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El debut en la dirección de Esteban
Insausti (autor del
tercer cuento de Tres
veces dos, y del
documental Existen)
fue exhibido en el
capitalino cine Charles
Chaplin del 17 al 21. A
partir del 22, Larga
distancia estará en
varias provincias de la
Isla. Con las
actuaciones protagónicas
de Zulema Clares
Hernández y Alexis Díaz
de Villegas, el filme
también incluye en su
nómina actoral a Coralia
Veloz, Verónica Lynn,
Miriam Socarrás y Ania
Bu.
Comercializada recientemente en los
EE.UU. y Canadá,
Larga distancia fue
estrenada en el
penúltimo Festival
Internacional del Nuevo
Cine Latinoamericano, y
luego fue exhibida
internacionalmente con
carácter exclusivo en el
New York Festival Film
Society del Lincoln
Center (New Directors).
Más tarde, fue
distribuida en
Norteamérica a través de
un programa del Museo de
Arte Moderno de Nueva
York para promover la
obra de noveles y
talentosos cineastas de
la región. También fue
aclamada en su
trayectoria por
universidades
estadounidenses de elite
como las del Harvard
Film Institute, Yale
University, Chicago
University y, la más
antigua, The College of
William and Mary y
alcanzó el premio
especial del jurado del
New England Festival of
Ibero American Cinema,
en EE.UU. Pero en Cuba
no se había exhibido con
amplitud. Ahora ha
llegado su momento.
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Catalogado entre los más
prometedores autores del
cine cubano cuando nos
atrapó el virtuosismo
formal de “Luz roja”,
tercera historia en
Tres veces dos
(2004), y luego
comprendimos que se
afiliaba resueltamente a
un cine anticonformista,
en cuanto a la expresión
y al concepto, a partir
de documentales tan
heterodoxos como
Las manos y el ángel
(2002) o
Existen
(2005), nadie se
sorprendió con la
complejidad formal, o
más bien narrativa, de
Larga distancia,
y su ficción quebrada,
circular; el palimpsesto
genérico (melodrama,
documental, cine
encuesta, tragedia,
drama filosófico y
coral); los saltos en el
punto de vista
narrativo, y la casi
constante ruptura de la
unidad espacio-temporal.
Alejandro Pérez en la fotografía de
llamativas angulaciones
y rebuscados encuadres;
el vivacísimo montaje de
Angélica Salvador; la
palpitante y comedida
música de X Alfonso; y
la gloriosa dirección de
arte dispuesta por Alain
Ortiz, en una gama de
colores muy
contrastados,
contienden, con denuedo,
por conferirle poder
dramático y entidad a la
inmensidad de cosas que
nos muestran y cuentan.
Desde los primeros
planos se nos habla de
un tiempo (los primeros
años 90, la crisis de
los balseros, el momento
más cruento del período
especial) evocado desde
un presente de planicie,
aburrimiento, soledad y
frustración, por el
personaje principal,
Ana, el más enigmático
de los cuatro
principales.
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Como se ha comentado muchas veces, a
lo largo de la
prolongada espera que
antecedió al estreno de
Larga distancia, la
película está
protagonizada por Ana,
una mujer que vive en un
suntuoso apartamento,
sola; está de cumpleaños
y decide invitar a
algunos amigos, íntimos
en otra época, a quienes
no ve desde hace 15
años. Después que se
establece esta premisa,
el resto del filme
transcurre, mayormente,
en esa tertulia de
repaso y puesta al día
entre los cuatro amigos
que rememoran momentos
juntos; lo que pasó
después de que dejaron
de verse; lo que le
ocurrió al techo
desmoronado y a la
abuela de Carlos, el
músico; al padre
alcohólico, nostálgico,
y a la hija a punto de
emigrar, de Ricardo, el
negro santero; a la
madre rusa y al padre
abusador y ausente de
Bárbara, la puta más
sexy de La Habana y la
otra mujer en el
cuarteto de
protagonistas. Porque
Larga distancia
integra sus grandes
temas (los costados de
la migración, la soledad
y el naufragio a que te
arriesgas, incluso
quedándote) en los
trágicos dilemas
filiales de los amigos
de Ana, quienes relatan,
o tal vez rememoran y
nos muestran, momentos
de enfebrecida
desgarradura.
