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A los Trabajos de
Diploma del Instituto
Superior de Arte que
analicé en la entrega
anterior, se sumaron
otros tres, todos
discutidos en la
Facultad de Arte Teatral
a fines de este
noviembre.
El impetuoso y
apasionado actor que es
Maykel Chávez, también
autor de numerosas
piezas destinadas a
niños y jóvenes, se
concentró en la
experiencia rendida por
Pálpito, el grupo donde
se ha formado como
creador. Desde adentro,
Chávez busca líneas de
continuidad en la
trayectoria del
destacado colectivo
dirigido por Ariel Bouza,
deteniéndose en su
proceder dramatúrgico y
el papel del actor como
claves de su estética.
Tendrá importancia
integrar esa mirada a la
del resto de la
agrupación con el ánimo
de hacerla más profunda
en la medida que se hace
colectiva. Servir de
estímulo, pero a su vez
de reflexión, a la labor
de Pálpito puede ser el
más duradero de sus
aportes.
Mientras, Lázaro del
Risco se vuelca sobre su
propio territorio en
“Los procesos creativos
de los colectivos
dramáticos de Las Tunas
en el período
1990-1999”. El joven
director, en formación,
sistematiza un primer
acercamiento a una
historia nunca antes
contada de esta manera,
a pesar de los esfuerzos
en esa misma dirección
del especialista Alberto
Estrada, quien ha
formalizado un valioso
material sobre el curso
del teatro tunero. Sin
embargo, a Del Risco le
interesa más una
perspectiva sobre el
pasado inmediato que
todavía gravita en torno
al quehacer actual del
arte teatral en Las
Tunas. Y si bien este
pedazo de tierra
oriental nunca ha
sobresalido en el
universo de las artes
escénicas, es
significativo atesorar
antecedentes, bríos y
resultados ocurridos
allí. También aprender
de errores y
limitaciones, mejor hoy
cuando el panorama
tunero, aun con muchos
corolarios que entregar,
dista bastante del
período estudiado por
Lázaro. Y, sobre todo,
por el arraigo y la
hondura de conocimiento
histórico, teórico y
práctico que este
diploma le rinde a su
autor en torno al
quehacer propio.
Por último, Carlos
Sarmiento con “El largo
viaje hacia la verdad”
busca ahondar en la
comprensión sobre el
arte del actor. Es un
viaje para sí, en su
condición de actor y
director en ciernes,
pero que salta al pasado
para aprehender.
Sarmiento realizó una
acuciosa investigación,
certeramente guiada por
Esther Suárez Durán,
sobre la introducción
del sistema de
Stanislavski en nuestro
país que derivó en un
detallado análisis de la
evolución del proceso
pedagógico a lo largo de
los 40 y los 50. Donde
muchos críticos y
especialistas hemos
resuelto con unos
párrafos, el diplomante
se detiene en las
caracterizaciones de
cada jalón pedagógico
con detallados análisis
de las estructuras
externas de las escuelas
y los sistemas seguidos
por sus principales
profesores. Francisco
Morín y su paradójica
relación con
Stanislavski, Andrés
Castro, Adela Escartín,
Irma de la Vega, Adolfo
de Luis, entre otros,
desfilan ante nosotros
con sus concepciones e
interpretaciones del
método o sistema, que el
diplomante logra
relacionar con los
precedentes de sus
respectivos
aprendizajes, sea en
EE.UU. o con Seki Sano,
en México. En este
sentido, Carlos aporta
una suerte de árbol
genealógico que no creo
estuviera establecido en
esa magnitud, en la
teatrología cubana. Así
llega hasta Vicente
Revuelta, a quien toma
como una figura capaz de
beber de esa incipiente,
pero importante
tradición en la que se
formó e introducir en
ella los cambios que
permitieron que saltara
a la contemporaneidad,
término que prefiero al
de modernidad, usado por
Carlos, porque la
modernidad había sido
perseguida y hasta
encontrada, justamente,
en el período
precedente. Sarmiento
dirige todo sus afanes
investigativos a
demostrar cómo el
montaje por Revuelta, en
1958, de Largo viaje
de un día hacia la noche,
de Eugene O’Neill, y el
proceso de estudio que
lo antecedió,
constituyen, también en
el sentido de la
apropiación cubana de
los cenitales aportes a
la técnica y la ética
del actor por parte del
gran maestro ruso, un
hecho esencial.
Ahora resta que, por
distintas vías, este
aviso que formulo por
mis “Intersecciones”,
encuentre vías de
divulgación a través de
revistas y libros en
papel y virtuales.
Valdrá la pena conocer
los hallazgos de
nuestros más recientes
teatrólogos.
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