además,
entre 1943 y 1946 laboró
como guionista de la
emisora CMZ.
Promotora cultural,
editora, investigadora,
diplomática, directiva y
traductora estuvieron
entre las multifacéticas
profesiones y cargos que
desempeñó en su carrera
profesional. Desde 1963
hasta 1964, fungió como
directora de la Revista
de la Biblioteca
Nacional José Martí.
Luego se vinculó a la
Editora Nacional de
Cuba, específicamente a
la Editora Juvenil, e
integró el grupo de
trabajo que creó el
actual sistema editorial
cubano.
Sin embargo, decir su
nombre remite —y lo hará
por siempre— a uno de
sus libros más
significativos y
preciados: Memorias
de una cubanita que
nació con el siglo,
donde desbordó su
personalidad jovial y
espontánea al
testimoniar el convulso
y revolucionario siglo
XX. |