Según asegura Yirmara Torres en el
blog http://pedazodecuba.blogspot.com
se trata de una película
“llena de simbolismos,
que habla de la
emigración y sus causas,
del desarraigo y del
patriotismo. Es un
resumen de la historia
de los que se fueron y
los que se quedaron. De
las paradojas que
vivimos a diario en este
país, de la pérdida de
valores y de los que
subsisten. Una película
de la gente que sigue
amando a Cuba a pesar de
los golpes. La historia
del encuentro imaginario
después de 20 años de
cuatro amigos que
juraron no separarse en
su adolescencia, justo
el día del cumpleaños 35
de Ana sirve de
argumento para develar
qué ha sido de sus vidas
en ese tiempo. Esto
acompañado de las
introspecciones de la
protagonista,
descargadas en el
diario, que se erige
como otro hilo conductor
de la historia. Larga
distancia cuenta así
la historia de una
generación que le tocó
crecer y hacerse adulta
en el período especial.
Una generación cuyos
sueños quedaron truncos
porque había que
sobrevivir, pero todavía
sigue luchando por
ellos. Una generación
que se debate entre irse
o quedarse, porque las
dos opciones tienen
igual sus pros y sus
contras. Una generación
de amigos separados,
cada uno con su
realidad; de gente que
no ha perdido su
esencia. Larga
distancia es una
sensibilísima historia
que habla, en síntesis,
de ser cubano a pesar y
gracias a todo”.
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Según el comentario de
Antonio Enrique González
Rojas, que publica
http://cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com
“a
pesar de las imágenes de
balseros cubanos
intercaladas en sus
créditos iniciales,
Larga distancia
aparenta ser una obra
más sobre la
middle age
crisis; intimista velada
de cuatro amigos
treintones, asaeteadas
sus espaldas por
frustraciones y
carencias afectivas,
atormentados por sueños
juveniles incumplidos y
sobreabundancias grasas,
pero en migrante clave
cubana: adicionadas al
panorama las tormentas
del desarraigo, la
soledad y la nostalgia.
(…) En correspondencia
con el obrar anterior de
Insausti, caracterizado
por meticulosa estética,
generadora de ambientes
opresivos hasta la
desesperanza absoluta, o
impersonales hasta la
más alienada
inhumanidad, Larga
distancia luce
impecable composición de
atmósferas, cuya
presencia casi
protagónica en la cinta
va más allá del mero
escenario, deviniendo
estos gélidos retablos y
ajadas covachas,
equivalentes especulares
de las tormentas
espirituales de los
protagonistas”.
Larga distancia
contiene material
suficiente para cuatro
largometrajes y tres
documentales, pero a los
críticos nos duele
reprochar tanto el
exceso conceptista, como
el formalismo flagrante.
Es que estamos muy
precisados de películas
diferentes y ambiciosas,
dos características que
regala
Larga distancia
a secuencias llenas.
Además, la producción
reciente de los
cineastas más jóvenes,
reconozcámoslo, a veces
se pierde en las curvas
del desaliño y la falta
de profesionalidad, o
languidece por falta de
ideas con verdadera
profundidad emotiva y
estética.
Cuando se ha referido a sus
proyectos más
inmediatos, Esteban
Insausti asegura que su
segundo largometraje se
titulará
Vacío,
y volverá a indagar
sobre el tema de la
nación y la identidad.
Quedamos en la espera
que ojalá no sea tan
larga como la que
antecedió al estreno de
Larga distancia.
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